Luz Y Oscuridad

CAPITULO XXVII

LA PRIMERA MISIÓN

El refugio era mucho más grande de lo que Adael había imaginado cuando llegó.

Con el paso de los días comenzó a conocer cada rincón de aquel lugar.

Había casas, almacenes, zonas de entrenamiento, enfermería, establos y enormes áreas destinadas a los guerreros. El refugio estaba dividido en varias zonas y cada una tenía un comandante junto con decenas de soldados bajo su mando.

Aquellos guerreros salían constantemente a cumplir misiones.

Algunos iban a pueblos cercanos.

Otros escoltaban personas.

Algunos buscaban alimentos, medicinas o información.

Y otros se enfrentaban directamente a demonios.

Adael, sin embargo, todavía no había salido del refugio.

Urokodai consideraba que aún necesitaba entrenamiento.

Adael no tenía suficiente experiencia en misiones reales y, aunque su poder de rayo era extraordinario, todavía no sabía controlar completamente todo lo que llevaba dentro.

Aquella mañana despertó temprano.

El sol entraba por la ventana de su habitación y llenaba el lugar de una luz cálida.

Adael abrió los ojos lentamente.

—Otro día...

Se levantó, se vistió y salió.

Mientras caminaba por uno de los corredores vio a Kyomi.

Ella llevaba su cabello blanco azulado suelto y caminaba tranquilamente mientras conversaba con algunos soldados.

Cuando lo vio, sonrió.

—Buenos días, Adael.

Adael se quedó mirándola durante unos segundos.

—Buenos días, Kyomi.

Ella levantó una ceja.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando raro.

Adael se puso ligeramente rojo.

—Es que... quería preguntarte algo.

—¿Qué cosa?

Adael respiró profundamente.

—¿Quieres salir conmigo esta noche?

Kyomi abrió los ojos.

—¿Salir?

—Sí.

—¿Como una misión?

—No.

Adael sonrió nerviosamente.

—Como una cita.

Kyomi se quedó completamente quieta.

Durante unos segundos no respondió.

Después sonrió.

—Está bien.

Adael sintió que el corazón le daba un salto.

—¿De verdad?

—Sí.

—Entonces te espero esta noche.

—No llegues tarde.

—No lo haré.

Kyomi continuó caminando.

Pero antes de alejarse demasiado, se giró.

—Adael.

—¿Sí?

—Yo también quería pasar tiempo contigo.

Y se marchó.

Adael se quedó parado.

—...

Se llevó una mano al pecho.

—Mi corazón...

LA CITA

La noche llegó lentamente.

Cuando el sol desapareció detrás de las montañas, el cielo comenzó a llenarse de estrellas.

Adael esperó cerca de la entrada del refugio.

Llevaba ropa sencilla, pero se había arreglado mucho más de lo habitual.

Cuando Kyomi apareció, Adael quedó sorprendido.

Su cabello blanco azulado brillaba bajo la luz de la luna.

—¿Qué pasa? —preguntó ella.

—Nada.

—Otra vez me estás mirando.

—Es que te ves muy bonita.

Kyomi se puso roja.

—Tú tampoco te ves mal.

Adael sonrió.

—Vamos.

Ambos salieron del refugio.

Caminaron durante un buen rato hasta llegar a una montaña cercana.

Adael había preparado comida y algunas mantas.

—¿Preparaste todo esto? —preguntó Kyomi.

—Sí.

—¿Tú?

—Sí.

Kyomi soltó una pequeña risa.

—No sabía que sabías preparar comida.

—Yo tampoco sabía.

Los dos comenzaron a reír.

Finalmente se sentaron sobre la manta.

Habían subido bastante.

Desde aquella montaña podían contemplar las afueras del refugio.

Había enormes extensiones de árboles que parecían un océano oscuro.

Más allá se distinguían algunas montañas.

Y sobre ellos...

El cielo era impresionante.

Una enorme aurora atravesaba las estrellas.

Colores verdes, azules y violetas se movían lentamente sobre el firmamento.

Kyomi miró hacia arriba.

—Es hermoso.

Adael la observó.

—Sí.

Kyomi lo miró.

—¿Estás viendo la aurora?

Adael sonrió.

—Sí.

—Mentiroso.

Ambos rieron.

Durante varios minutos permanecieron en silencio.

No era un silencio incómodo.

Era tranquilo.

Adael tomó aire.

—Kyomi.

—¿Sí?

—Quiero decirte algo.

Ella lo miró.

Adael bajó la mirada.

—Desde que llegué aquí... tú has sido una de las personas que más me ha ayudado.

Kyomi permaneció callada.

—Cuando desperté no conocía este lugar. No sabía dónde estaban Liria ni Kaira. No sabía si volvería a verlas.

Adael cerró los puños.

—Pero tú estuviste ahí.

Kyomi sonrió suavemente.

—Adael...

—Y no quiero separarme de ti.

Kyomi abrió ligeramente los ojos.

—Yo...

Adael la miró directamente.

—Me gustas, Kyomi.

El viento pasó entre ambos.

La aurora continuó moviéndose sobre sus cabezas.

—Me gustas mucho.

Kyomi bajó la mirada.

Sus mejillas se volvieron rojas.

—Yo también...

Adael quedó sorprendido.

—¿Qué?

Kyomi soltó una pequeña risa.

—También me gustas.

Adael sonrió.

—¿De verdad?

—Sí.

—Entonces...

Adael tomó suavemente su mano.

—Quiero protegerte.

Kyomi comenzó a reír.

—¿Protegerme?

—Sí.

—Adael, soy mucho más fuerte que tú.

—¡Eso no importa!

—¿Ah, no?

—No.

Adael sonrió.

—Quiero protegerte por siempre.

Kyomi lo miró durante unos segundos.

Después apoyó su cabeza sobre el hombro de Adael.

—Entonces tendremos que protegernos mutuamente.

Adael sonrió.

—Trato hecho.

DÍAS DESPUÉS

Habían pasado varios días desde aquella noche.

Adael continuaba entrenando.

Kyomi también.

Su relación se había vuelto mucho más cercana, aunque ninguno de los dos hablaba demasiado sobre lo ocurrido aquella noche bajo las estrellas.

No era necesario.

Cada vez que se veían, una sonrisa aparecía en sus rostros.



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En el texto hay: misterio, accion, magia

Editado: 07.10.2026

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