"El tamaño del monstruo dependerá del miedo que le tengas"
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- ¿Egon? - que rara es la vida a veces.
- El mismo - es su voz, me lanza el casco y lo cojo por los pelos - ¿esperabas a alguien más?
- Si - no puedo ver la expresión que pone porque no se ha quitado el casco - esperaba a Antoni - aclaro.
- Mala suerte, tu chillona hermana me llamó, estaba cerca de aquí y me pidió que viniera por ti porque Antoni no podía.
- Ya veo.
- ¿Subes o no? No tengo toda la noche Allen.
Me debato entre decirle que no me agradan nada las motos y arriesgarme a qué no me lleve o mentirle.
- Es que... - bien mejor nos vamos por lo fácil - me ponen nerviosa las motos - hablo casi tan bajo que apenas me escucho yo.
- Es sencillo Allen, solo confía en mí - tiene oído fino.
- Que fácil lo dices.
- Porque lo es - suena bastante seguro, ojalá lo fuera yo - ¿Te subes o no?
Bien arriesguemos, me pongo el casco y me subo a la moto.
- Si te agarras a mi es mas fácil - pega su espalda a mi pecho y me agarro a su chaqueta - no quiero tener que regresar a recogerte porque te dejé tirada por no agarrarte correctamente - coge mis manos entre las suyas y las pasa a través de él - mejor hazlo de esta manera, más factible y más comodo para mí.
¿Todavía existen las mariposas en el estómago o es un mito que se inventaron las escritoras para justificar el amor obsesivo compulsivo de los adolescentes?
Porque de no ser así juro que ahora mismo es lo que estoy sintiendo en el estómago por Egon al estar tan serca su cuerpo del mío.
Romantizaron el órgano equivocado desde luego.
Puedo sentir su respiración al compás de la mia, la calidez de su cuerpo y el olor del cigarro ligado con el perfume que usa que huele como los mismísimos dioses, entrelazo mis manos y trato de calmar aquello prohibido que no debo sentir.
- ¿Lista? - Egon rompe la burbuja en la que comenzaba a flotar.
- Creo.
- Bien, no me sueltes Allen.
No lo voy a hacer.
Egon emprende el camino hacia la casa de Dario y en todo el trayecto en lo único que puedo pensar es en el olor que desprende.
- Creo que ya puedes dejar que mis pulmones cojan aire Allen.
Ni siquiera me di cuenta cuando llegamos.
- Oh lo siento - me despego de él y bajo de la moto.
Me quito el casco y me acomodo el pelo.
- Luna - grita Elodi desde lo que parece la entrada de la casa - vamos ven que estábamos esperándolos.
Voy a salir caminado cuando me giro hacia Egon que permanece en el mismo lugar pero ya recostado a la moto, con su casco en una mano y acomodándose el pelo con la otra. Realmente Egon es un chico muy guapo, cuando nota que lo estoy mirando se endereza y camina hacia mi sin mirar nada más que mis ojos.
Y vuelven las malditas mariposas traicioneras pero esta vez con orquesta sinfónica incluida y grandes bajos de batería tocando como si la vida se le fuera en ello.
Desde luego si era una batalla de miradas ya perdí porque en el momento que se detiene frente a mi bajo la mirada a mis zapatos.
- Gracias por traerme.
Doy media vuelta en dirección a mi hermana que está en la entrada casi dando brincos y saltos de la emoción.
- Allen - Egon me llama.
Me detengo y miro en su dirección, en dos pasos llega a mi.
- El casco - miro mis manos.
Hay no que idiota.
- Lo siento - se lo devuelvo y casi corro para llegar a dónde está mi hermana que me abraza como si hubieran pasado años desde la última vez que me vio.
- Estoy feliz de que al fin hayas decidido venir - se acerca más a mi y susurra - y Darío también.
Cuando voy a responderle se acercan Dario y Antoni, el segundo repitiendo lo mismo que mi hermana y dejándome casi sin aire del abrazo que me da.
- Menos mal que has llegado, Elodi nos estaba torturando con la comida - Antoni se separa de mi y va al lado de mi hermana.
- Hola - Dario se acerca y deja un corto beso en mi mejilla - que bueno volver a verte.
- Hola - le doy una corta y tímida sonrisa a Darío.
- Hey bro - Dario saluda a Egon que está aún recostado a su moto mirando en nuestra dirección - que bueno que finalmente hayas decidido venir.
- Si - Egon me mira - cambié de opinión en el último momento.
- Bueno entremos antes de que Lion y Diego se maten por la comida y no dejen nada - Antoni y Elodi se adentran en la casa y Darío y yo los seguimos.
En lo primero que me fijo al entrar es que la casa parece un cuarto de psiquiátrico está mal que lo diga pero todo es tan blanco, muebles, paredes, piso, en fin todo y tan pulcro y ordenado que da miedo, algo que llama mi atención es que no hay ni rastro de una sola foto familiar.
Dario se percata de la cara que tengo mirando todo y sonríe.
- Mi madre es una maniaca de la limpieza.
- Lo puedo ver - me sale la beta curiosa y pregunto - ¿Por qué no hay fotos?
Noto como la pregunta lo pone un poco tenso y cuando voy a cambiar de tema, responde:
- No hay mucho para plasmar en fotos o cosas que recordar. Ya te lo dije en la playa, mis padres viajan mucho, se podría decir que han estado ausente la mayor parte de mi vida - Dario me mira y me dedica una sonrisa cargada de tristeza - pero bueno ellos dicen que vale la pena para que yo pueda tener todo esto y no tenga que preocuparme por el futuro. Supongo que para ellos una casa llena de lujos vacía y dinero es lo que suplanta su ausencia en mi vida.
Me sienta super mal escuchar las palabras de Dario y por un momento pienso en mi y en como desde que se descubrió mi situación he ido alejando poco a poco a todas las personas que me importan para que mi ausencia el día de mañana ya no les duela, sin importarme lo que realmente puedan querer o sentir esas personas en realidad.
Yo pensé lo mismo, que alejando de mi vida a las personas que amo el día que ya no estuviera mi ausencia iba a doler menos.
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Editado: 12.03.2025