Manual para olvidar a mi ex (y fracasar en el intento)

Capítulo 10: Regla #10: Resignación

Un taxi era mejor que quedarme un minuto más cerca de los delirios de la enfermera Marta. Esa mujer definitivamente no podría llegar a ser quien me hiciera olvidar a Sofía.

La muy extraña mujer había creado un pequeño muñeco de vudú con mi cara. La mujer estaba totalmente loca. Antes de irme, me dijo que lo había creado para no olvidarme y que orinaba encima del muñeco para que yo me enamorara más de ella.

Así que decidí pedir un taxi antes que esperar una ambulancia y seguir aguantando a aquella extraña mujer.

Por otro lado, mientras iba sentado en el taxi, que olía a incienso barato, me puse a pensar en todo lo que había pasado, lo que había logrado y lo que había estropeado.

En todo lo que me había pasado.

Definitivamente, debí aceptarlo desde el principio.

Y por eso, mi consejo número 10 para olvidar a mi ex en este manual es: resignación.

Sí, así como lo lees, he decidido resignarme a que no puedo olvidar lo que siento por Sofía. Ni con rituales ni con chicas que orinan muñecos de vudú con mi cara.

Debía aceptar mi destino. Y sí, la quiero. No sé dónde estará ahora, qué estará haciendo, si ya habrá salido de su embarazo, si se habrá casado o no, pero acepto que no puedo olvidarla.

Y eso está bien. Solo quiere decir que la amé, la amé como nadie nunca la ha amado ni la amará. No me hace menos; al contrario, me hace comprender que mi corazón de pollo sí sabe amar y querer.

El tiempo superará todo esto.

Al parecer, este manual es un asco, pero escuché un programa en la radio en el que buscaban historias de idiotas como yo. Y no es un desprecio hacia mí mismo; así, literalmente, lo decían los flyers publicitarios:

«¡TU HISTORIA PODRÍA SER UN ÉXITO!

BUSCAMOS HISTORIAS DE TODO TIPO.

¡AUN HISTORIAS DE “IDIOTAS COMO TÚ”!»

Así que, ¿qué más da?

Llevaré mi manual a la radio y, quién sabe, tal vez suceda algo bueno por primera vez...

Pasado un año...

—¡Damas y caballeros! ¡Tenemos el honor de presentarles esta noche a un hombre que ha logrado captar la atención de todos durante el último año! ¡Demos la bienvenida al escritor Francis Delano!

—Muy buenas noches a todos. Gracias por ese aplauso. Me emocionó… me dejó más emocionado que la Trituradora Deluxe X3. —Guiño, guiño.

(Risas del público).

Francis abrazó al entrevistador.

—Qué bueno verte, Matt. De reojo, te me pareciste un poco al maestro Zen.

El entrevistador rio a carcajadas, al igual que el público.

Francis se sentó.

—Cuéntanos, Francis, ¿qué se siente que tu pequeño libro sea tan popular en todo el país? Todos quieren saber más. Fue una jugada maestra ir posicionando tu historia como una historieta. Por cada consejo sacaste una historieta.

—Así es, mi querido Matt. Decidimos hacerlo así en la radio y realmente fue todo un éxito en ventas.

—¿Dicen que el consejo número diez ya está disponible?

—De hecho, así es. Realmente, para tristeza de todos, este es el último consejo.

El público reaccionó con un prolongado:

—¡Ohhhh!

—Pero ¿por qué decidieron finalizar?

—Matt, definitivamente, esta historia, aunque a todos les cause gracia, habla de mi vida. Y este es el final de esta historia.

—¡Wow! ¡Qué increíble, Francis! Entonces, ¿la chica Sofía sí existió? —preguntó el entrevistador con entusiasmo—. ¡Cuéntanos más de ella! —añadió entre risas.

—No tengo mucho más que decir. Todos hemos pasado por situaciones de este tipo. Y, la verdad, es tiempo de cerrar el capítulo y empezar otros proyectos.

—Sí, tienes toda la razón. Eso es lo que hay que hacer.

—¿A ti también te ha ido mal en el amor, Matt?

—¿Qué dices, Francis? ¡Yo soy rico y guapo! Eso no nos pasa a nosotros —respondió entre carcajadas.

—Bueno, Francis, ¿qué tal si nos das una pincelada de lo que podemos encontrar en este último episodio?

—Necesitan leerlo. Es una reflexión muy buena. En este capítulo agregué algunas escenas reales de mis experiencias. El capítulo es corto, pero en realidad vale la pena. Lo único que puedo decirles es que a veces solo hay que dejar fluir las cosas.

—¿Y en qué vas a trabajar ahora?

—¿Sabes? Estoy trabajando en una novela juvenil. Se llama La carrera impredecible.

—¿Aparece Sofía ahí, no me digas?

—Jajaja. No, Sofía ya no aparece. Nunca más.

—¡Damas y caballeros, este fue Francis Delano! ¡Un fuerte aplauso! Al fondo, a la salida, estará firmando sus historietas. Además, podrán adquirir la décima entrega en exclusiva esta noche.

Francis se sentó y comenzó a firmar autógrafos y a tomarse fotografías con sus lectores. En medio de aquella situación, escuchó una voz reconocible.

Una mujer con un vestido rosa y zapatillas blancas se paró frente a él. Extendió la historieta número diez y le dijo:

—Tus historias realmente fueron muy divertidas. Me gustó mucho la del maestro Zen. Aunque, si me vas a dar un autógrafo, estaría bueno que me lo firmaras en mis definidos glúteos, ¿no crees?

Francis fue apagando lentamente su sonrisa, mientras su mirada recorría de pies a cabeza a aquella mujer.

—No puedo creerlo… —dijo.

Era Sofía.




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