Los sueños de mi jefe

Capítulo 7

Eimy

Llevo un mes siendo legal en esta empresa. ¡Me refiero al contrato! Ya soy una mujer adulta, aunque me mantengo; esta piel no se cuida sola. No cuento las dos semanas en las que no estuve de manera oficial, porque que mi jefe tarde tanto no es mi culpa. Juro que nunca he demorado así, en obtener unos documentos. Menos porque el patrón le huya a la responsabilidad.

¿Que cómo he sobrevivido? ¿Quién dice? ¡Yo sigo con los pelos parados!

—Jefecito, se lo ruego —lo sigo detrás por el pasillo de la compañía—. Esta es la séptima vez que le cambiamos el cronograma a Consule.

—¿Quién se puede llamar así? —continúa avanzando.

—¡¡NO ME IMPORTA!! —me quejo—. ¡¡YA NO SABE EN QUÉ IDIOMAS GRITARME EL HOMBRE!! Ayúdeme —lloriqueo.

Se detiene y me mira, así que me freno también.

—¿Me vas a aceptar la cita o no? —insiste con eso.

Me titila el ojo, pero tengo mis artimañas bien preparadas. Saco mi celular, entonces se lo ofrezco. Estoy decidida a sacrificar todo si es necesario para obtener esa reunión.

—Llame a Consule, arréglelo, y le juro que esta vez le aceptaré la cita —dictamino—; y sabe que yo cumpliré, no como otros —expreso lo último en un tono cantarín.

—Pero me acompañas —declara firme.

Es como un niño.

—¡Claro! Soy su secretaria. —Asiento.

Me arrebata el celular y marca el número. No deja de mirarme mientras pone el aparato en su oreja. Sonríe como si nada, listo para la guerra.

—¡Hola! Soy Henley Enderson. Perdón por cancelar nuestras reuniones, he estado muy ocupado, pero me encuentro interesado en su propuesta. La acepto y no necesitamos reunirnos; mande los mails correspondientes. —Corta, luego aleja el móvil de su cara.

Me quedo tildada y traumatizada.

—¡¿QUÉ FUE ESO?! —chillo.

—Deja que Gabino se encargue —menciona a su gerente, el cual he notado que siempre le salva las papas. Aunque esto no termina aquí, pues no me regresa el celular. Marca otro número y vuelve a ponerse el teléfono en la oreja—. ¡Hola! Quiero hacer una reservación para esta noche.

—¡¡ESPERA!! ¡¿QUÉ?!

—¿Me mentiste? —se indigna.

—Claro que no, pero eso fue veloz.

—Calla, que estoy reservando. —Le presta atención al del otro lado de la línea—. Sí, disculpe, es para dos.

¡Qué rápido se va a concretar este sacrificio! Aunque tiene sentido, es mi jefe con el que he hecho el trato. Ya casi parece que vendí mi alma al demonio. Denle el título a Henley Enderson, lo necesitan urgentemente en el infierno.

•••

Me pongo un vestido azul con un lazo dorado en la cintura y me termino de maquillar en el baño de mi casa. Cuando llego al comedor, mi hermana chifla y yo ruedo los ojos.

—Esta comedia romántica se está poniendo buena —declara Reiny y mueve sus cabellos rubios—. Ya imagino el calor.

—No inventes —me quejo.

—¡¿Por qué?! —lloriquea—. ¡¡Déjame soñar!!

—No llores, que se te correrá el maquillaje.

—¡A ti!

—No va a pasar —le aclaro.

—Suenas como a protagonista de novela cliché; todas dicen eso.

—Quizás —me lo pienso—. Es solo que… pero… —Lo analizo bastante—. ¿Te imaginas yo teniendo algo con mi jefe? O sea, ya me tiro de los pelos siendo su secretaria; ahora pon en tu cabeza el que sea su pareja: ¡Un peligro para mi estabilidad emocional!

—Pero te gusta, ¿no?

—Yo qué sé. —Muevo los hombros sin importancia.

—Lo entiendo, estamos en el capítulo siete y…

—¡Deja de romper la cuarta pared! —grito.

Suelta el martillo que estaba levantando.

—Pero hay que arreglarla, ¿no?

—¡Olvídalo! Lo tiene que hacer un albañil y es tarde; debo salir, no tengo tiempo para contratar uno.

—Bueno, sí… a lo que iba. —Hace una pausa y apoya la herramienta en la mesa—. Me estoy haciendo una telenovela en la cabeza, pero esto es la vida real; la gente va rápido, por eso me parece tan extraño.

—Eso depende de la persona. —Ruedo los ojos, luego suspiro—. Como sea, me tengo que ir. —Agarro la cartera.

—Bésalo por mí.

—¡Jamás! —Me voy y cierro de un portazo.

En todo caso lo besaría por mí, quiero decir, no haré eso. Maldito cerebro traicionero, casi quedo mal con mi corazón. No se pueden hacer tratos con los órganos, son engañosos.




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