Más allá de la creación

Tercer Verdad: Fidelidad

Los miembros de la Elite de fuego caminaban hacia la niebla, cubiertos con largas túnicas de color café oscuro, encapuchados y con googles para que no vieran bien sus rostros. Joseph, a diferencia de los demás, estaba cubierto por la capa de invisibilidad de la pelirroja, oculto detrás del grupo.

Marianne iba por enfrente, quien se distinguía por los tacones y el sonido que estos producían al caminar. La pelirroja daba pasos seguros, mas se detuvo frente a la densa pared de vapor, donde miró hacia atrás e hizo una pequeña expresión de nostalgia, reflejado que no deseaba irse.

—¿Estás segura de esto? —preguntó Annastasia sin pensarlo. Marianne la miró a los ojos, segura, y le sonrió confiada, expresada una terrible ambición por medio de la curva que formaban sus labios, puesta la mirada hacia enfrente y continuando su camino con la vista en alto.

—¿Por qué dudaría, Annastasia? —Aclarado aquello, el recorrido continuó, hasta que todos vieron cómo una figura borrosa, que parecía ser un miembro de la Parvada roja, se aproximaba a ellos, por lo que se prepararon para combatir, notado que Marianne sólo sonrió ante eso.

—Veo que por fin han llegado —habló una voz que estaba posicionada detrás de ellos.

Asustados, los presentes voltearon hacia atrás, excepto Annastasia y Marianne, pues ellas sabían lo que estaba pasando. Detrás no había nada, y pronto una risilla se escuchó frente al grupo, por lo que regresaron sus ojos para ver que se trataba de Emmitt Uoka, a quien la pelirroja esperaba.

—¡Emmitt! ¡Qué agradable sorpresa! —expresó la mujer y se acercó al chico para abrazarlo de manera afectuosa después de haberse retirado los googles y la capucha de la cabeza.

—Es un gusto verte de nuevo, chica pelirroja.

—Marianne... Marianne Ozuna es mi nombre —respondió orgullosa la líder, cambiada la expresión del joven de pícaro a extrema alegría e impresión.

—¡Lo recuerdas! ¡Increíble! Por fin has logrado recuperar tus memorias, ¿cierto?

—Así es, y veo que has estado ocupado —dijo Marianne al notar la vestimenta de su amigo, pues era un poco más uniformada y, sobre todo, porque llevaba un paliacate azul sobre el cuello.

—¿Esto? Es sólo una pequeña representación de mi esfuerzo. Nada más que eso —agregó orgulloso, tocada aquella tela de color frío—. Oye, pero cuéntame: ¿Qué paso con el piromante azul encapuchado? ¿Cuándo fue que llegaste aquí a Terra Nova? ¿Ahora que harás después de todo esto? Y, ¿quiénes son ellos? —preguntó el joven, a la par que todos descubrían sus rostros a excepción de Joseph, quien seguía invisible a menos que le dictaran lo contrario.

Emmitt se quedó más que impresionado al ver a los tres miembros de la elite de fuego con vida. Era obvio decir que se estaban pavoneando ante la situación, algo que Marianne seguro practicó con ellos para cuando se presentaran ante Toledo o alguien de suma importancia.

—No puedo creerlo —dijo el joven con anteojos—. La elite de fuego ha resurgido. Al menos algunos de sus miembros...

—Así es —interrumpió la líder—. Somos los que quedamos, Emmitt. Seguiremos con nuestros objetivos, tal como puedes ver, y es ahora cuando más necesitamos el apoyo de mis aliados.

—Por supuesto que te ayudaré, Marianne. Cuenta con eso —prometió el hombre al ponerse recto y hacer el saludo de la Parvada roja, mismo que representaba honor, lealtad y compromiso. Marianne sabía aquello, pues Annastasia le había instruido como es debido, por lo que se alegró.

—Bien. Primero que nada: ¿Cómo sabias que estaríamos aquí? Lo esperaba, mas tengo curiosidad.

—Creo que ya sabes la respuesta si lo piensas bien.

—Nono...

—Sí. Me dijo que te vería aquí y me pidió que les dijera de su parte que fueran hacia Catopolis lo más pronto posible para hablar del acuerdo hecho. —Después de estas palabras, Annastasia miró a su líder, respondida aquella acción con un rostro lleno de confianza que la pelirroja le dedicó.

—Yo di mi palabra. De hecho, vamos hacia allá en estos momentos, aunque no lo había confirmado a mis subordinados y amigos. Me gustaría que vinieras, Emmitt. Tu compañía siempre es de mucho agrado —agregó la mujer de manera amable, satisfecha con la actuación de Annastasia, pues era común entre ellos fingir que Marianne sabe cosas que los demás no.

—No puedo, aunque quiera. Ahora tengo más responsabilidades aquí en Terra Nova. A parte, no quiero estorbar en tus planes. Esto es algo que como elite van a hacer. No obstante, estaré aquí en la ciudad para cuando decidas aclarar todo lo referente a lo ocurrido antes. Tu juicio te espera, Marianne Ozuna —aclaró Emmitt, usado el mismo tono y seriedad de Kyle.

La mujer no pudo evitar recordar a dicho sujeto al ver a Emmitt de brazos cruzados, con esa misma mirada retadora y compasiva. Esto, lejos de ofenderla, le trajo buenos recuerdos y ganas de ver de nuevo al sujeto en cuestión.

—Por supuesto que resolveremos eso. Tan pronto arregle unos pequeños asuntos, te prometo, en nombre de mi organización, que volveré para efectuar tal juicio.

—Marianne...

—Más no sin antes habiendo puesto sobre la mesa todas las reglas y condiciones que me piden para llevar a cabo esto en paz—interrumpió la mujer a Kantry, quien dijo su nombre en un tono preocupado, también actuado con anterioridad—. Espero puedas arreglar eso, amigo —terminó de decirle a Emmitt, el cual se quedó impactado al ver el nivel de autoridad y poder que la mujer poseía sobre los demás.

—Tenlo por seguro. Para salir de Terra Nova vayan por la zona africana. Es la menos cuidada en estos momentos porque requerimos algo de ayuda en la de oceanía y américa —aclaró el joven señalando hacia el noroeste—. Les deseo éxito y suerte en su pequeño viaje. La ciudad de Catopolis... ¡Oh! Es verdad, ahora los tienes a ellos. Kantry, Annastasia y Ken ya han ido hasta allá. No necesitas que te diga dónde está —terminó por decir Emmitt, dada la mano por Marianne para despedirse de él.




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