Luz Oscura

CAPITULO X: EL DESPERTAR

CAPITULO X

EL DESPERTAR

Narra Ariel

Al sentirme atrapado por aquel remolino de viento y basura que giraba a mi alrededor, tuve que detener mi avance, abrumado al comprobar que Lucía ya no estaba donde la había visto por última vez. Sin embargo, lo que realmente me impedía actuar era la certeza de que me encontraba en un espacio-tiempo ajeno a toda ley conocida, una dimensión extraña en la cual las distancias se deformaban, las rocas cambiaban de lugar cuando intentaba rodearlas y el viento, lejos de soplar de manera natural, me golpeaba el rostro para retroceder unos instantes y embestirme nuevamente, como si obedeciera a una voluntad propia.

Yo ya me había dado cuenta que no era como los demás mortales, sabía quién era, conocía los poderes que había descubierto y estaba aprendiendo a utilizar, pero nada de aquello me servía para alcanzar a Lucía, que ahora estaba atrapada en aquel mundo imposible, perdida en algún lugar al que no podía llegar.

Envuelto en aquel torbellino que me mantenía inmovilizado, escuché nuevamente la lúgubre voz que parecía surgir de todas partes, pero no había un lugar desde donde no se escuchaba, una presencia sin tiempo ni espacio que se imponía sobre el estruendo del viento.

-¡Gadreel, tienes que decidir! No tienes otra salida.

No sabía quién hablaba ni qué pretendía de mí; mi mente estaba demasiado ocupada con la desaparición de Lucía y mis sentidos apenas lograban distinguir lo que ocurría a mi alrededor. Quería correr en su busca, atravesar aquella barrera y arrancarla de las tinieblas que la habían engullido, pero frente a mí solo se extendía un torbellino de destrucción que parecía cerrarse cada vez que intentaba avanzar. ¿Cómo iba a encontrarla si ni siquiera sabía dónde estaba?, ¿hacia qué lugar debía dirigirme cuando aquel mundo alteraba todas las leyes que conocía para impedirme llegar hasta ella?

Desesperado, intenté recurrir al poder que había descubierto tener, al salvarla de los ataques de su padre y al aliviar sus dolencias y decidí usarlo concentrando toda mi energía para romper aquella barrera invisible que nos separaba.

Una luz violácea nació en el centro de mi pecho y se extendió como una lanza entre las tinieblas, abriéndose paso a través del remolino hasta que, por un instante, el viento pareció perder su fuerza y las sombras retrocedieron. Entonces volví a verla: Lucía había caído al suelo y se retorcía de dolor, como si aquella energía que yo liberaba la alcanzara también a ella, desgarrándola desde dentro.

Fue entonces cuando comprendí que mi poder, en lugar de liberarla, la estaba hundiendo aún más en aquel tormento. No podía continuar atacando unas tinieblas que parecían utilizar cada uno de mis esfuerzos para hacerla sufrir, de modo que contuve esa energía y permití que la luz violácea se replegara lentamente hasta desaparecer en mi pecho. El remolino comenzó a recuperar su violencia y, ante mis ojos, Lucía volvió a precipitarse en un pozo profundo y oscuro, fuera de mi alcance, mientras yo permanecía atrapado al otro lado de una frontera que no conseguía atravesar.

La voz volvió a resonar, esta vez con una crueldad que parecía impregnar cada piedra y cada ráfaga de viento.

-¡Puedes seguir luchando, Gadreel! Incluso podrías intentar destruir este lugar, pero cada golpe que asestes contra mis tinieblas se convertirá en sufrimiento para ella. Ahora dime: ¿cuánto dolor estás dispuesto a causarle para demostrar que puedes salvarla?

Quise responder que no existía fuerza capaz de obligarme a renunciar a Lucía, que encontraría la manera de sacarla de allí, aunque tuviera que destruir aquel mundo piedra por piedra; sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, un círculo de luz dorada comenzó a abrirse frente a mí, iluminando las rocas y apartando por un momento la oscuridad que lo rodeaba. Primero fue como un punto luminoso, luego fue tomando forma y se ensanchó delante de mí, como un portal extraño.

Entre vapores blancos se dibujó la silueta de una mujer que permanecía en el centro de aquel resplandor y me extiende una mano, hasta sujetarme del brazo con una firmeza inesperada, suave pero firme.

Mi primera reacción fue intentar zafarme, pues no sabía quién era ni cuáles podían ser sus intenciones, pero la figura fue adquiriendo contornos más definidos y descubrí el rostro de una joven vestida de un blanco tan puro que parecía hecho de la misma luz. Su belleza era extraordinaria, aunque fue la serenidad que transmitía lo que más me desconcertó; había en ella una paz que no pertenecía a aquel lugar, una calma capaz de abrirse paso incluso entre el viento y las tinieblas que nos cercaban.

-¡Ariel, ven conmigo!, es la única oportunidad que tenemos de rescatar a esa chica -me dijo con una voz suave y cadenciosa, dulce como la miel, era como una súplica- . No temas, he cruzado una frontera prohibida para mí con el único propósito de ayudarlos.

-¡No sé quién eres y no voy a marcharme sin Lucía! -repliqué, tratando de apartarme de ella-. Tengo que salvarla ahora mismo, no puedo abandonarla en este lugar mientras sufre. ¡No me pidas que vaya contigo hacia un lugar desconocido y sin ella, no lo hagas; por favor, déjame encontrarla!.

-Ariel, yo tengo los medios para ayudarla; tu desde aquí no posees el poder necesario para liberarla y, si sigues atacando en esta dimensión, solo conseguirás que se hunda más en la oscuridad. Ven conmigo; regresaremos con lo único que puede salvarla.




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