LAS CENIZAS QUE QUEDAN
Durante varias horas, nadie dijo una sola palabra.
La montaña permanecía completamente en silencio.
Afuera, el viento arrastraba arena entre las enormes rocas de aquel desierto montañoso.
Adentro, Adael y los demás permanecían sentados recostados contra las paredes.
Nun seguía inconsciente.
Tetsu permanecía a su lado.
Suyen miraba a Michell.
Leo tenía varias heridas.
Nelly apenas podía mantenerse despierta.
Nan permanecía cerca de la entrada de la cueva.
El joven que controlaba el hierro estaba sentado en un rincón, observando sus propias manos.
Y Adael...
Adael seguía mirando a Kyomi.
Ella no había despertado.
Hasta que finalmente...
Kyomi movió los dedos.
Adael levantó inmediatamente la cabeza.
—Kyomi...
Ella abrió lentamente los ojos.
Al principio parecía confundida.
Miró el techo de piedra.
Después miró a Adael.
—¿Dónde... estamos?
Adael se acercó.
—Estás a salvo.
Kyomi intentó incorporarse.
—¿Dónde estamos?
Leo respondió desde unos metros más atrás.
—En una montaña.
Kyomi miró alrededor.
—¿Y los demonios?
Nan respondió:
—Se fueron.
Kyomi se quedó en silencio.
—¿Se fueron?
—Sí —dijo Leo— no nos encontraron.
Kyomi intentó levantarse.
Adael quiso ayudarla.
Pero ella apartó su mano.
—No me toques.
Adael se quedó quieto.
—Kyomi...
Ella se levantó lentamente.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Dónde está mi abuelo?
Nadie respondió.
Kyomi miró uno por uno a todos.
—¿Dónde está mi abuelo?
Silencio.
—¡¿DÓNDE ESTÁ MI ABUELO?!
Adael bajó la mirada.
Kyomi entendió.
Sus labios comenzaron a temblar.
—No...
Leo cerró los ojos.
—Kyomi...
—No.
Ella negó con la cabeza.
—No puede estar muerto.
—Kyomi...
—¡DIJE QUE NO!
La joven golpeó la pared con su puño.
—¡Él no podía morir!
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
—El era como mi padre.
Nadie dijo nada.
Kyomi se giró hacia Adael.
Su expresión cambió.
—Tú.
Adael levantó la mirada.
—¿Qué?
—Tú me detuviste.
Adael permaneció callado.
—¡Tú me golpeaste!
—Kyomi, yo...
—¡ME GOLPEASTE PARA QUE NO FUERA CON MI ABUELO!
Adael apretó los dientes.
—Si no lo hacía...
—¡NO ME IMPORTABA!
Kyomi lo empujó.
—¡ERA MI ABUELO!
Adael no respondió.
—¡Yo debía estar allí!
—Si hubieras ido...
—¡NO ME IMPORTA!
Kyomi comenzó a llorar con más fuerza.
—¡Prefiero haber muerto con él!
Leo se acercó.
—Kyomi.
Ella lo miró.
—No.
Leo respiró profundamente.
—Sé cómo te sientes.
Kyomi negó con la cabeza.
—No sabes nada.
—Sí sé.
Leo señaló alrededor.
—Todos perdimos a alguien.
Miró hacia la entrada de la montaña.
—No solo murió tu abuelo.
Su voz se quebró.
—Murieron personas que conocíamos desde hace años.
Nelly bajó la mirada.
Suyen apretó los puños.
Leo continuó:
—Ni siquiera sabemos cuántos lograron escapar.
—Pero si Urokodai no hubiera hecho lo que hizo...
Leo miró a Kyomi directamente.
—Tal vez ninguno de nosotros estaría vivo.
Kyomi no respondió.
—Su sacrificio nos dio una oportunidad.
Leo respiró profundamente.
—Y también nos dio tiempo para huir.
Kyomi se llevó las manos al rostro.
—No quería que se sacrificara...
Las lágrimas continuaron cayendo.
—Yo solo quería ayudarlo.
Adael se acercó lentamente.
—Lo sé.
Kyomi lo miró.
—No.
Adael se detuvo.
—Ahora mismo no quiero escucharte.
Adael bajó la cabeza.
—Está bien.
Pero las lágrimas también comenzaron a aparecer en sus ojos.
Todos estaban sufriendo.
No solo Kyomi.
Todos habían perdido algo.
Su refugio.
Sus amigos.
Su familia.
Su hogar.
Y algunos ni siquiera sabían quiénes habían sobrevivido.
Entonces...
Un ruido llamó la atención de todos.
Tetsu se levantó.
Michelle seguía sentada.
No había hablado desde la huida.
No había reaccionado.
No había preguntado por nadie.
Simplemente permanecía mirando al suelo.
Tetsu caminó hacia ella.
—Michell.
Ella no respondió.
Tetsu frunció el ceño.
—Te estoy hablando.
Nada.
Tetsu perdió la paciencia.
La empujó.
—¡¿Qué te pasa?!
Michell. cayó de lado.
Todos se sorprendieron.
—¡Tetsu! —dijo Adael.
Tetsu señaló a Michell.
—¡Por tu culpa mi hermana perdió un brazo!
Michell levantó lentamente la mirada.
—Has estado como una estúpida todo este tiempo.
—Tetsu, cálmate —dijo Adael.
Tetsu se giró hacia él.
—¡Tú cállate!
Adael se quedó inmóvil.
Tetsu respiraba con dificultad.
—¡Ustedes ni siquiera estuvieron aquí!
Señaló a Adael y Kyomi.
—¡Quién sabe dónde estaban disfrutando mientras todos nosotros moríamos en el refugio!
El silencio fue absoluto.
Todos miraron a Tetsu.
Era extraño.
Tetsu siempre había sido reservado.
Fuerte.
Serio.
No solía levantar la voz.
Pero ahora era diferente.
Estaba destrozado.
Su hermana estaba herida.
Había visto morir a personas.
Quizá todo aquello simplemente había sido demasiado.
Tetsu volvió a mirar a Michell.
—¡Mi hermana se puso delante de ti!
Michell comenzó a llorar.
—Yo...
Su voz apenas salió.
—No pude moverme.
Tetsu apretó los dientes.
—¿Y eso qué cambia?
Adael dio un paso.
—Tetsu.
—¡No!
Pero entonces Kyomi habló.
Editado: 07.10.2026