Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 43

—¿Qué es… esto? —fue lo único que pude articular cuando me enfrenté a la pila de libros que Sylion había sacado de su arete.

—Son los libros que te prometí ayer —respondió Sylion con una sonrisa inocente, para luego proceder a bromear conmigo—. Acaso olvidaste tan pronto mi promesa Aeliana. Eso me rompería el corazón.

—No, no lo he olvidado. Es solo que… —comenté mientras buscaba una forma de expresar mi desconcierto de una manera que no fuera ofensiva—. La diversidad de temas que veo ha superado por completo mis expectativas.

—Me alegro que te sorprendas. Muchos de estos libros los había comprado para los jóvenes de nuestra raza y creo que son una buena elección para que puedan comprender de manera sencilla nuestra cultura —dijo Sylion, inconsciente de mi indirecta.

Yo solo pude observar anonadada los absurdos títulos que tenían algunos de estos libros. No parecía que quisiera estafarme con ellos, pues pude vislumbrar que algunos, basándome en sus nombres, cumplían los requisitos que le había pedido, sin embargo, otros… dejaban mucho que desear.

Nuros que hasta ahora solo se había limitado a observar con curiosidad la montaña de libros, tomó uno de esos libros cuestionables y leyó su título en voz alta:

—El séptimo maestro basura de la familia del conde es un genio que no conoce cuellos de botellas… ese es un título muy largo para un libro —comentó con cierta duda—. ¿Es divertido?

—No lo sé. Yo no lo he leído —explicó Sylion con cierta vergüenza por no poder responderle con presición—. Solo lo compré porque el comerciarte me juró que era muy popular entre los jóvenes y quería llevar un regalo a los niños de mi clan.

—Vaya, debes querer mucho a esos niños, si estás dispuesto a gastar tanto dinero en ellos —comenté mientras observaba la gran cantidad de libros que se encontraba en la mesa.

Él, solo me miró con una expresión de confusión por mi comentario y me respondió:

—Para nada. Son muy baratos y se puede comprar en lotes.

Ese comentario hizo que le lanzara una mirada de sospecha, pues dudaba de la calidad de un libro hecho a mano y que fuera “barato”.

Aun así no dije nada por cortesía y me limité a hojear por curiosidad uno de esos libros con títulos absurdos, pues quería verificar si eran tan absurdos como aquellos que leí en mi vida anterior con un nombre similar.

El libro que abrí tenía por nombre “El duque solo mima hasta los cielos a la concubina ordinaria”, el cual, pensaba leer solo su inicio y final para hacerme una idea en concreta de lo que me esperaba, no obstante mis planes se fueron a la basura cuando puse mis ojos en la primera línea de la historia.

El libro estaba impreso.

Una hazaña que no pude lograr incluso con el apoyo de todos los artesanos de mi familia.

No era porque me faltara el conocimiento suficiente para construir una imprenta desde cero pues poseía los conceptos básicos sobre su funcionamiento, gracias a que uno de los proyectos de ciencias de mi grupo de estudiante, tenía algo que ver con ese dispositivo, por lo que aprendí muchas cosas de esta cuando los ayudaba armar su stand.

Además contaba con ayuda profesional, por lo que me fue fácil crear una máquina de imprenta para poder cumplir mis sueños de producir libros en masa.

Pero todo se derrumbó cuando, a pesar de todos nuestros esfuerzos la imprenta no grababa las palabras que queríamos por más que lo intentáramos.

Si la causa de su mal funcionamiento fuera algún error técnico de la máquina, yo jamás me habría rendido en su elaboración y seguiría intentando otras alternativas con los artesanos hasta lograr su éxito.

Era una lástima que esa no era la principal causa de su inacción.

La razón por la que no funcionaba la imprenta era por una extraña regla de prohibición de conocimiento que se regía en este mundo, la cual, hacía que las personas con poder insuficiente no pudieran memorizar, leer y escribir los conocimientos de más “alto nivel”.

Una regla que había amores y odios intensos entre la comunidad extraordinaria.

Solo después de varios intentos y una consulta a mi abuelo, nos enteramos de que, esta regla por algún capricho de Lerum, se distorsionaba e impedía que fuera posible imprimir palabra alguna, por más común que fuera el conocimiento que se quisiera replicar.

Al final, tuve que dar por terminado el experimento con una nota amarga, pues la conclusión a la que llegamos todos era que sería imposible hacerla funcionar a menos que encontremos la debilidad de esa prohibición mutada.

Algo muy difícil de deducir.

Sin embargo, esa conclusión estaba siendo anulada justo frente a mis ojos con ese libro cuyo título dejaba mucho que desear.

—Este libro… —dije con la voz teñida de una fuerte emoción.

—¿Pasa algo con ese libro? —preguntó Sylion mientras me observaba con atención, la tensión en sus labios me daba a entender que estaba muy preocupado por mi extraña reacción.

Y lo entendía en cierto modo, yo misma no comprendía con exactitud lo que sentía en ese instante.

—Está impreso —fue lo único que pude decir, después de desistir en comprender mis avalancha de emociones.



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En el texto hay: elfos, dragones y magia, aventura fantasia

Editado: 16.10.2026

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