CAPITULO V
LA PARTE QUE NO SE VIO
Narra Lucia
-Mirando aquel cuadro, en el que mi padre había pasado de ser el hombre imponente y autoritario que todos conocíamos, llegar a convertirse de pronto, en alguien extrañamente dócil ante la presencia de Ariel, me dejó completamente desconcertada; no lograba comprender cómo aquel hombre, cuyo carácter parecía construido a fuerza de soberbia, egoísmo y dominio, había podido quedarse inmóvil, en completa calma, como si una parte de él hubiera sido arrancada de raíz y reemplazada por una paz que hacía años no habitaba en su interior.
-Pensé en Ariel, en aquel muchacho extraño y luminoso que desde el primer instante había despertado en mí una curiosidad que no sabía explicar. Todavía no conseguía comprender cómo un simple roce de sus dedos había sido suficiente para detener la furia de mi padre, cuando segundos antes parecía dispuesto a abalanzarse sobre él y golpearlo.
—¡Padre! ¿Estás bien? —pregunté mientras corría a su lado.
Duncan levantó lentamente la mirada y, para mi sorpresa, no había enojo en sus ojos; tampoco aquella expresión de desprecio que solía utilizar cuando algo escapaba de su control.
—No te preocupes, hija —respondió con una serenidad que me resultó casi más inquietante que su furia—. Solo sentí que, de pronto, mi cuerpo entraba en una paz profunda... una paz que no tenía desde hacía muchos años.
Hizo una pausa y miró alrededor, como si él mismo necesitara encontrar una explicación para lo que acababa de experimentar.
—Solo quiero que alguien me explique qué está pasando... ¿y quién eres?
Su última pregunta estaba dirigida a Ariel.
El muchacho lo observó con una tranquilidad desconcertante, como si la escena que acabábamos de vivir no tuviera nada de extraordinario.
—Lucía me llama Ariel – dijo - ¿Usted es su padre?, ¿es quien la trajo a este mundo?
No pude evitar mirar a Rocío y a Juan José; ambos permanecían inmóviles, tan sorprendidos como yo, quizá incluso más, porque ninguno parecía encontrar una explicación para aquella conversación.
Cuando comprobé que Duncan se encontraba perfectamente, me incorporé y caminé hacia Ariel; necesitaba respuestas y, por alguna razón, tenía la sensación de que él era el único que podía dármelas.
—Dime una cosa, Ariel... ¿tú hiciste algo con mi padre? ¿Cómo lograste que se calmara de esa manera?. Hace unos minutos parecía dispuesto a golpearte y ahora está hablando contigo como si te conociera de toda la vida.
Ariel inclinó apenas la cabeza.
—No hice nada, Lucía; solo me preocupé al verlo tan molesto y quise que se sintiera bien; solo le dije que se tranquilizara, que tuviera paz, porque eso le haría bien.
Lo miré fijamente al hablarle—Pero tú no dijiste una sola palabra, ni siquiera abriste la boca. Nadie escuchó que hablaras.
Mis ojos buscaron los de Rocío y Juan José, quienes asintieron lentamente, todavía intentando comprender lo que habían presenciado.
Ariel sonrió de una manera casi imperceptible. —Es que no lo dije en tu idioma, Lucía.
Me sorprendió esa respuesta, hasta ponerme a la defensiva ante lo que mi mente no podía entender.
—¿Entonces en qué idioma hablaste?
—Solo hablé con su ser, con aquello que vive dentro de él.
Aquellas palabras me incomodaron. —¿Con su ser?, ¿ de que me estás hablando Ariel?
—Él me entendió —continuó Ariel, como si estuviera explicando algo perfectamente normal—, pero creo que no podría ayudarlo mucho más, porque hay alguien que vive en su interior y no lo deja en paz.
Sentí que mi mente no podía aceptar toda esa explicación que me daba con tanta tranquilidad, como si hablara de una cosa real, que se puede tocar y medir.
—¿Cómo que alguien vive en su interior? – pregunté sumida en asombro, y mi voz salió más áspera de lo que pretendía; aquellas frases rebuscadas comenzaban a irritarme, quizá porque una parte de mí tenía miedo de que estuviera diciendo algo que yo no quería escuchar.
—Mira, Ariel, no sé de qué estás hablando, pero mi padre no tiene nada dentro. Solo es así; siempre ha sido un hombre de mal carácter, no le gusta que gaste dinero y mucho menos que lo utilice para ayudar a otras personas. Fuera de eso, no veo nada extraño dentro de él.
Duncan, que había permanecido escuchándonos, se levantó lentamente.
—Deja a ese chico, Lucía, se paró y volvió a mirarme, pero aquella paz que había aparecido en su rostro comenzaba a desaparecer.
—Yo me voy; pero te repito una vez más: no voy a permitir que uses el dinero de la empresa para tu caridad. ¿Has entendido?
En aquel instante reconocí nuevamente al hombre que conocía desde niña; el padre despótico y amargado que siempre había intentado arrastrarme hacia su emporio para aumentar sus ganancias o, en definitiva, encerrarme en una vida cómoda y vacía, esperando que encontrara un marido con suficiente fortuna para dejar de ser una molestia en su existencia.
Lo vi levantarse y dirigirse hacia la puerta; la abrió con brusquedad y salió empujándola con tanta fuerza que el golpe hizo vibrar los vidrios.Sin embargo, antes de que la puerta terminara de cerrarse, algo llamó mi atención.
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un amor de secretos, un ser sin memoria, una joven perseguida
Editado: 08.10.2026