El ambiente en la sala de partos era una mezcla de alivio, amor y una energía eléctrica residual que hacía que el aire vibrara. Rosa, envuelta en una manta de seda azul, reposaba en los brazos de un Jake que no dejaba de admirar cada detalle de su rostro. Afuera, los pasos pesados y ruidosos anunciaron la llegada del guerrero de la superfuerza. Williams entra a conocer a su sobrina, apartando a los guardias con una mano mientras sostenía un pequeño oso de peluche que parecía estar a punto de reventar entre sus dedos de gigante. — ¡Abran paso al tío más fuerte de Astra! —rugió Williams, entrando a la habitación con una sonrisa de oreja a oreja—. A ver, ¿dónde está esa pequeña "remodeladora de muebles"? Quiero ver si tiene la cara de estratega aburrido de mi hermano o la belleza de Lucy. Williams se acercó a la cuna improvisada en los brazos de Jake. Su figura imponente proyectaba una sombra enorme sobre la pequeña, pero sus ojos estaban llenos de una ternura genuina. — Pero miren qué cosita más pequeña... —murmuró Williams, extendiendo un dedo índice grueso para acariciar la mejilla de la bebé—. Hola, Rosa. Soy tu tío Williams, el que te va a enseñar a usar un hacha antes de que aprendas a leer. En ese preciso instante, Rosa abre un ojo y, al ver la barba despeinada de su tío, lanza su primer "chispazo de bienvenida". No fue un simple calambre; fue una descarga de energía azul noche que saltó directamente desde su manita hacia el dedo de Williams, recorriendo su brazo y haciendo que su cabello se erizara hacia todas las direcciones. — ¡SANTA MADRE DE LA LAVA! —gritó Williams, saltando hacia atrás mientras el chispazo lo deja totalmente despeinado, con el pelo de punta y una pequeña humareda saliendo de su hombro. Jake estalló en una carcajada que casi le hace soltar a la bebé, mientras Lucy, desde la cama, se tapaba la boca para no reírse demasiado fuerte. — ¡Te lo dije, hermano! —rio Jake, acomodándose las gafas—. ¡Tiene el carácter de su madre y la puntería de un estratega! ¡Ya sabe quién es el que va a intentar malcriarla! Williams, todavía parpadeando y tratando de bajarse el pelo con la mano, soltó una risotada. — ¡Vaya con la niña! Tiene potencia. Jake, olvida lo que dije de la espada de madera... a esta niña hay que ponerle guantes aislantes o va a fundir el palacio antes del bautizo. Rosa, ajena al caos que acababa de causar, soltó un pequeño bostezo y se acurrucó de nuevo, con una chispa juguetona todavía bailando en las puntas de su cabello azul noche. El drama del nacimiento había pasado, pero la leyenda de Rosa, la heredera del trueno, apenas comenzaba
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