Lunas de hielo.

CAPÍTULO 46

Siempre había pensado que cuando los protagonistas de alguna historia decían que se les hacía imposible abrir los ojos, exageraban, pero en ese momento sabía que no era así, aunque no por la misma razón porque la verdad, yo no quería abrir los míos por el dolor de cabeza que tenía, por el dolor en mi cuerpo y porque no quería verme en una habitación de un hospital, a pesar de que no escuchaba ningún ajetreo o  sonido de alguna máquina.

Todo estaba en un inmenso y sofocante silencio.

Me obligué a mí misma a abrir mis ojos, aun teniendo mis párpados pesados, los abrí con un poco de esfuerzo.

Bueno, no estaba para nada una habitación de hospital, de hecho, era una que conocía... algo bien.

Dejé mis ojos en el techo de madera por unos minutos antes de repasar todo mi entorno.

Las luces estaban prendidas, pero ajustadas, suponía que para que no me molestara en los ojos en cuanto despertara.

Llegué a la cama, afligiéndome al encontrar a Alan dormido, con su cabeza en la cama y su cuerpo en un sillón que había arrastrado hacia allí.

Suspiré sabiendo lo que vi. No tenía miedo, pero no quería que alguien volviera a hacerme tal daño. Alan iba a tener que decirme de una buena vez por todas y explicarme mucho acerca de su mundo, de él.

Era mucha coincidencia para que intentara negarlo de nuevo.

Llevé mi mano a su cabello. Mi cuerpo se sentía pesado, molido por los supuestos esfuerzos que había hecho con Kirian, aunque no fueron muchos. Acaricié suavemente su cuero cabelludo, como sabía que a él le gustaba, hasta que tuve una reacción de él: un suspiro que siempre me indicaba que estaba a punto de despertar.

Seguí mi tarea, disfrutando de la sensación de las hebras de su cabello entre mis dedos. Aunque su estado físico no era el mejor, su cabello seguía suave como siempre.

Cuando comenzó a levantar su cabeza dejé mi mano quieta y quité toda expresión de mi cara quedando con una máscara neutra, más bien seria.

Sus ojos impactaron con los míos, cansados y con el color café predominando más que el amarillo.

Al verme despierta se sentó rápidamente en su cama, donde estaba recostada. Cogió mi mano entre las suyas y me miró buscando alguna señal de que me encontraba mal.

—Oh, gracias a Dios despertaste, me tenías preocupado —susurró— ¿Estás bien?

—Dentro de lo que cabe, sí. —Asintió y se estiró hacia la mesita de noche, seguí su mano hasta que cogió un vaso de agua y una pastilla. Me las tendió.

—Son para el dolor, no te lo quitará, pero si lo menguará, lo siento.

Me senté en la cómoda cama de Alan, tomando lo que me tendía como si tuviera miedo de mi reacción. Él sabía lo que iba a suceder cuando fuera yo la que hablara.

—Gracias... ¿Ahora sí podrás decirme lo que eres? —pregunté aparentado estar seria, aunque por dentro todo estaba a la expectativa.

Suspiró tomando su cabeza entre sus manos, corriendo el cabello que caía en su frente.

—¿De verdad necesitas que yo lo diga? —preguntó sin mirarme.

—Quiero escucharlo salir de tus labios, sí. —Suspiró estregando sus manos en su rostro, frustrado.

—Licántropo —dijo bajito.

Respiré algo aliviada de que lo haya dicho.

Cogí su mano, que había soltado la mía para tomar la pastilla, y apreté.

—Eso era todo lo que te había pedido, Alan, si me lo hubieras dicho antes ninguno de los dos estaría como está ahora.

—¿No tienes miedo? —Negué con la cabeza, tirando suavemente de su mano para que se acercara más a mí, lo cual hizo.

—No ¿Por eso no me lo decías? ¿Por temor a que te tuviera miedo? —me miró asintiendo—. Alan… eres un idiota. Te imploré que me lo dijeras, si lo hice era porque obviamente no te iba a tener miedo.

—¿Ya lo sabías? —Asentí.

—Es difícil no llegar a esa conclusión cuando hay tantas casualidades, además investigué cuando comencé a notar lo del collar y encontré el símbolo que Kirian tiene en su brazo… además, Kiona fue a mi casa con tu celular, ya sabes… convertida.

Me miró frunciendo el ceño.

—¿Qué? —Sonreí de manera inocente. Él suspiró, y metió mi cabello detrás de mi oreja—, no lo sabía, Abril, yo solo… no quería que te alejaras de mi lado por lo que soy. No me puedes que nada hubiera cambiado si te lo decía…

—Sí, todo hubiera cambiado… Alan yo te quiero, me demostraste que no me dañarías, confiaba en ti, no me hubiera alejado por eso ¿Has pensado en esto?

—Todos los días.

—¿Entonces por qué no me decías? —Se encogió de hombros.

—Te lo iba a decir, pero simplemente las palabras no salían, te lo iba a decir el día de la cena, y el día en el auto, pero recibiste la llamada de Matthew y me acobardé, sentí miedo de que estuvieras en algo con él y me tuvieras miedo luego de decirlo. Y no quería alejarte más de mí —mi corazón dio un vuelco al escucharlo. Le dolía, de verdad le dolía lo que hizo. Gruñó—. Sé que soy un idiota, por mi culpa estás golpeada y adolorida, pero todo lo hice fue para evitar precisamente esto, aunque se haga difícil de creer. Mira en qué quedó todo, no estoy contigo, tú pagaste algo de lo que ni siquiera estás enterada y todo está terriblemente jodido y lo siento, realmente lo hago. Nunca quise lastimarte al dejarte, ni siquiera sé en qué momento salieron las palabras, sé que te lastimé, pero no sabes cómo me lastimé a mí mismo al hacerlo, me sentí jodidamente mal cuando te vi llorar por mí. Quería arreglar un poco las cosas, pero tú no querías verme ni oírme —respiró hondo antes de continuar—. Tú me dijiste que te dijera si alguien me había obligado a dejarte; no puedo decirte que lo hizo porque te mentiría pero tampoco quería dejar lo que teníamos, no lo hubiera hecho si Kirian no me hubiera dicho que podía dejarte si no te quería como algo más que mi amiga —tragó rascando su nuca—, al llegar a tu casa y cuando me insinuaste que habías visto el beso de Amber, no lo negué porque no encontraba manera de hacerlo sin tener que decirte lo que soy.




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