RUSO
Cuando la señorita Sallow entró al lugar, no me fijé en su cuerpo, como mi hermano menor me ha comentado.
Observé su rostro, llevaba su cabello rojizo amarrado en un moño elegante, aunque se le soltaron dos mechones al frente, haciendo que se vea más natural, más casual, sus colochos estaban hermosamente definidos. Llevaba los labios pintados con un labial rojo carmín, un poco de rubor y en los ojos unas sombras rosa suave. Llevaba maquillaje puesto pero no era pesado, sino lo suficiente.
Llevaba la mirada alta y firme, me dio a entender que no era una mujer cualquiera, eso me agradaba.
Cuando vi sus ojos viéndome, se me olvidó respirar, eran hermosos, como si observara una obra de arte única, uno era café, aunque tenía esas matices verdes en el fondo del ojos, el otro era de un verde tan claro, tan hermoso.
No podía quitarle la mirada de encima, mi hermano se había dado cuenta me dio un codazo en el abdomen.
–Hermosa, ¿No?. –dice con ironía–. Aparte mírale ese cuerpo –hace un gesto con sus manos, delineando cada curva de su cuerpo.
Mis ojos llegarón a rodear ante su interpretación, es un sinvergüenza, él cual no llega a tener algo de dignidad en una reunión tan importante.
Cuando paso a la par de nosotros, logré olor su perfume, era fuerte, no delicado o suave. Probablemente sea un Pacco, tiene buenos justos en perfume.
La única vez que hablo fue para insultarme, ella me insultó, y lo peor lo hizo en mi idioma natal, me insultó en ruso, me ha llamado idiota en mi propio idioma.
Pero eso fue lo que menos me importó, puede insultarme cuantas veces ella quiera, solo quiero escucharla hablar otra vez, escuchar esa voz, fue suave, pero firme.
Pero que buen puntazo me dio con el tacón, aún me sigue doliendo el pie por eso. Estoy seguro que si me golpeara más fuerte me hubiera metido el tacón en el pie y estuviera sangrando.
No me gusta que sea cercana al señorito Sallow, aunque sea su hermano, no me agrada. Menos cuando le agarra la mano para intentar calmarla. Aunque lo que más me sorprende es que ella no muestra alguna emoción como tal, es como un lienzo en blanco, solo muestra emociones como enojo y ya.
Vi el collar que tenía, al parecer era de hace años. La forma de stitch, sino me equivoco es una película de niños, veo donde lo guarda rápidamente. Lo tendré en mente, ella me ha gustado desde que la observé, será mía. Parece un ángel enviado del cielo.
Veo donde le dice algo al señor Sallow en el oído y luego se dispone a salir. Me quedé un rato sentado, actuando normal. Quería olvidarme de ella, la mirada que me lanzaba cuando se daba cuenta que la observaba era de odio.
Probablemente no le agradan los rusos, eso será algo complicado pero no difícil, ella será mía.
Pasaron cinco minutos pero nada que regresaba, hago una excusa para lograr salir del lugar. Al salir del lugar busco a la señorita con la mirada, la encontré sentada en la barra, con unas pastillas en mano, de trago tenía un ron, una mala combinación para tomarse las pastillas.
Me acerco a ella, sentándome a la par, le pido al bartender una vaso de agua. Me lo entrega de inmediato y con eso cambio rápido los vasos, yo teniendo el ron en mano y ella el vaso con agua.
Me voltea a ver, pero no dice nada y con eso se toma las pastillas con el agua, sonrío por dentro al ver que no me rechazó el vaso con agua, es un gran avance, pudo a vérmelo rechazado, no a ver tomado de ese vaso, pero lo hizo.
–Bella dama...
–Mi apellido es Sallow, me llamas por mi apellido.
Me ha interrumpido, hablo con una voz tan fría y autoritaria, sonrío suave.
–Claro... Sallow –hago una pausa– ¿De qué son las pastillas?.
–Es algo que no te importa ruso.
Sonrío con sarcasmo, ante su comentario, me llegó a llamar ruso y me ha mandado a la mierda, esta mujer tiene carácter.
– ¿Por qué solo pasas enojada? ¿Acaso no sabes expresar ninguna otra emoción?.
Veo donde frunce el ceño, claramente no le ha agradado mi pregunta.
–No tiene sentido, mostrar otras emociones a alguien que no me cae bien.
Eso llego a golpearme en el pecho, sabía que no le agradaba, se lograba notar en su postura y mirada, pero nunca pensé que lo dijera con tanta indiferencia, como si no fuera algo importante y tal vez para ella no lo sea.
Pero algo tengo claro, yo me ganaré su amor y cariño, aunque tenga que cruzar el infierno lo haré. Yo ya decidí quién será mi mujer, será ella, está hermosa pelirroja.
–Mira muñeca, no me importa que tenga que hacer para tenerte, pero... –no me dejó terminar, me mostró un anillo de matrimonio en su dedo–. Lo que menos me importa es que estés casada, serás mía.
–Escucha muy bien ruso, te odio, así de fácil, –con eso hace una pausa mínima, para tomar aire–, si intentas acercarte a mí, te voy a matar.
Veo donde la chica se levanta, era más baja de cerca, podía rondar el metro sesenta. Rápidamente me pongo de pie bloqueándole la pasada, apenas me llegaba al pecho, eso era lago claro, mido dos metros.