CAPITULO VI
RECUERDOS OSCUROS
Narra Lucia
-Lo que había sucedido esa tarde entre Ariel y Juan José me había quedado grabado en la memoria, y después de llevar a mi amigo al médico lo acompañé a su casa para ayudarlo a descansar.
— Juan José, no entiendo qué pasó con Ariel, me niego a creer que su humor haya cambiado así, tan intempestivamente. ¿Estás seguro de que no le dijiste algo inapropiado, algo que lo haya lastimado?
— Mira, Lucía, reconozco que lo llamé aprovechador y le dije que solo te quiere usar, y aunque sé que no estuve bien, creo que su reacción fue excesiva. Estaba como un ser extraño y desconocido, amiga, no era él mismo, por eso te pido que lo saques de tu vida, es una persona inestable.
— Sé que es extraño e inestable, por lo que vi esta mañana también, pero hay algo en él que me lleva a querer cuidarlo y ampararlo, y no sé de dónde me sale esa necesidad
-Al salir de la casa de mi amigo fui directamente a mi oficina, donde había dejado a Ariel, porque necesitaba saber qué le pasaba, por qué había reaccionado así, no quería que volviera a ocurrir.
Llegué y abrí despacio la puerta de entrada tratando de no hacer ruido y me dirigí al espacio donde le habíamos puesto una cama para que pudiera estar al menos hasta que recuperara la memoria. Lo encontré sentado al borde, con la cabeza baja mirando el suelo, y aunque la puerta se abrió y quedé parada a su lado él no se movió ni pronunció palabra.
-Me acerqué y toqué su hombro, pero Ariel no respondió, siguió abstraído en sus pensamientos sin mirarme y esa actitud empezó a preocuparme.
— Ariel — le dije despacio y me senté a su lado — dime qué te pasó con Juan José, por qué lo lastimaste de esa forma, si no me hablas no puedo entender lo que sientes.
Él se levantó sin mirarme y caminó por la habitación con la vista perdida en algún espacio de tiempo al que yo no tenía acceso. De pronto me asaltó una inquietud instintiva, una necesidad absurda de abrazarlo, que me tomara entre sus brazos, y ese solo pensamiento me avergonzó porque no era su novia ni nada por el estilo.
Me quedé callada, sintiéndome ridícula por estar allí con un muchacho que parecía una estatua, hasta que de pronto levantó la frente y se dio vuelta para mirarme con una claridad tan profunda que me asustó.
— Lucía, no quiero que me temas, no sería capaz de hacerte daño. Yo solo vine a protegerte, pero creo que no puedo hacerlo bien.
— ¿De qué quieres protegerme, Ariel? — pregunté alarmada porque no entendía si se refería a mi padre, a la gente con la que trabaja o a algún desconocido del que yo no sabía nada. Me levanté para tocarle el hombro, pero se esquivó como si quisiera evitarme y eso me dolió.
— ¿No quieres hablar conmigo? ¿Quieres irte? — le hablé de la manera más calmada que pude y vi cómo su mirada se volvía mansa y triste, como la del primer día en que lo vi en la clínica; eso me enterneció, pero a la vez me dio miedo a que decidiera irse definitivamente.
— Mira, Lucía — su voz ahora era calma y profunda, pero distinta, como si viniera de otro lugar — yo solo vine a cuidarte, pero él no me va a dejar, sé que está presente cada vez que me acerco a ti.
— ¿Por qué tienes que cuidarme y de quién? No entiendo lo que me dices, ¿conoces a alguien que quiera hacerme daño?
— No creo que lo puedas entender si te lo digo y creo que lo mejor sería que me vaya, quizás así él no te busque más. Todavía no comprendo bien qué siento por ti, pero hay cosas extrañas que no sé explicar.
— Ariel, yo también siento cosas extrañas por ti y no sé cómo entenderlas, pero no quiero que te vayas porque me voy a sentir muy triste.
Se acercó lentamente, me tomó por los hombros y acercó su cara a la mía.
— ¿Ves? No sé por qué tengo este deseo de acercarme, quiero poner mi boca sobre la tuya, pero no sé por qué, eso no debe ser bueno.
— No es nada malo, tonto, es lo que un hombre y una mujer hacen cuando sienten amor, se llama beso.
— ¿Beso? ¿O sea que si pongo mis labios sobre los tuyos se llama beso?
-Ariel ¿Nunca besaste a una chica?, no lo puedo creer, no me mientas.
— No lo creo, nunca conocí a una chica como tú, eres especial y solo siento esto por ti, cuando estoy a tu lado, quiero hacerlo contigo — me dijo con los ojos desmesuradamente abiertos.
— ¿Quieres darme un beso? — dije con el corazón latiéndome al galope porque todo mi cuerpo estaba atrapado en el deseo de hacerlo, era como tocar el cielo con las manos y al mismo tiempo me parecía imposible estar enamorándome de este hombre extraño. Pero la atracción aumentaba como oleadas de suave calor cada vez que se acercaba y ya no podía detenerlo.
— Lucía, no voy a poder evitar acercarme, pero creo que no debería hacerlo, soy el único que puede hacerte daño.
— ¿Sientes algo por mí, Ariel? — dije mientras me acerco más, él no me detuvo, y también se acercó hasta tomar mi rostro entre sus manos.
En ese instante nuestras miradas se cruzaron y vi cómo una luz clara, dorada y tibia salía de él y empezaba a envolvernos a ambos. Ya no pude detenerme, acerqué mi boca a la suya y él posó sus labios sobre los míos despacio, suave y lentamente. Sentí que éramos una sola persona y por mi cabeza pasaron cosas que él veía dentro de la suya, un cielo azul poblado de nubes y de pronto una caída vertiginosa hacia un abismo negro que me provocó un susto terrible, pero supe que esa imagen provenía de él.
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un amor de secretos, un ser sin memoria, una joven perseguida
Editado: 08.10.2026