EL ENTRENAMIENTO DE LOS GUARDIANES
Había pasado un mes desde que Adael había despertado en aquel extraño refugio.
Durante todo ese tiempo había permanecido bajo el cuidado de los sanadores.
Su cuerpo finalmente se había recuperado.
Las heridas habían desaparecido.
Sus músculos habían recuperado su fuerza.
Y aquella sensación de agotamiento que había acompañado sus primeros días finalmente había desaparecido.
Aquella mañana, Adael salió de su habitación y respiró profundamente.
El aire fresco golpeó su rostro.
—Por fin...
Movió los brazos y estiró el cuerpo.
—Estoy completamente recuperado.
—¿Seguro?
Adael escuchó una voz detrás de él.
Se giró.
Kyomi estaba allí.
Su cabello azul blanquecino brillaba con los primeros rayos del sol.
—¿Desde cuándo estás ahí?
—Desde hace un rato.
—No te escuché.
Kyomi sonrió.
—Eso significa que todavía tienes mucho que aprender.
Adael sonrió.
—¿Y qué se supone que tengo que aprender?
Kyomi comenzó a caminar.
—Ven conmigo.
—¿A dónde?
—A conocer a alguien.
Adael la siguió.
Mientras caminaban, varias personas del refugio saludaban a Kyomi.
—Buenos días, Kyomi.
—Buenos días.
—¿Ya se recuperó el chico del mar?
—Sí —respondió ella.
Adael comenzó a notar algo extraño.
Todos parecían respetarla.
Algunos incluso se apartaban para dejarla pasar.
—Kyomi.
—¿Sí?
—¿Por qué todos te tratan así?
Ella se detuvo.
—Porque soy la nieta del líder de este refugio.
Adael abrió los ojos.
—¿Qué?
Kyomi comenzó a reír.
—¿No te lo habían dicho?
—¡No!
—Mi abuelo es el líder.
Adael quedó sorprendido.
—¿Tu abuelo?
—Sí.
—¿Y quién es?
Kyomi señaló hacia una enorme construcción al final del camino.
—Urokodai.
Adael había escuchado ese nombre varias veces.
El hombre que había salvado a cientos de personas.
El líder de uno de los refugios más importantes de la región.
Finalmente llegaron frente a unas enormes puertas.
Kyomi las abrió.
Dentro había un gran salón.
Y sentado al fondo se encontraba un hombre de edad avanzada.
Su cabello era completamente blanco.
Pero su cuerpo todavía era fuerte.
Sus ojos tenían una mirada profunda y seria.
Cuando Adael entró, el hombre levantó la mirada.
—Así que tú eres Adael.
Adael inclinó ligeramente la cabeza.
—Sí, señor.
Urokodai sonrió.
—Puedes llamarme Urokodai.
Adael asintió.
—Gracias por salvarme.
—No fui yo quien te encontró.
Urokodai miró a Kyomi.
—Fue ella.
Adael miró a Kyomi.
—¿Tú?
Kyomi se encogió de hombros.
—Solo estaba haciendo mi trabajo.
Urokodai soltó una pequeña risa.
—Siempre dice lo mismo.
Luego miró a Adael.
—Me han contado lo que ocurrió en el océano.
Adael bajó la mirada.
—No pude salvar a los demás.
Urokodai permaneció unos segundos en silencio.
—No puedes cargar con todos los muertos sobre tus hombros.
Adael apretó los puños.
—Quiero ser más fuerte.
Urokodai lo observó.
—Eso es precisamente de lo que quiero hablar contigo.
CAMPO DEENTRENAMIENTO
Urokodai llevó a Adael y a Kyomi hasta una enorme zona abierta.
Había decenas de jóvenes entrenando.
Algunos lanzaban fuego.
Otros controlaban agua, viento, tierra o energía.
En el centro del campo había un joven de cabello oscuro.
Estaba levantando varias piedras sin tocarlas.
Las piedras flotaban a su alrededor.
Adael lo observó.
—¿Quién es?
—Leo —respondió Kyomi.
Leo levantó una ceja.
—¿Este es el nuevo?
Urokodai asintió.
—Sí.
Leo sonrió.
—Entonces quiero probarlo.
Adael miró a Urokodai.
—¿Probarme?
—Una batalla.
Kyomi se acercó a Adael.
—No te preocupes.
—¿Por qué?
—Leo es fuerte.
—Eso no me tranquiliza.
Kyomi soltó una pequeña risa.
—Pero tú también lo eres.
Leo caminó hasta el centro del campo.
—Vamos, chico.
Adael entró al campo.
—¿Qué poder tienes?
Leo levantó una mano.
Una piedra comenzó a elevarse.
—Gravedad.
La piedra comenzó a girar alrededor de su cuerpo.
—Puedo aumentar, disminuir y cambiar la dirección de la gravedad.
Adael sonrió.
—Interesante.
Urokodai levantó una mano.
—Comiencen.
LA BATALLA
Adael desapareció en un destello azul.
—¡¡RAYO!!
Se lanzó directamente hacia Leo.
Pero antes de llegar. Adael cayó de golpe contra el suelo.
—¡¿Qué?!
Leo había aumentado la gravedad alrededor de él.
—No podrás acercarte.
Adael clavó una mano en el suelo.
—Entonces...
Su cuerpo comenzó a cubrirse de electricidad.
—...haré que tú vengas hacia mí.
Un relámpago salió disparado.
Leo cambió la dirección de la gravedad.
El rayo se desvió.
—¿Qué?
—Puedo controlar la dirección de todo lo que esté dentro de mi campo.
Leo levantó ambas manos.
Adael salió disparado hacia arriba.
—¡¡AAAAAH!!
Su cuerpo quedó suspendido varios metros sobre el campo.
Leo cerró el puño.
La gravedad aumentó.
Adael cayó violentamente.
El suelo se agrietó.
Kyomi dio un paso adelante.
—¡Adael!
Pero Urokodai levantó una mano.
—Espera.
Adael comenzó a levantarse.
—Estoy bien.
Se limpió la sangre de la boca.
—Ahora me toca.
Adael extendió ambas manos.
El cielo comenzó a oscurecerse.
—¿Qué está haciendo? —preguntó uno de los jóvenes.
Una nube comenzó a formarse sobre el campo.
¡¡KRAAAAAK!!
Un relámpago cayó directamente sobre Adael.
Editado: 07.10.2026