Más allá de la creación

Segunda Verdad: Confianza

La líder de la elite de fuego por fin había tomado una decisión que iniciaría las actividades de su inactiva organización. Todos la miraban con curiosidad, ya que habían pasado pocas horas desde que Annastasia le contó la historia de Gaia II y era obvio que no terminó de hacerlo. No obstante, Marianne ya sabía algo que podría ser el factor determinante para poder seguir con su plan.

—Después de escuchar sobre el pasado, me di cuenta de algo esencial: No podemos ignorar del todo a las demás razas y debemos ganarnos a los humanos por medio del poder y la admiración. Durante mucho tiempo, la humanidad ha visto a Chibi como un gran líder sólo porque derrotó a Kalhammanat y pudo usar magia de los D'Arc. Y no sólo eso, la alianza con los demás reinos es muy importante, porque representan un gran sustento para nuestra ciudad por las diversas aportaciones que se hacen al mes—explicó Marianne con inteligencia y astucia.

—Has vencido al piromante azul de la leyenda del reino del fuego. ¿Qué no es suficiente?

—No, Joseph. El bastardo sigue por ahí. No cuenta como un verdadero logro haberlo «derrotado». Como entendí, Cogito, ergo sum es muy estricto en cuanto a pruebas, y si deseamos que nos abran sus puertas, necesitamos evidencias y hechos como tal. No lo que sucedió allá.

—Exacto, Marianne. MoA no será muy difícil de manipular si movemos los hilos adecuados, pero Cogito, Ergo Sum es otra historia. Lo más recomendable es hacernos de un nombre en el que puedan confiar para acercarnos y así crear una voz que tenga influencia dentro del gremio.

—Pero, Annastasia. Sabes que los miembros de CES son muy especiales para ese tipo de cosas. ¿Cómo piensan crearse de una fama tal que haga a estos eruditos abrirles las puertas? Ni siquiera escuchan a Maynard y eso que lo respetan bastante.

—Muy sencillo, amiga. Necesitamos tener una buena relación con la familia Pridh. —Al decir esto Joseph se rio de las palabras de su líder, mientras que Ken ponía tensa la faz y Kantry no decía absolutamente nada. Annastasia sólo veía la situación y cómo Marianne sonreía, confiada.

—No, no, no. Creo que no estás entendiendo esto bien, Marianne.

—Por supuesto que lo entiendo, Joseph. La familia Pridh es muy influyente y todos aspiran a ser como ellos. La civilización de los dragones, además de ser la más extensa, es bien reconocida por su fuerte política e inquebrantable paz. Si conseguimos el favor de los Pridh, de tal manera que los siete reinos puedan apreciar nuestra influencia con ellos, se verán obligados a abrirnos las puertas en todos lados. —La pelirroja hablaba muy segura, como si hubiera descubierto la fórmula perfecta para poder llevar a cabo su plan. Sin embargo, los demás no se podían creer aquello.

—No es eso, Marianne. Los dragones no son fáciles de contactar por más raro que parezca. Sí, Annastasia y Herald hablan con algunos. De hecho, con el mismo, pero eso pasó hace muchos años y con mucha suerte. Tienes que entender la realidad: Lo que pides, ser aliados reconocidos por la familia Pridh, es prácticamente imposible para un humano. Lo máximo que puedes conseguir es lo que Annastasia y Herald han logrado.

—Te equivocas, recuerda que Luxio mencionó que soy la elegida del Gran Amo Pridhreghdi.

—Siendo honesto —intervino Joseph ya más serio—, no tengo idea de qué signifique eso; mas ten por seguro que no es lo que parece. Los dragones, sobre todo las auraformas, actúan de una forma bastante desordenada e ilógica para cualquier ser pensante de nuestro mundo.

—«Los pensamientos lógicos son para los aburridos» —citó la líder casi susurrando, con la mirada baja y sosteniendo su barbilla—. Luxio me entregó su «favor». —Todos voltearon hacia la mujer pelirroja, recordado cómo aquella vez la auraforma prima anaranjada entregó a Marianne un orbe de luz naranja con el símbolo de los Pridh. Aquel fue introducido en su cuerpo y parecía que aún seguía dentro de ella. —Algo debe de significar o para algo ha de servir. Estoy segura de ello y tengo el presentimiento de que me puede acercar a los Pridh.

—No lo sé, Marianne. Los Pridh son raros, sobre todo las auraformas.

—Estoy consciente de eso, Joseph. Y por eso creo que debo ir a ver a otra auraforma de la misma categoría que Luxio —aseguró la mujer al ponerse de pie.

—¿A qué te refieres? —cuestionó Annastasia, extrañada.

—Fácil. Estoy segura que hay más de una auraforma prima. —Dicha declaración dejó sin palabras a los demás, desconcertados.

—L-la verdad nunca había pensado en esa posibilidad. Siempre he visto sólo a Luxio y eso ya es mucho decir. Hay que tener una suerte tremenda para avistarlo al menos una vez en la vida, y como somos «personas influyentes», creo que por eso lo hemos conseguido —respondió el aperlado, recargado en su asiento y cruzado los brazos, pensativo.

—Yo jamás lo había visto hasta que se nos puso cara a cara en la fortaleza de las ánimas. Sé que Ken lo conocía, al igual que Annastasia y Joseph, pero no sé cuántos miembros de nuestra organización hayan tenido contacto con él —aclaró Kantry, un poco avergonzada.

—¿Por qué crees eso, Marianne?

—Cuando estaba en 3akat también encontré muchas auraformas pequeñas de colores como las que despliega Luxio, a diferencia de algo importante: Siempre que veía a la auraforma, me daba cuenta que podía percibir manifestaciones de luz que representaban seis de los siete colores del arcoíris, lo cual se me hacía bastante extraño. Luxio es una auraforma que desprende de su cuerpo los siete colores del espectro visual: Morado, Azul, Celeste, Verde, Amarillo, Naranja y Rojo. Los mismos colores que hay por fuegos sagrados según las historias que se cuentan sobre la creación de ese poderoso elemento. Si esto así: ¿Por qué no hay pequeñas auraformas de color naranja? Me di cuenta del porqué al ver que Luxio, en realidad, es de color naranja. Porque él, al ser la auraforma naranja, no puede producir otras auraformas de este color, sólo de los seis restantes.




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