Lunas de hielo.

CAPÍTULO 36

Rasqué mis ojos, cansada de la vista. 

Los últimos días había pasado mi tiempo libre buscando respuestas, sin encontrar nada. Me comenzaba a doler la cabeza, así que cerré el libro y lo metí en mi mochila. Crucé mis piernas, apoyando mi espalda en el ronco del árbol. 

Había pasado otra semana más, y en esos días el árbol se había convertido en mi lugar predilecto para estar, solo entraba a la cafetería para comprar algo de comer antes de salir hacia el jardín. Generalmente, los días más calurosos, tenía compañía de personas que salían a sentarse fuera con su grupo de amigos, parejas o, como yo, solos para aprovechar leer algo interesante o escuchar música.

La campana sonó, lo que indicaba que mi clase de literatura comenzaría en breve. Me encaminé hacia allá, encontrándome con Alice en el camino. En esa clase, la única que compartíamos, nos sentábamos en asientos contiguos, aunque no fueran como las mesas de cálculos que eran compartidas.

La clase la pasé distraída, porque los estudiantes únicamente pasaban a leer poemas a la clase. Entre esos poemas, se me ocurrió, gracias al tema de uno, que posiblemente estaba buscando en la parte equivocada. 

Los símbolos, el tatuaje de Kiona y de Kirian ¿Los encontraría?

Pensé en eso hasta después de que las clases terminaran. Guardé mis apuntes y todo lo innecesario en mi casillero, con la mente ausente. Me demoré un poco más en salir que cualquier otro día. 

Miré los mensajes que tenía en mi teléfono, ignorando deliberadamente el de Matt pidiéndome salir. Para eso momento no me molestaba tanto su insistencia porque era una buena manera de despejarme. No quería nada con él, eso era claro, pero, como había dicho Aaron, salir con Matt sí me estaba ayudando un poco.

Los días eran extraños desde que pasó lo sucedido en casa de Alice, porque la tenía a ella contándome cosas de la vida de Alan que yo no había pedido y pretendía que esos datos no me importaban, aunque la realidad era otra. Tenía también a Lotty, Kiona y Paloma, con quien me había estado mensajeando e incluso me reuní una vez con ella, encima de mí para que no le devolviera la cadera a Alan. De igual forma no lo iba a hacer, no en el momento.

Salí del instituto acomodando bien la mochila en mi hombro. Tendría que irme caminando porque Alice había tenido una cita y había tenido que irse hacía una hora atrás. Estaba sola, y precisamente esa soledad logró ponerme un poquito nerviosa cuando noté la figura tatuada de Kirian acercándose a mí.

No me alejé, sin embargo, porque, aunque no tuviera el collar en mi cuello gracias a que había dañado la cadena cuando tiré de él, lo tenía amarrado en mi muñeca, fuera de la vista de cualquiera.

Me sentía protegida por un collar, lo cual era bastante irónico y ridículo.

 —Linda, linda Abril, a ti te quería ver —paseé mis ojos por el alrededor, buscando a Kiona, a Alan, Axel o a Trevor, pero al parecer tendría que defenderme sola—. Ya se han ido, demoraste un poco más que ellos para salir.

—¿Qué quieres? —Me felicité porque mi voz no temblara al hablar. No le demostré el miedo que sentía.

—¿Has visto a Alan? —preguntó.

—Me acabas de decir que ya se fueron. —Chasqueó la lengua.

—No me refería a eso, tontita, me refería a si has visto su aspecto —entorné mis ojos y asentí no muy convencida. Sabía que tenía algunas ojeras y que al parecer estaba teniendo días malos por el humor que se mandaba, pero más de eso, aparte de lo que me decía Alice, no sabía nada de lo que le sucedía— ¿Y sabes por qué está así?

—¿Quieres de una maldita vez ir al grano? 

—No te aproveches de que no puedo acercarme a ti para hablarme de esa manera —bramó.

—¿Por qué? ¿Por qué no puedes acercarte a mí? 

—Ambos sabemos por qué. —Negué.

—Yo no lo sé.

—No desvíes el tema, no te explicaré nada de eso... por el momento. Volviendo a lo que venía; todos queremos algo aquí, linda, tú quieres saber cosas y yo quiero destruir cosas. 

—¿Qué tiene que ver eso conmigo? 

—Qué tú eres la pieza clave en todo.

—Mira Kirian, no me interesa nada de lo que tú digas, quiero irme a casa...

—Me vas a escuchar, yo puedo no poder acércame a ti, pero hay otras maneras de dañarte, niña, no me provoques. Tú vas a...

—Vas a irte de aquí si no quieres que te rompa los huesos uno por uno —interrumpió alguien acercándose. Pude ver el atisbo de miedo en sus ojos y hasta yo misma pude sentir como los míos se llenaban de tranquilidad al escuchar la voz de Alan. Suspiré y cerré los ojos respirando mejor al tenerlo cerca. Él podía defenderme y no tendría que vérmelas por mí misma.

Kirian se dio la vuelta, mirando fijamente a Alan, interponiendo su cuerpo entre él y yo.

—Vaya, no creí que estuvieras espiando a Abril. —Alan gruñó y se acercó a nosotros, más precisamente, llegó a mis espaldas.

—Pensé que la última vez te había quedado claro que no podías acercarte.

—¿Y lo puedo hacer ahora? Es mejor que te quites del medio, estoy negociando con la delicada Abril ¿Cierto cariño? —No hice nada, tan solo me limité a parpadear y a respirar. Su lengua se volvió a chasquear, Alan volvió a gruñir como animal enjaulado.

Sentí el cálido aliento de Alan en mí mejilla seguido de algo en una de mis manos.




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