CAPITLO XV
ENTRE LA TENTACION Y EL AMOR
Narra Lucía
-Al llegar a nuestra oficina nos encontramos con sitio devastado, con las puertas clausuradas, todo espacio cubierto por basura y muebles desparramados por el suelo. La desesperación me envuelve en una espiral de miedo y rabia. No podía entender cómo mi padre podía haber llegado a ese extremo de destruir todo el trabajo de mi vida, lo que más amaba: brindar ayuda a los necesitados, sentirme útil de alguna manera. Me dolió en el alma darme cuenta y sentir como un velo oscuro se había caído de mis ojos dejándome al descubierto tanta maldad.
-¿Crees que tu padre dejó algo en el lugar? .pregunta Juan José mientras seguimos avanzando. Mis amigos todavía no se daban cuenta de mi desesperación y la indignación que cargaba dentro mío.
-No lo sé -respondo, con el corazón golpeándome con fuerza, con dolor y sin tener una explicación coherente. No entiendo qué está pasando ni por qué mi padre se comportó de esa manera, solo sé que hay algo que no está bien y que, si no averiguamos qué sucede, podríamos perder mucho más que unos muebles y unos documentos. Por dentro me cruzó el pensamiento ¿donde estuve todo este tiempo?, ¿ por qué no me di cuenta de lo que mi padre había estado planeando? ¿ y qué parte tuvo en todo esto Zariel quien me llevaba a todas partes como hipnotizada?.
Continuamos caminando y, a medida que nos acercamos, la inquietud crece dentro de mí. Intento ordenar mis pensamientos, recordar cada palabra de Zariel y comprender qué fue lo que vi en sus ojos cuando me negué a acompañarlo. Sin embargo, cuanto más busco una explicación, más me convenzo de que hay algo que se me escapa, algo que mi mente no consigue reconocer, aunque mi instinto parezca saberlo desde hace tiempo. ¿Por qué me cuesta tanto pensar con claridad cuando estoy cerca de él?, ¿y quién era aquel hombre que, durante todo este tiempo, pareció mirarme como si mi voluntad no tuviera ninguna importancia?.
-En ese mismo momento escucho un golpe en la puerta cerrada, venía desde adentro, como si habría alguien dentro. Sé que los tres lo escuchamos, primero como un leve susurro, un movimiento de aire, luego un sonido más fuerte y algo que suena como un arrastre. El tercer sonido resuena detrás de la puerta y esta vez estoy segura de que no ha sido el viento ni algún objeto que haya caído dentro de la oficina sé que alguien está ahí, al otro lado, y parece saber que nosotros nos encontramos afuera.
- Juan José se anima más que nosotras y se acerca preguntando : ¿Hay alguien dentro?, queda parado frente a la puerta; veo que trata de llevar la mano al picaporte quitando las bandas azules.
-Rocío da un grito - ¡No se te ocurra abrir!, dice aferrándose a su brazo-, ¿no te das cuenta de que este lugar está clausurado, no sabemos quién puede estar ahí ni qué pretende.
-Precisamente por eso tenemos que averiguarlo —responde Juan José, acercándose mucho más - aunque advierto que tampoco está tranquilo.
Yo sigo mirando la puerta, incapaz de apartar los ojos de ella porque la frase escrita en la carpeta continúa dando vueltas en mi cabeza: Ella no debe recordar quién es. No entiendo qué significa, pero hay algo en esas palabras que me produce una angustia difícil de explicar, aunque en el fondo de mi corazón, mi intuición me indica a gritos que algo de eso hacía mención a mi persona, era como un mensaje referido a mi - ¿Por qué me siento de esta manera?, ¿quién soy, en realidad?, ¿qué se supone que debo recordar?
Cierro los ojos un instante, tratando de ordenar mis pensamientos, y entonces vuelve a suceder. Una presión extraña se instala detrás de mi frente, seguida de una imagen fugaz: una luz azulada, una mano que intenta alcanzar la mía y una voz masculina pronunciando mi nombre con una desesperación que me atraviesa el pecho. Intento retener aquella imagen, pero se desvanece antes de que pueda distinguir el rostro de quien me llama y retrocedo, sobresaltada.
-Unas voces me vuelven a la realidad - ¿Lucía?: Rocío me sujeta por los hombros, ¿qué te pasa?, estás pálida.
-No lo sé, respondo confusa, vi, siento algo… o quizá lo acabo de imaginar. Era una luz y alguien me llamaba, pero no consigo recordar quién era, pero esa voz la conozco la llevo grabada dentro de mi.
Juan José deja de prestar atención a la puerta y se vuelve hacia mí mientras su expresión cambia de inmediato, como si mis palabras hubieran confirmado una sospecha que llevaba demasiado tiempo guardando.
-¿Qué voz escuchaste?, dice mientras se va acercando a mí.
-No lo sé, Juan José, no recuerdo su nombre ni su rostro, solo sé que sentí una tristeza terrible cuando desapareció. Veo que el intercambia una mirada con Rocío pero ninguno responde y ese silencio me inquieta más que cualquier explicación.
-Ustedes saben algo -digo, mientras lentamente me aparto de ellos -. Los conozco lo suficiente para darme cuenta de que están ocultándome algo, desde que nos encontramos de nuevo, los dos se comportan como si yo hubiera olvidado algo importante. ¿Qué es lo que no me están diciendo?, Rocío baja la mirada y se muerde el labio, mientras Juan José parece debatirse entre hablar o seguir guardando silencio.
-No queremos hacerte daño, Lucía, dice luego de un momento de silencio -. Pero hay cosas que te ocurrieron y que no recuerdas, pensamos que lo mejor era dejarte tranquila hasta que estuvieras preparada.
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un amor de secretos, un ser sin memoria, una joven perseguida
Editado: 29.10.2026