Los sueños de mi jefe

Capítulo 5

Henley

Eimy corre en círculos por la mesa de su comedor, y como es de esperarse, se termina cayendo al piso. Rio, pues preverlo fue fácil; eso que la conozco hace tan poco tiempo. Permanezco sentado, pero le ofrezco mi mano. Me mira con aquellos ojos grises; son bastante claros, así que me los quedo observando; no obstante, me distraigo con los pajaritos de la ventana otra vez. Amo las aves, son tan libres. Se me pasa el tiempo contemplándolas.

—¡¿Me va a ayudar o no?! —chilla la pelirroja.

Reacciono.

—Lo lamento.

Asisto a Eimy, así se puede sentar en una silla a mi lado.

—¿Qué hace aquí? —insiste, haciendo puchero.

—Ya te lo dije.

Mira mi mano que sigue sosteniendo la suya; por lo tanto, sus mejillas se ruborizan; luego alza la vista hacia mí.

—¿Venir por mí? —enarca una ceja, estupefacta—. Hubiera mandado una carta documento, yo qué sé.

—Tú misma lo aclaraste, no había contrato ni algo legal para enviar algo así. —Hago una pausa—. Además, perdí tu teléfono.

Se ríe y suelta nuestros dedos.

—Se terminó el romanticismo, pobre de mi hermana.

—Puede ser, pero... ¿Por qué no? —Muevo las cejas—. ¿Acaso querías una cita?

—¡¿Me está coqueteando?! —Se levanta de la silla, indignada—. No puede ser, esto... esto es...

—¿Un problema? —intento entender.

—Diría que es el capítulo cinco, pero no soy mi hermana para estar imaginándome una telenovela tan rápido, sobre todo con mi jefe, que resulta que todavía ni siquiera lo es.

—Seamos sinceros. —Me rio—. Eres la única secretaria que no ha huido de mí. Te despedí por miedo, ¿entiendes?

Queda en shock.

—¿Tienes miedo a escribir?

—Es más complicado que eso. —Hago una pausa—. El punto es que, para confiarte algo tan importante... hay un pequeño interés y validación por lo que has hecho por mí.

—¡¡Pero no hice nada!! —chilla.

Me rio.

—¿Te parece poco haber soportado todas mis actitudes cambiantes?

—Bueno, sí, pero... existen jefes peores.

—¿Quieres el trabajo o no? —Enarco una ceja.

—¡Quiero un contrato! —expresa con la cabeza en alto.

—Excelente. —Me levanto de mi silla, poniéndome delante de ella—. Y yo insisto con la cita.

—Eso es acoso.

—Oye, es la segunda vez que pregunto, dame chance.

—Si a la primera te dicen que no...

—Nunca me dijiste que no —contraataco.

Se congela, porque sabe que tengo razón; luego reacciona y me mira de reojo.

—Primero lo primero: el contrato; después hablamos de cosas personales. Esto es algo estrictamente profesional.

—O sea que... ¿Querías que te pidiera matrimonio?

—¡Sí! —grita su hermana, cayéndose, porque al parecer estaba pegada a la puerta.

—Ah, es de familia tropezarse. —Me rio.

—¡Te dije que te fueras! —le grita Eimy.

—El capítulo de hoy era muy aburrido —la rubia llora con la cabeza pegada al suelo, luego levanta el rostro y se le ven todas las lágrimas—. ¡Esto estaba más interesante!

—¿Así que somos tan buenos como una telenovela? —le pregunto a la pelirroja y se queda en shock—. Lo que sea, te veo mañana en la oficina.

Se sobresalta, reaccionando.

—¡No olvide el contrato! —insiste Eimy.

—Lo juro, no lo haré.




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