Los secretos de Fos

Hades XC

— ¿Usar magia sin un ser mágico?— Hasta Ceres parecía consternada ante la pregunta de Artemisa mientras estaban sentadas en la sala, mirando una serie. Minerva se encontraba preparando algunas botanas mientras que Dafne se estaba bañando, siendo la única que faltaba para ese punto de hacerlo.

—Sí, esa mujer se movía muy rápido, no como un humano y nunca vi a su ser mágico— Aseguro Zeus pensativo.

—Eres administrador así que… Quizá ella también tiene un administrador— Le comente, tratando de buscarle una explicación.

­ —Lo sé pero te aseguro no había un ser mágico cerca, es más, la mujer parecía de lo más normal, como una civil. No tenía ni un solo rastro de magia a su alrededor— Termino Zeus, mirándome.

Me gustaría decir que tengo una respuesta para todo porque casi siempre es así, soy magnifico y todo un experto en el lore de este mundo pero ¿Una mujer con poderes y sin ser mágico? Quizá el calor afecto a ambos aunque debería ser imposible con un ser mágico.

No nos dan golpes de calor.

—Quizá se escondió…— Fue lo único que se me ocurrió decir.

— ¿Esa posible esconderse de un administrador?— Pregunto Ceres.

—Recuerda que en teoría no pero hay de administradores a administradores, eso seguro— Fue lo único que se me ocurrió. Quizá su ser mágico estaba convertido en su arma y… No, pues eso generaba un brillo, otra cosa sería que no estuviera activo pero si lo que dicen es verdad sobre sus rápidos movimientos, también debía ser imposible.

Esperaba que no fueran los Dedos.

Ceres pareció entender lo que estaba pensando, por lo que me miro con una expresión un tanto perturbada.

—No hay que pensarlo mucho— Le acaricie la cabeza a mi compañera y mire a Artemisa— Aunque deberíamos mantenernos lejos de ella, sobre todo tu, solo por si acaso.

Artemisa solo asintió.

La realidad es que tampoco podían ser los Dedos, si algo me grabe fue el tipo de energía que generaba ese tipo junto con Júpiter, su ser mágico y era diferente incluso a otras energías mágicas que percibí en toda mi vida.

Es como si esas estuvieran rodeadas de una oscuridad profunda y oscura.

— ¿Qué ocurre chicas?— Preguntó Minerva sentándose en un sillón con una charola que dejo sobre la mesa con papas a la francesa con varios deeps, además de otros dulces en charolas con salsas y demás cosas que podrían ser usadas para ponerles. También había una jarra de limonada fría con hielos.

— ¡Se ve increíblemente delicioso!— Dijo Ceres, olvidando el tema por completo mientras estiraba sus manos lentamente a la charola.

—Adelante, no te cortes— Le dijo Minerva al notarlo y miro a Artemisa quien aún se mantenía pensativa— ¿Estás bien?

— ¿Eh? ¡Ah, sí!— Dijo rápidamente y tomo una charola de golosinas para ponerle polvos de los que pican y salsas rojas.

Qué bueno que la gente de este mundo puede disfrutar aún de estas cosas y que yo, ahora también puedo hacerlo.

Cleo no tardó mucho en bajar mientras yo le robaba algunas gomitas a Ceres, mientras veíamos la televisión.

Leo estaba a un lado de Cleo, dibujando mientras que el hipopótamo veía con especial atención las escenas de pelea, como si estuviera lista para saltar, curarlos a los dos y que continuaran lastimándose. Zeus estaba sobre la cabeza de Artemisa, comiendo papas que ella le pasaba, ambos sin apartar la vista.

— ¿No son lindas?— Me susurro Ceres, mirando a sus amigas.

—Supongo que si…— Me encogí de hombros, más que lindas, eran familiares— ¿Quién diría que terminarías con tan buenas amistades?

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Como eras antes…

— ¿Por qué siempre sacas a colación lo que fui en el pasado?— Ceres hizo un leve puchero.

—Para que puedas entender cuanto has crecido realmente— Le dije esbozando una sonrisa— No esperaba que tuvieras tan buenas amistades y mírate, estas rodeada de gente de todo tipo y que son de calidad.

—Aún siento que te burlas de mí.

—Imposible, mi señora— Le dije, apartando su comentario.

—Tú también has crecido— Admitió Ceres.

— ¿Cómo?— Le mire arrugando la nariz.

Artemisa solo se rio, guiñándome un ojo, volteando la vista a la pantalla y eso me frustro. La mocosa se cree más lista que yo.

Yo era un ser mágico, yo no crecía aunque sospecho que se refiere a otra cosa, lo que solo me hizo dejar caer mis hombros todo para tomar otras cuantas botanas de su bote ahora vacío, gracias a mí, con despreocupación.

— ¡Oye!— Se quejó al darse cuenta— ¡Me distrajiste para comértelas todas!

Le sonreí de vuelta, imitando su expresión de hace un momento.

No debería tomarme tan a pecho lo que diga una niña rica.



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En el texto hay: escolar, magia, animalesfantasticos

Editado: 31.10.2026

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