No me tuve ni que cambiar de ropa porque Ceres tiene secadora. Nunca había visto una de cerca pero servía para secar la ropa con rapidez, precisión y sin dañar la tela, incluso la más fina. Cosas de gente rica, supongo pues ninguna pareció sorprendida de su funcionamiento, salvo yo.
Yo aún colgaba la ropa para que con el sol se seque. Además, así evito el aroma a humedad pero la de ellas nunca olía así.
De nuevo nos dirigimos a la playa aunque esta vez las chicas cargaron la comida para poder comer por ahí. No me molestaba para nada pero esperaba que se mantuvieran frescas pues pese a que estaba en una hielera, el riesgo estaba pues el sol estaba bastante intenso ahora mismo y creo que era medio día por lo que aún quedaba un tiempo antes de que baje el calor.
—No parece que te moleste el sol— Dijo Minerva, mirándome con atención.
—No realmente, es como trabajar en el restaurante, hace mucho calor— Me encogí de hombros— Aunque el sol quema así que en realidad si es diferente… Supongo que solo estoy acostumbrada a lo caliente.
—Y no olvides el sudor— Señalo Minerva, visiblemente interesada.
—E-es natural…— Me encogí de hombros y luego me sonroje— ¡Aun así, llevo desodorante!
—Lo sé, solo digo que no pareces tan incómoda como…— Minerva señalo a Cleo y a Ceres quienes se limpiaban constantemente le sudor con una toalla o con un trapo, mostrándose visiblemente incomodas, además Ceres usaba sobre las piel un líquido blanco que traía en un spray— Supongo que tú y yo somos iguales, al menos más parecidas ¡Me gusta sudar porque significa que trabaje duro!
—Se lo que se siente— Asentí.
— ¡Qué asco!— Dijo Ceres y no pude evitar reírme.
Zeus, Ceres y Hades nos pusimos a crear castillos de arena bajo las órdenes de Minerva mientras Cleo y Leo jugaban en el agua aunque más bien estaban sentados en la orilla, dejando que el agua los moje en total relajación.
—Solo me estoy llenando de arena— Señalo Ceres quitándose la arena de los dedos.
— ¿Y no se siente bien?— Preguntó Minerva.
—Sí, esta suavecita y fresca pero después es incomoda entre los dedos y así— Dijo Ceres, insistiendo con eso y pareciendo de nuevo una damita, cosa que me hizo esbozar una leve sonrisa.
¿Yo no parecía una damita? Minerva incluso cuando dijo que se parecía a mí, aun se veía una mujer de alta clase, con esa figura bien formada, su expresión cálida pero a la vez severa y su postura perfecta. Yo aún debía recordar erguirme en ocasiones pero ya no tantas veces como ante… Casi puedo escuchar a Ceres regañándome siempre.
—Bueno, vamos a enjuagarnos— Dijo Minerva corriendo al agua mientras Ceres se levantaba para hacer lo mismo, arrastrando a Cleo al agua aunque esta no parecía querer levantarse, resistiéndose en primera instancia.
Yo me acerque lentamente, mirando la imagen con una leve sonrisa.
Ceres me miro y se acercó a mí para arrastrarme— ¡Vamos! ¡Tú también!
Solo pude asentir con una leve sonrisa.
Al final tuve que regresar a la casa a hacer del baño y aproveche para beber agua fresca.
— ¿Se está divirtiendo?— Preguntó Zeus, inclinando su rostro hacia mí.
—Sí, bastante— Le dije con una gran sonrisa— Aun me parece increíble que me hayan aceptado como si nada siendo… Quien soy, una plebeya y… Ah, Dafne, espero que este bien… Ella fue la primera en realidad y…
—Es una persona brillante, por eso atrae a la gente…
—Como Ceres ¿No?— Me encogí de hombros y Zeus asintió.
—En cuanto a Dafne— Su expresión se volvió seria mientras flotaba a mi lado— No sabría cómo ayudarte y lo siento. Lo único que podía recomendar es que si aún quieres hablar con ella, deberías hacerlo.
—Lo sé, y muchas gracias, Zeus, no necesitas tener siempre las palabras indicadas, mientras te quedes conmigo y me escuches— Le dije y entonces le abrace con fuerza contra mí. Él hizo lo mismo.
—Volvamos... Espero hoy si poder hablar con Ceres sobre aquello.
—Ya vera que sí, mi señora— Me dijo Zeus.
Lo mantuve cerca de mí aunque tuvimos que apartarnos cuando salimos de la casa porque el calor no nos ayudaba a quedarnos frescos pese a que recientemente tomamos agua fría.
Gire la vista para ver a aquella mujer que vi antes, bailando de nuevo cerca de las olas.
Me quede mirándola con cierta fascinación. Era hermosa y con cada movimiento, incluso de día parecía que las estrellas de su vestido brillaban como el sol, lo que de alguna forma me dio más calor.
Intercambiamos miradas y entones se detuvo, lo que hizo que yo retrocediera un par de pasos, incluso gire la vista para no caer, pero cuando volvió la vista al frente, la mujer ya estaba frente a mí.
—Hola— Me saludo amablemente, levantando su mano.
Su aparición casi mágica me hizo caer al suelo.
—Oh, lo siento ¿Te ayudo?— La mujer estiro su mano hacia mí para ayudarme.
Era una mujer de cuerpo delgado, bien formado, con grandes pechos, con los labios delgados, ojos de una tonalidad verde brillante como el jade, de cabellos morenos largos, levemente quebrados en las puntas y sueltos, de tez olivácea y nariz respingada.