Luna de la Bestia

CAPÍTULO XXV: UN EQUIPO ÚNICO.

 

 

KATTHLENN D.

 

Algunos susurros revolotearon a mi alrededor, algo cerca para oirlos, pero no lo suficiente para entenderlos, por más que intenté abrir los párpados estos no cedieron. De lo que había pasado no tenía certeza absoluta, pues quizá, sólo quizá, había sido producto del delirio, aunque la sorpresa estaba instalada en lo más profundo de mi ser, pues pese a todo lo confuso de la situación algo sugería que si abría los párpados todo volvería a ser espejismo, había empezado a tener serias dudas de mi salud mental pues ya ni confiaba en mi cordura. 

 

Si es que aún tenía algo de cordura.

 


Al rato, se escuchó el ruido sordo de algo siendo desplazado sin el menor dejo de delicadeza, el chillido que producía la cohesión de lo que fuera era espantoso, al instante abrumó mis tímpanos aumentando el escozor punzante en mi cabeza. Me aturdí de tal manera que no pude prever mi reacción, lo que hice después de inevitablemente abrir los párpados fué pegar un grito al ver a tres pares de ojos observarme con curiosidad, parecían analizarme como si fuera la cura a una enfermedad terminal estudiada incansablemente y ahora por fin descubierta.

 

En ese preciso instante  todo se arremolinó en mi limitada cabeza haciendo que me vea incapaz de por lo menos reaccionar ante tanta información, sin rastros de coherencia alguna, reprimí las ganas llorar sin mucho éxito. Mi cara debió reflejar la confusión que portaba puesto que verdaderamente no tenía ni pizca de tranquilidad, ahora me sentía  más confundida que antes, eso sin mencionar que los hechos ocurridos anteriormente se reproducían en total desorden como una cinta rayada.

 

La sensación de poder tocar las facciones marcadas de su rostro níveo, facciones que evidenciaban el crítico estado en el que estaba atrapado me mantenían enfrascada sin querer afrontar que quizá sólo seguía delirando. Las cuencas de sus ojos verdes casi negros dejaban ver algunas venas inyectadas en sangre muerta; su cuerpo carente de masa muscular había sido mantenido recto sólo por las cadenas e insistentes cuerdas empapadas en sangre,  distintas agujetas yacían conectadas a su débil cuerpo como cables a una caja de corriente, como garrapatas clavadas, succionando el líquido carmesí que con esfuerzo casi apagado bombeaba su corazón aún activo a duras penas. 

 

La sangre brotando de sus múltiples heridas, su mirada apagada, despojada de cualquier tipo de alegría me martillaron hasta el punto de infundir un deplorable sentimiento de miseria en mi pecho. Algo temblorosa me logré balancear hacía donde él se encontraba, pero para confución mía su imagen se disipó como un espejismo en el desierto.

 

Repetidas veces volví a parpadear más no pude verle más, se había ido, pero me quedaba aún el recuerdo intacto de lo ocurrido. Era mi vampirito, el mismo que según lograba entender de lo que había sucedido no recordaba su nombre. La culpa me azotó al inferir que quizá el muriera sin ni siquiera saber su nombre, aunque claro, yo si lo recordaba, o bueno, debía estar en mi diario.

 

En ritmo lento los tres pares de ojos tan distintos tomaron una distancia prudente de mi cara, comencé a maquinar escenarios diversos ante el contexto que me rodeaba.  En ninguna circunstancia llegaba a recordar algo que explicara el hecho de tener a estas personas delante, no había un vacío que quizá sugieriera haberlos olvidado, puesto que estaba plenamente segura que me eran completamente desconocidos.

 

—  ¿Estás seguro que es ella?  — Preguntó el moreno de ojos aguamarina sin intentar disimular su curiosidad —  Digo, ni siquiera parace ser capaz de aplastar a un insecto, mírala  — me señaló con menosprecio —  está temblando de pavor y no tardará en mearse.  — hizo una mueca de desagrado  y gruñó. —  Maldita sea...

 

—   La estás asustando.  Haz  el favor de cerrar la boca, yo nunca me confundo.  — A su costado un pelirrojo  de tez lechosa y ojos avellana  intervino, evitando así que el moreno culminara la última frase.

 

Definitivamente no eran la clase de personas con las cuales pudiera relacionarme, pero luego de pellizcar mi brazo repetidas veces caí en cuenta que no era ningún sueño y menos una alucinación. El escozor tan real de mi brazo lo confirmaba.

 

—  No la molesten.  — Una voz profunda emergió en una esquina de lo que pintaba ser un cuarto, era un chico más, parecía ser algo mayor que los otros aunque quizá sólo eran los lentes que le daban ese aspecto maduro. —   Habrá tiempo para que discutan como divorciadas despechadas luego, ahora hay que intentar apegarnos al plan.

 

Intenté regular mi respiración al igual que el hipo, pasé mis manos por mi empapada cara e hice un esfuerzo en mantenerme un poco calmada. Conste que en serio estaba tratando de relajarme pese a estar más que sólo confundida y desorientada.

 

—  ¿Eres muda? ¿Sabes hablar?  — Inquirió el moreno nuevamente, luego de un eterno minuto de intrigante silencio. —   Reacciona niña. Di algo, joder. Mal..




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