—El número que intenta contactar no se encuentra disponible…
Vuelvo a cortar, moviéndome de un lado a otro. Por favor. El panorama de afuera es oscuro, tenebroso. El viento hace bailar a los árboles de una forma frenética.
Tengo el estómago hecho un nudo.
Él debía volver hace unas horas, pero no responde. Mi cabeza…
—¡Isaac! ¡Maldito! —exclamo, enojada—. Tú y tu estúpido complejo de salvador.
Ni siquiera puedo pensar. Debe de estar haciendo el trabajo más arriesgado, peligroso. Mi corazón se detiene. Ese deber que se le activa le nubla la jodida cabeza y no piensa ni siquiera en mí, ni en él.
—El número que intenta contactar no se encuentra disponible…
Vuelvo a cortar, moviéndome de un lado a otro. Por favor. El panorama de afuera es oscuro, tenebroso. El viento hace bailar a los árboles de una forma frenética.
Tengo el estómago hecho un nudo.
Él debía volver hace unas horas, pero no responde. Mi cabeza…
—¡Isaac! ¡Maldito! —exclamo, enojada—. Tú y tu estúpido complejo de salvador.
Ni siquiera puedo pensar. Debe de estar haciendo el trabajo más arriesgado, peligroso. Mi corazón se detiene.
Ese deber que se le activa le nubla la jodida cabeza y no piensa ni siquiera en mí, ni en él. Me dejo caer en el sofá, con el celular apretado en la mano.
La pantalla sigue encendida, mostrando ese mensaje que ya me sé de memoria: "El número que intenta contactar no se encuentra disponible".
Lo apago de un golpe y lo tiro sobre la mesa preocupada.
Afuera, el viento aúlla, me quedo observando la ventana.
¿Y si un árbol cayó sobre la camioneta? ¿Y si resbaló en el barro? ¿Y si está tirado en algún sendero, solo, sin que nadie lo escuche? Me llevo las manos a la cara y respiro hondo, no, no voy a pensar eso.
Él ha pasado tormentas peores. No debería estar asustada. Mi estómago ruge de hambre, pero no puedo comer. Cenaré con él. Vuelvo a agarrar mi celular y esta vez decido buscar entre los contactos.
Ahí está, un número que rara vez usé. Lo aprieto y me llevo el aparato al oído. Solo estoy haciendo esto porque quiero saber el paradero de Isaac.
—Buenas noches, señora Greyson.
Es Nicole. Responde con gentileza al primer llamado.
—Lamento llamarte tan tarde, Nicole.
—Sí… No es buen momento, pero ¿está todo bien? —hay ruido detrás: niños, voces de familia. Hasta su voz suena extraña, ronca.
—Quería preguntarte por Isaac. No he tenido noticias de él —hago una pausa.
—Ah, lo siento. Desde ayer no sé nada.
Mi ceño se frunce y me siento de golpe en el sillón.
—Hoy hubo una emergencia…
—¿En el bosque? —una pausa—. Está cerrado desde ayer. Dejamos todo organizado, hasta llegó Ronald de la ciudad a ayudarnos.
Me quedo inmóvil al escucharla y un terror se apodera de mi cuerpo.
—Gracias. Lamento haberte molestado.
¿Qué es esta sensación en mi cuerpo?
—Se…
Corto y pongo el celular en la mesa. ¿Qué está pasando? La escena de Isaac hablando por celular comienza a inundar mi vista, su voz baja. Me levanto de golpe. ¿Qué está pasando? Además, la familia también está alejada. Seguro que algo grave está ocurriendo.
¿Está en la casa de su madre?
Odio las mentiras. Tomo el celular y, antes de que pueda apretar de nuevo, las luces se apagan de forma automática. Me quedo viendo cómo el fuego ilumina todo el interior.
Me quedo viendo cómo el fuego ilumina todo el interior. Las sombras danzan en las paredes, alargadas, inquietas. La casa cruje con el viento, y por un momento, me siento pequeña en medio de la oscuridad.
Reacciono.
Voy hasta el cajón de la cocina, donde mamá guardaba las velas, y saco un par de velas largas y un encendedor. Las enciendo una por una y las coloco en la mesa, en la repisa, en el alféizar de la ventana.
Lo que faltaba, mi esposo desaparecido, sin tener noticias de él y ahora sin luz.Me quedo de pie en medio del salón, con una vela en la mano, y miro a mi alrededor.
El bosque está cerrado desde ayer.
Isaac me dijo que había una emergencia.
Nicole no sabe nada de él.
¿Dónde está?
Me siento en el sofá, con la vela todavía en la mano, y la cera empieza a gotear sobre mis dedos.
No me importa.
Observó la llama, pequeña y firme, y pienso en él.
¿A dónde fuiste?
¿Qué está pasando?
Debe de ser algo importante, pero ¿por qué ocultarlo? Nunca hemos tenido secretos. Jamás. Siempre hemos sido sinceros, nos hemos contado hasta las cosas más absurdas.
Y ahora…
¿Qué estás haciendo, Isaac?
¿En qué estás metido?
Dejo la vela y me cubro con la manta. Me quedaré acá, esperándolo, y esta vez no tendrá más opción que contarme todo lo que está sucediendo. No me importa si no quiere involucrarme o si cree que es demasiado.
El matrimonio se basa en confianza, y sin ella no hay ni siquiera respeto.
Me quedo en el sofá, con la manta sobre los hombros y las velas encendidas. El fuego de la chimenea crepita. La lluvia golpea el techo con violencia, no cesa, cae un caudal de agua.
Y yo espero.
Las horas pasan despacio.
El reloj de la sala marca las doce, después la una, después las dos…
Solo estoy con el corazón desbocado y el estómago que no acepta nada, porque puede que haya pasado algo grave. Con esta lluvia es hasta imposible ver por la carretera, y ya deben de haber zonas inundadas.
Ya no me importa nada. No quiero discutir. Solo quiero que entre por esa puerta sano y salvo. Es lo único que pido: que él vuelva intacto.
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¿Que será? ¿Por que la familia también está desaparecida? 😱 ¿estarán todos involucrados?