Luz Oscura

CAPITULO XII: CONOCIENDO LA OSCURIDAD

CAPITULO XII

CONOCIENDO LA OSCURIDAD

Narra Ariel

Al escuchar aquella voz espantosa, ver esa expresión sombría y oír las palabras que salían de la boca de Lucía, me aparté del halo de luz que nos envolvía y miré a Aniela, incapaz de comprender cómo algo tan ajeno a la mujer que amaba podía habitar en ella.

-¡Escúchala! ¡Esa cosa no es Lucía!, tenemos que hacer algo ahora mismo. No voy a dejarla en las garras de la oscuridad.

-¡Vamos a llevarla a la Luz! —exclamó Aniela, extendiendo los brazos hacia ella—. Aquí no podremos ayudarla y, si esa presencia consigue fortalecerse, será mucho más difícil separarla de su víctima.

Sin saber qué más hacer, estreché a Lucía contra mi cuerpo sintiéndola temblar entre mis brazos y, aunque sus ojos permanecían abiertos, su mirada parecía perdida en algún lugar inaccesible. Me resultaba insoportable pensar que las fuerzas oscuras hubieran conseguido apoderarse de la mujer que amaba.

-Algo tenemos que hacer, Aniela, no voy a permitir que esa cosa se quede con ella.

-Yo tampoco la abandonaré, su alma es demasiado pura para dejarla a merced de esas fuerzas. Sujétala y no la sueltes, pase lo que pase. Voy a abrir el portal hacia la Luz, pero mantente alejado de cualquier manifestación de esa energía porque tus poderes todavía son inestables y, si te alcanza antes de que lleguemos, podría utilizarlos contra nosotros.

Aniela alzó las manos y una claridad plateada comenzó a desplegarse frente a nosotros. El aire vibró y, poco a poco, se abrió un círculo luminoso cuyo resplandor apenas me permitía distinguir lo que había al otro lado. Sin esperar más, crucé el umbral con Lucía entre mis brazos, mientras Aniela nos seguía de cerca.

Apenas llegamos, una sensación de paz me envolvió, aquel espacio parecía estar hecho de una luz viva que se extendía hasta donde alcanzaba la mirada. Sentí que algo dentro de mí respondía a su presencia y comencé a notar como una suave claridad comenzó a brotar de mi propio cuerpo. Era como si aquel lugar reconociera mi naturaleza y yo formara parte de él desde mucho antes de saber que existía. Sin embargo, la oscuridad que envolvía a Lucía no reaccionó ante aquella luminosidad, por el contrario, se agitó bajo su piel y unas líneas negras aparecieron en su cuello, extendiéndose lentamente hacia el rostro.

En cuanto descendimos, Lucía se arqueó entre mis brazos, y su cuerpo se sacudía en violentas convulsiones y espasmos, como si algo en su interior intentara desgarrarla desde dentro. Apenas consiguió levantar los ojos hacia mí.

-¡Ariel, ayúdame! -suplicó con un hilo de voz, mientras extendía sus manos hacia mi

Me incliné hacia ella, dispuesto a responderle, pero sus labios se curvaron en una sonrisa extraña, oscura y desprovista de bondad. Cuando volvió a hablar, su voz se transformó en un murmullo ronco y oscuro.

-¿Creíste que bastaría con traerla aquí para salvarla?, la Luz no puede reclamar lo que ya nos pertenece. La sujeté con fuerza y me incorporé, incapaz de soportar que aquella presencia se burlara de su sufrimiento, mientras mi garganta gritó con fuerza abrumadora, como una vibración que tronó en el ambiente

-¡Ella no te pertenece!

Aniela se colocó frente a nosotros, apoyando una mano sobre la frente de Lucía, mientras con la otra tomaba la mía y de su palma brotó un resplandor plateado que fue envolviendo la cabeza de la joven y descendiendo lentamente por su cuerpo. Durante unos segundos, sus facciones se suavizaron y sus labios dejaron de contraerse; creí que el esfuerzo de Aniela estaba dando resultado, pero un estremecimiento violento sacudió a Lucía y la luz se quebró en pequeños destellos que se desvanecieron antes de alcanzar el suelo. Aniela retiró la mano y contempló sus dedos, desconcertada.

-¿Qué le está pasando? -pregunté-. ¿Por qué no puedes sanarla?, la desesperación que me invadía iba de la mano con una gran frustración, no sabía que más podía hacer.

-Aniela me mira con dulzura - Todavía no puedes verlo, Ariel, pero debes comprender que no estamos ante una simple herida ni ante una energía que haya penetrado accidentalmente en su cuerpo, solo mira su cuello. Aparto con cuidado los cabellos de Lucía y descubro una marca oscura en la base de su garganta, eran finas ramificaciones negras que se extendían bajo su piel latiendo al ritmo de su pulso. Cuando acerqué los dedos, ella soltó un gemido y la marca emitió un destello sombrío, como si hubiera advertido mi presencia.

-La han marcado con la energía de ese mundo -explicó Aniela-, pero hay algo más, una entidad se ha aferrado a ella y utiliza esa marca para mantener el vínculo, mientras no consigamos separarlas, no podremos devolverla a la Tierra sin poner en peligro a todos los que viven allí; es necesario desvincularla de eso que la posee Ariel.

Miré a Lucía. Su respiración se debilitaba y sus manos, que hasta hacía unos instantes se aferraban a mi camisa, cayeron inertes a los costados, ya no respondía a mi voz ni a mis caricias. La impotencia comenzó a pesarme más que cualquier esfuerzo físico; tenía ante mí a la mujer que amaba y no encontraba la manera de devolverle la vida que aquellas fuerzas le estaban arrebatando.

-Entonces, ¿cómo la salvamos? -pregunté. Mi voz apenas alcanzó a convertirse en un ruego, era un sonido implorante -. No quiero perderla, Aniela, no puedo dejarla ir.




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