LOS DIOSES
El sol apenas comenzaba a aparecer sobre las montañas.
El campo de entrenamiento estaba casi vacío.
Después del duro combate contra Urokodai, la mayoría de los guerreros se encontraba descansando. Algunos dormían profundamente. Otros recibían atención médica por los golpes y heridas del entrenamiento.
Pero Adael no podía quedarse quieto.
Había algo que quería dominar.
La esfera de rayo.
Adael se encontraba nuevamente solo en uno de los extremos del campo.
Extendió lentamente su mano.
ZZZT...
Una pequeña chispa apareció sobre su palma.
Adael cerró los ojos y respiró profundamente.
—Más...
La electricidad comenzó a concentrarse.
ZZZZZZ...
Una pequeña esfera azulada apareció sobre su mano.
Esta vez era ligeramente más grande que el día anterior.
Adael abrió los ojos.
—Está funcionando.
Intentó aumentar la cantidad de energía.
La esfera comenzó a crecer.
Del tamaño de una canica pasó al tamaño de una pelota pequeña.
Pero entonces...
CRACK.
La esfera comenzó a deformarse.
—No...
Adael intentó estabilizarla.
—¡Vamos!
La electricidad comenzó a escapar por sus dedos.
ZZZZRAAAP.
Adael apretó los dientes.
—¡No te rompas!
La esfera tembló violentamente.
Por un instante pareció que iba a explotar.
Pero Adael logró controlarla.
La esfera volvió a estabilizarse.
Adael sonrió.
—Lo conseguí.
La observó con atención.
Ya no era una simple chispa.
Era una concentración real de energía.
Una esfera capaz de almacenar una enorme cantidad de electricidad en un espacio pequeño.
Adael cerró lentamente la mano.
La esfera desapareció.
—Todavía me falta mucho.
Miró hacia el campo.
—Pero cada día es un poco más grande.
Pasaron varios días.
Adael continuó entrenando.
Cada mañana practicaba con su espada.
Por las tardes entrenaba su velocidad y resistencia.
Y cuando todos se retiraban...
Adael practicaba la esfera de rayo.
Una.
Dos.
Diez.
Veinte veces.
Algunas explotaban inmediatamente.
Otras perdían su forma.
Pero algunas comenzaban a mantenerse durante varios segundos.
PUM.
PUM.
PUM.
Las pequeñas explosiones se escuchaban constantemente en el campo.
Hasta que una tarde...
ZZZZZZZZZZ...
Adael sostuvo una esfera del tamaño de una naranja.
La electricidad giraba dentro de ella.
Adael la miró sorprendido.
—Ahora sí...
La esfera no explotaba.
No temblaba.
No perdía energía.
Estaba completamente estable.
Adael sonrió.
—Parece que finalmente estoy aprendiendo a controlarla.
Pero todavía no estaba satisfecho.
—Ahora necesito aprender a hacerla mucho más poderosa.
Una voz apareció detrás de él.
—Eso puede llevarte bastante tiempo.
Adael giró rápidamente.
Era Urokodai.
—¿Desde cuándo estás ahí?
Urokodai sonrió.
—Desde que comenzaste a hablarle a esa esfera.
Adael se rio.
—¿Estaba hablando solo?
—Un poco.
Adael volvió a mirar su mano.
—Quiero convertirla en algo realmente poderoso.
Urokodai observó la esfera.
—Entonces no pienses solamente en aumentar su tamaño.
Adael frunció el ceño.
—¿Qué debería hacer?
—Aprende a concentrar la energía.
Urokodai señaló la esfera.
—Si haces una esfera enorme, desperdiciarás energía.
—Entonces...
—Hazla pequeña.
Adael comprendió.
—Pero con mucha más energía.
Urokodai asintió.
—Exactamente.
Adael miró la esfera.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Entiendo.
Esa misma tarde, Urokodai reunió nuevamente al grupo.
Adael llegó al lugar junto a Kyomi.
También estaban Leo, Tetsu, Nun, Suyen, Michelle, Nelly, Nan y Hiroto.
Todos se sentaron alrededor de una fogata.
Habían entrenado durante horas.
Ahora necesitaban descansar.
Urokodai permaneció de pie frente a ellos.
—Han estado entrenando juntos durante varios días.
Todos guardaron silencio.
—Pero todavía hay algo que no conocemos.
Tetsu levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
Urokodai sonrió.
—Sus historias.
Adael miró al resto.
Nadie parecía saber qué decir.
Urokodai continuó:
—Si van a luchar juntos, deben conocerse.
Tetsu levantó la mano.
—Entonces empecemos.
Se puso de pie.
—Yo soy Tetsu.
Señaló a Nun.
—Ella es mi hermana.
Nun levantó la mano.
—Nun.
Tetsu continuó:
—Los dos pertenecemos al Gran Refugio de Fuego.
Adael los observó.
—¿Gran Refugio de Fuego?
Tetsu asintió.
—Nuestro padre es el Dios del Fuego.
Adael abrió ligeramente los ojos.
—¿Un dios?
Nun sonrió.
—Sí.
Tetsu se cruzó de brazos.
—Aunque no vivimos con él. Nuestro refugio tiene sus propias reglas.
Adael guardó silencio.
Entonces Michelle habló.
—Yo soy Michelle.
Se encogió de hombros.
—Nací en una pequeña tribu.
Adael la miró.
—¿Y dónde está esa tribu?
Michelle bajó la mirada.
—Ya no estoy allí.
—¿Qué ocurrió?
Michelle tardó unos segundos en responder.
—La abandoné.
No quiso explicar más.
Adael respetó su silencio.
Después fue el turno de Suyen.
—Soy Suyen.
Todos la miraron.
—No tengo familia.
Adael bajó ligeramente la mirada.
Suyen continuó:
—Soy huérfana desde hace muchos años.
Luego señaló a Hiroto.
—Él tampoco tiene familia.
Hiroto permaneció callado unos segundos.
—Los demonios mataron a todos.
El ambiente se volvió más serio.
Hiroto miró el fuego.
—Desde entonces he estado sobreviviendo como he podido.
Editado: 07.10.2026