Los sueños de mi jefe

Capítulo 6

Eimy

Henley se olvidó de hacer el contrato.

No importa, lo haré yo misma; si eso es posible. ¿Para qué esperarlo a él, si puedo ir a Recursos Humanos? O sea, no sé dónde está el piso, pero, si lo encuentro, puedo hablar con un representante legal y que se encargue de mis cosas, ¿no?

¡Ay, Diosito! ¡¡Ayúdame!! Soy la secretaria informal y todavía ni conozco la empresa para hacerme legal. Ya me despedí sola de manera imaginaria. Lo sé, se dice "renuncié", pero estoy intentando contratarme a mí misma. Nadie puede juzgar mis ideas raras más que yo, sobre todo en mi mente.

En todo caso, ¿por qué estoy dando tantas vueltas? Podría preguntarle a Marta. Me aproximo a la mujer de recepción, despacio.

—No tengo idea —responde.

—¡¿QUÉ?! —chillo, alterada—. ¡¡Pero eres la recepcionista!!

—Yo también entré hace poco.

—¿Y tienes un contrato? —cuestiono en shock.

—Sí.

—¿Cómo lo obtuviste?

—Ya me olvidé.

Es una amargada; iré con el de seguridad. Avanzo hasta la entrada y Euracio me saluda de forma amable como siempre. Aunque yo me acerco de manera sospechosa, porque a menudo parezco loca.

—¿Sabes dónde está Recursos Humanos? —consulto, bajito.

—Sí, pero... ¿Por qué estamos susurrando?

Me carcajeo.

—Perdón, pensé que había cámaras ocultas o algo, ya que Marta no me quiso decir.

—Déjala, ella va muy a la suya, no le hagas caso. —Hace una pausa y responde a mi pregunta—. Es en el tercer piso.

—¡¡Gracias!!

Lo abrazo y me voy corriendo. Toco el botón del ascensor e ingreso, pero de repente veo entrar a Henley también. Me rio al mirarlo, entonces él me sonríe.

—Sabía que madrugabas —comenta el castaño.

—¡Sí! —expreso en voz alta, luego hago una pausa antes de preguntar a mucha velocidad—. ¿A dónde vas?

—A Recursos Humanos.

—¿Y qué vas a hacer ahí? —curioseo.

Expande su sonrisa.

—Está la mejor cafetera de todo el edificio.

No puedo predecir si es sarcasmo.

—Eh... ¿Quiere despertarse?

—No, me gusta el sabor del café.

—¡Genial! —Hago una sonrisa tensa—. ¿Y no va a hacer nada más allí? —indago.

—No. ¿Por? —cuestiona, incrédulo.

—Estaba pensando que... no sé... se olvidó algo.

—No creo.

—¿Seguro?

—Segurísimo.

—¿Algo que juró? —insisto.

—Ajá.

—Pero va a tomar café a Recursos Humanos.

Asiente.

—Así es.

—¿Y no tiene que hacer nada ahí?

—Ya sabes que evito trabajar. —Se ríe.

—Sí, cierto. —Mantengo la sonrisa—. ¿Será que es una broma?

—No que yo sepa.

—Quiero decir... Usted sabe que se ha olvidado de algo, ¿verdad?

—Tú eres mi secretaria, tú deberías conocer sobre eso.

Chasqueo los dedos.

—Ahora que lo menciona... —Miro que se abre la puerta del ascensor—. Es buen momento para que haga mi contrato. —Lo empujo fuera del elevador.

—¡Ah, cierto! —Reacciona, acordándose—. ¿No puede ser después? Ese trabajo es aburrido.

—Solo debe firmar o encargarle a alguien que lo haga, es fácil.

—Pero...

Lo sigo haciendo avanzar.

—¡Teníamos un acuerdo! —aclaro e insisto—. Así que camine, ¿no ve que es más fuerte que yo?

Se gira y me choco con su torso. Me sonrojo cuando me agarra de los hombros. Al alzar la vista, nuestras miradas se cruzan.

—Tienes razón —dice serio.

—Uh, eh... —Reacciono y me aparto rápido; luego me pongo erguida y coloco mis manos en la cintura—. ¡Hora de trabajar!

Hace puchero.

—Ufa.

Es gracioso, porque parezco yo la jefa.

¡Me pondré una empresa de cosméticos!




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