Los vigilantes de Marte

Pillado in fraganti

Pov Luka

 

 

1 semana después

Ha pasado cerca de una semana y la verdad es que no he tenido tiempo ni de respirar. Me tienen alborotado entre tanto sentimiento y trabajo. Voy a poneros al día. 

 

El primer día que fui a servir a Deva, la arrope y me fui yo a acostar. Ese día recuerdo tener una sonrisa en la cara que sinceramente parecía que me la sabían pegado con cola. A mi mente venía mil y una imágenes sobre la tarde que pase con ella. Así fue como conseguí conciliar el sueño. Soñé, como era de esperar, con ella y me levante con el ánimo por los cielos. Fui a desayunar con los demás sirvientes y por la mañana ayudé con alguna que otra tarea a mis compañeros. La comida transcurrió normal hasta que por la tarde la princesa me solicitó otra vez en sus aposentos. Nada especial paso, sólo jugamos más ajedrez, le conté la historia de la bella durmiente, salimos a la terraza a contemplar las estrellas... Deva se quedó dormida en el sillón de su cuarto. Últimamente estaba muy agotada, así que con cuidado la cogí en mis brazos y la lleve a su cama. La arropé y salí de ahí, pero no sin antes dejar un beso en su frente. Esta mujer despertaba en mi un instinto de protección y afecto hacía ella que nunca nadie había llegado a provocar en mi.

 

Los siguientes días pasaron igual salvo que ayer ya no fue la princesa la que me llamó, sino su padre. Habían hecho una reunión todos los nobles para no se que ley y estaban todos juntos hablando. Al final llamaron a las mujeres para salir a bailar un rato y luego se emborracharon hasta más no poder. Yo pensaba en mi fuero interno en algún modo de salir de ahí. A mi me habían enchufado de camarero. 

 

Ya había terminado de servir copas, pero no porque se acabarán sino porque no considerabamos oportuno que los nobles siguieran bebiendo. Me fui a mi cuarto a cambiar el uniforme por algo más normal y volví a subir. No había visto a Deva en todo el día y eso me angustiada en cierto modo. La encontré en uno de los balcones de la planta superior, estaba contemplando el vacío. A pesar de la cercanía que hemos tenido esta semana, no creo oportuno tratarla como si fuéramos algo más aparte de criado y ama. Yo se con seguridad que estoy enamorado de ella, pero no se sus sentimientos así que optó por acercarme sigilosamente y apoyarme en el balcón a su lado.

 

-Zabez, nunca he zalido del caztillo. Papa lo conzidera peligrozo. Dice que la gente de fuera ez malvada, dezpiadada y ezpeluznante.- dijo con la mirada perdida en el horizonte.

-yo no creo que sea tan peligroso.- 

-¿a no? Ziempre han venido zirvientez de mi padre y me han informado de los zaqueoz que ha hecho la gente o de la cantidad de guardiaz que han muerto a manoz de ezaz cruelez perzonaz.-

-¡Y no te has parado a pensar que quizas, y solo quizas eso sea falso?

- Ezo no puede zer falzo, padre nunca me mentiria, dezde pequeña y dezde que mama ze fue me ha amado como nunca nadie lo izo. Para él zoy zu pequeña valiente y no haria nada que me dañaze.-

-Bueno yo te voy a contar la historia de un amigo que he conocido aqui en Marte.-

-¿Cuando lo conozizte?-

-Mientras estaba en una celda, esperando a que me indiquen el castigo por no haber hecho nada.-

-Entiendo... Algun dia me gustaría conocerlo.-

- Lo haras, solo que ahora no se lo que andara haciendo. Se llama Oriol, y tiene 15 años y la ultima vez que lo vi se lo llevaron a ver a su madre que estaba apunto de morir. Su vida no era nada facil. Su padre callo enfermo y el unico dinero que entraba en casa era el que traia su padre. No tenia nada de comer ni para pagar los impuestos. Un dia su padre murio y no le dio tiempo de recuperarse cuando se llevaron a su madre por no poder pagar los impuestos. A Oriol por no tener donde quedarse se lo llevaron a una celda. Dos dias despues le llamaron porque su madre le queria decir algo antes de morir, y ese seria el ultimo dia en el que lo vi. En ese caso los malos no son los del pueblo, sino los de las clases sociales altas. No tienen ni un apice de piedad por los pobres.-

-No ze que penzar. Solo dezeo verlo con miz propioz ojos y zalir de aqui de una vez por todaz.-

-bueno esta bien, te dejo descansar. Ya nos veremos.- 

 

Despues de esto hubo un dia en el que Deva no salio de su habitacion. Yo ya sabia que el hecho de decirle eso la habia dejado pensando mucho en el tema. Ella ya no estaba segura de nada, pero en lo mas profundo de su corazon seguía pensando que su padre era un angel caido del cielo. Otro dia mas paso, y ese fue el dia de mi perdicion. Por la mañana la princesa me pidio que le hiciera compañia. No hicimos nada fuera de lo normal. Nos sentamos y hablamos. La verdad es que se podria decir que pareciamos unos amigos de toda la vida. Me agradaba su compañia, hasta tal punto en el que deseaba que nos quedaramos abrazados como esas noches en la que le contaba historias y se quedaba dormida apoyada en mi pecho. Era la sensacion mas calida que pude sentir en mi corta vida. A su lado era feliz, solo que seguiamos siendo solo eso, empleado y jefa. La noche del balcon ambos nos dimos cuenta de que seria bonito comenzar con una amistad y que esta seria a escondidas. Nadie aprovaria que nos llevaramos bien. Mas que nada por los distintos estatus que tenemos.

 

 

Esa mañana nos encontrabamos sentados en el jardin trasero que hay en la parte de atras de la torre. Ella queria hablar y ese era el sitio mas tranquilo. Me empezo a contar acerca de la muerte de su madre. Ocurrio cuando ella tenia 1 año. Salieron a dar un desfile para el pueblo cuando fueron atacados repentinamente y su madre murio protegendola. Su padre estaba trapado en no sabe donde, no lo recuerda. Solo sabe que desde entonces no la dejaron salir del castillo. Una lagrima corria por su mejilla y al principio dude pero levante la mano y le limpie la lagrima con mi dedo pulgar. Deje ahi la mano y me dedique a acariciar con mi pulgar su piel suave y calida. Ella se estremecio al principio con mi tacto pero luego cerro los ojos y se dejo llevar. No queria verla llorar y simplemente abri mi corazon y le conte de mi historia. No habia nada triste salvo el hecho de que no tenia esperanzas en volver a la tierra me sentia bien aqui. Nos quedamos callados mirandonos a los ojos, sumergidos en nuestro mundo cuando escuchamos unos pasos. 




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