Mariposa Capoeirista (libro 3)

CAPÍTULO 49

Luana observaba sonriente cómo Violet creaba el diseño de un vestido en la tableta electrónica, mientras eran amparadas por los frondosos árboles del jardín de la mansión Garnett, el canto de los pájaros y el relajante sonido del río.

Habían pasado casi toda la tarde en el jardín, estaban de pícnic, jugando, conversando y comiendo muchos dulces. Luana también había aprovechado para meditar un poco y enseñarle a Violet cómo hacerlo; le alegraba de cierta manera saberse útil, ayudar a Rachell con la niña, porque comprendía que estuviese demasiado preocupada y triste como para fingir estar bien delante de la pequeña.

Ella también estaba muy preocupada, no podía dejar de pensar en Elizabeth, de preguntarse dónde podría estar, quién pudo habérsela llevado. No podía creer que solo a las personas buenas les pasaban cosas malas; se mentalizaba y trataba de ser muy positiva, porque sabía que si era pesimista el universo solo se regía por sus energías; y definitivamente, ella quería alejar las malas vibras.

—¿Te parece bonito? —preguntó Violet.

—Sí, es muy hermoso, llevas el talento en la sangre.

—¿Y el color? Tienes que ser muy sincera.

—Está bien, seré sincera contigo, el color está lindo, pero ¿no te parece que morado y morado no combinan mucho? —comentó sonriente, segura de que a Violet le encantaba ese color, pero ya había hecho cinco diseños con el mismo tono.

—Es que me gusta mucho. —Le sonrió con total inocencia.

—Sí, no tienes que quitarlo del diseño, puedes crear unos detalles con otros colores que combinen… Quizás un naranja.

—Probemos —habló y eligió el color de la paleta para pintar la falda en ese tono y dejar la parte de arriba en morado—. Sí, me gusta…, se ve bien así.

—Sí, compraría este vestido —respondió totalmente convencida—. Serás una diseñadora extraordinaria.

—No quiero ser diseñadora, cuando sea grande seré la presidenta de los Estados Unidos, y me casaré con un oficial de las Fuerzas Armadas… Mi papá me dijo que tengo que aprender muchas cosas, no solo de Estados Unidos, sino también de todo el mundo... Claro, mi papi todavía no sabe que voy a casarme con un Marine —dijo la última palabra en inglés y rio bajito.

—Creo que no será de su agrado. —Rio cómplice—. ¿Y qué has aprendido hasta ahora?

—Ya me sé los diez primeros presidentes de Estados Unidos, también los de Brasil e Italia… ¿Te los digo?

—Me gustaría saber los de Estados Unidos. —Estuvo de acuerdo, para estimular más a la niña en el aprendizaje.

—El primero fue George Washington, el padre de la patria, era un revolucionario y nació en Virginia… Después fue John Adams, de Massachusetts, y era del partido Federalista; el tercero fue Thomas Jefferson, también de Virginia; luego James Madison…, otro de Virginia —parloteaba con la seguridad que le proporcionaba el conocimiento.

Luana, a pesar de estar atenta a lo que hablaba Violet, no pudo evitar que su atención fuese captada por Oscar, quien se acercaba a donde estaban ellas sentadas en una manta sobre la hierba.

—¿Qué hacen? —preguntó al llegar con las manos metidas en los bolsillos de la bermuda de vestir azul cielo que llevaba puesta.

—De todo un poco —respondió Violet.

—En este momento hablábamos de los presidentes de Estados Unidos —participó Luana, sin poder quitar su mirada de Oscar, que se acuclilló frente a ellas y después se dejó caer sentado en una esquina de la manta.

—¡Vaya, qué conversación tan entretenida! —ironizó sonriéndole a Luana.

—Estamos hablado de historia y política, porque me estoy preparando para cuando sea la presidenta de nuestro país —dijo la niña, poniéndose un mechón del sedoso pelo detrás de la oreja.

—Así que ahora quieres ser presidenta, ¿y qué pasó con tu sueño de ser actriz? —Recordaba que hasta hacía unos meses no hacía más que imitar a una de esas chicas adolescentes de la tonta serie juvenil que veía.

—Es que quiero ser alguien importante y tener el respeto de todo el mundo —dijo sentándose sobre sus talones y agarró un brigadeiro.

—Lamento decirte, que los presidentes, muchas veces son más odiados que respetados, siempre tendrás detractores —explicó con toda la intención de molestar a su hermanita.

—Eso pasa porque no saben gobernar, hacen las cosas mal, pero yo las haré bien; ya hablé con papi y con avô, ellos me van a ayudar, y seré la mejor presidenta de la historia… ¿Y sabes qué es lo primero que voy a hacer?

—¿Qué? —preguntó divertido.

—Eliminaré todos los videojuegos, ya no habrá más PlayStation, Nintendo, Xbox, ni nada de eso… —dijo muy seria mirándolo a los ojos.

—Entonces, no vas a ser presidenta por mucho tiempo, la comunidad de Gamers es de cientos de millones, encabezada por tío Thor, quien iniciará la campaña en tu contra; te apuesto a que sales a la semana.

Luana miraba sonriente cómo ellos llevaban una contienda de ideas. Violet boqueaba sin encontrar una respuesta, y eso era muy divertido.

—Yo…, yo… permitiré que solo tío Thor tenga su videojuego en casa, el resto mandaré a destruirlos, y el tuyo será el primero —dijo elevando ambas cejas en varias oportunidades en un gesto de supremacía.




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