El lugar era estrecho y había varias personas en su interior. Pase por entre las mesas con algo de temor de chocarlas con mis caderas. Afortunadamente no fue así. Encontramos una mesa vacía que se acababa de desocupar y nos sentamos. No falto mucho para que uno de los mozos se acercara a nuestra mesa.
— Buenas noches, ¿ya saben qué van a ordenar o prefieren la carta?- Preguntó con su libreta lista para apuntar.
— Carta.- dijo simplemente mi jefe mientras se quitaba el saco, ya que el ambiente estaba climatizado. Yo hice lo mismo aunque dejándome el sweater para cubrir la barriga. En seguida el mozo saco de debajo de su brazo dos planchas de papel plastificado con las comidas y los precios, los apoyo frente nuestro y se marchó a otra mesa dándonos tiempo a elegir. Me apresuré a tomar la carta y observé que los precios eran bastante accesibles, aunque no había muchas variedades de cosas.- Las papas son muy buenas.- dijo a modo de sugerencia mi jefe, tal vez porque me demoraba. En efecto, la imagen de unas papas fritas bañadas en cheddar, tocino y cebolla de verdeo era muy tentadora.
— Entonces podríamos elegir esas.- acepte su sugerencia.
— ¿Ya tienes lo que vas a beber?- preguntó.
— Claro, ¿no venimos por cervezas?- él sonrió de lado y alzo la mano para llamar al mesero, este no tardo en venir.
— Dos cervezas y una bandeja de papas por favor,- pidió él.
— En seguida.
Mientras el empleado buscaba nuestra orden el señor Da silva arremetió con una pregunta.
— Bueno cuéntame de ti.- decretó mientras comía maní salado, un aperitivo que estaba en la mesa junto a las servilletas.- Mi vida no es tan interesante así que cuéntame mejor que haces tú fuera del trabajo.
— ¿Yo? - empecé a sudar frio, pero traté de no dejar de sonreír. ¿Hasta qué punto se puede ser natural con tu jefe en frente?- No mucho, Voy de casa al trabajo y del trabajo a casa…
— ¿No haces ninguna actividad fuera del trabajo?- ¿se referirá a deporte? ¿Acaso me dará un consejo de que debo cuidar más de mi cuerpo? Luego recordé lo de esta mañana en el ascensor. No… el señor Da silva no es así.
— La verdad que no, lo único que hago al llegar a casa es jugar con el señor bigotes.- al oírme decir eso alzo la vista de inmediato.
— ¿señor bigotes?
— Ah, lo siento, es mi gato. Lo llame así porque tiene una mancha negra bajo la nariz que parece un bigote mostacho ja ja ja.- Tome rápidamente mi teléfono y comencé a buscarlas,- Tengo prácticamente la galería llena de sus fotos.- elijo una en la que está de frente y se lo ve bien y le muestro la pantalla, el rostro del señor Da silva se ablandó, finalmente se le escapa una sonrisa.
— Se ve adorable.
— Si lo parece, ¡pero tiene mucho carácter!
Comencé a contarle de todo sobre el Señor Bigotes, cómo lo rescate de la calle, su hábito de dormir en lugares inoportunos y su mal genio cuando lo acaricio de improviso. Él me escuchaba con total atención. Confesó que también le gustaban los gatos pero que tuvo una experiencia traumática recientemente. Me dijo que hace unos meses había fallecido un gato viejo que lo había acompañado desde que se fue a vivir solo, había sufrido mucho con un cáncer de piel, paso por varias operaciones y finalmente tuvo que sacrificarlo para evitarle mayor sufrimiento. Desde ese momento no ha querido volver a tener mascotas. Sin darnos cuenta del tiempo el mesero trajo las cervezas y en seguida las papas junto a los cubiertos. La charla mutó a temas más simpáticos cuando le pregunte por su relación con el señor Pagano, él me conto sobre lo, en palabras de él: “insoportable” que era Ricardo y como lo obligaba prácticamente a hablar con todo mundo. Por lo que cuenta siempre fue así de serio y reservado, pero en compañía de su amigo logro relacionarse con mucha gente y tener una adolescencia normal con muchas anécdotas que contar.
Estábamos muy a gusto.
— No sé porque siempre estoy rodeado de gente ruidosa… - Comenta tomándose la cabeza, se me escapo una risita al verlo quejarse así.
— Es más divertido así ¿No?
— Prefiero a la gente tranquila, como tu.- Declaro mientras daba otro sorbo de cerveza.- Por eso me gusta trabajar contigo.- Me sentí alagada con ese comentario y hasta creo que me sonrojé, porque empecé a sentir calor en la cara. Baje la vista para disimularlo y conteste.
— Gracias señor, a mí también me gusta trabajar con usted.
— ¿Segura? Cualquiera diría que soy un fastidio y no doy mucho margen para distender a mis empleados.
— Bueno, eso es cierto.- reconozco entre risas. -También le cuesta socializar con los demás de la oficina… pero yo creo que usted es un buen jefe.- dije con sinceridad.- Es verdad que es estricto, pero también amable y responsable. –le di un trago mas a mi jarra de cerveza y continué diciendo.- Sin embargo es muy descuidado, eso no es bueno…
— ¿A qué te refieres?- dijo sin entender a lo que me refería.
— Usted se preocupa mucho por los demás, pero nunca se preocupa por usted señor Da silva.- dije con enojo golpeando la jarra contra la mesa, quizá con más fuerza de lo que hubiera querido, haciendo que abra los ojos más de la cuenta y cambiara su semblante serio por uno de sorpresa. – No puede vivir comiendo esa comida chatarra siempre.
— Tiene suficientes calorías para mantenerme funcionando. – Comenta mirando hacia otro lado, en un vano intento por justificarse.
— No es comida de verdad. Necesita tener todos los grupos de nutrientes y la mayoría del plato estar ocupado por verduras… ¿acaso nunca fue a un nutricionista?
— No la verdad que no.
— ¿No se hace estudios regularmente?- Hace memoria unos momentos.
— La última vez creo que fue cuando empecé a trabajar en la empresa, hace ya unos años.- Consternada lleve la mano a la frente.
— ¡Dios, usted no puede ser tan descuidado son su salud!- la cerveza había comenzado a soltarme la lengua pero ya no era capaz de dominarme.- ¿y su familia? ¿No le dicen nada?
Editado: 16.04.2020