Todos voltearon hacia la entrada del negocio de lazzi, sólo para encontrarse con Alex Kha, una bestia gato poseedor de una alabarda en su espalda y una jitte colgada en su cinturón del lado derecho. El chico se veía muy contento a comparación de la última vez que Marianne lo vio, tanto así que a la mujer le extrañó verlo sonreír por primera vez, además que llevaba ropa ligera.
—Alex. ¡Qué gusto verte! —expresó Marianne y fue hasta donde se hallaba aquel para recibirlo con un saludo de manos que la bestia transformó en un abrazo cariñoso. Cosa que hizo dudar a la pelirroja, pues empezaba a creer que éste era una persona diferente. Por su parte, las demás no lo vieron raro, pues los gatos del sitio habían sido igual de afectuosos con la líder.
—Supongo que vienes a ver al rey Toledo, ¿no es así? —preguntó Alex después de soltar a Marianne. Ella asintió y el chico la tomó de la mano en favor de jalarla hacia la salida—. ¡Entonces vamos! No querrás hacer esperar al soberano de estas tierras. —Lazzi se impresionó mucho, por lo que saltó hasta el otro lado de la vitrina donde estaban sus invitados para despedirse, alegre.
—Espero que puedas venir pronto a platicar. De haber sabido que venias a ver a nuestro rey, te hubiera llevado con él de inmediato —aclaró la chica gato al darle su mano a Marianne, misma que la aceptó en son de despedida, hecho lo mismo con las demás y dejada atrás la tienda.
—Supongo que ya conoces a Kantry y Annastasia, Alex. No son desconocidas en los siete reinos.
—Así es. Se quienes son, pero nunca las había visto. ¡Mucho gusto! Me alegra que no hayan sido asesinadas como sus demás compañeros. Mi más sentido pésame —expresó la bestia con algo de tristeza, provocado que Kantry sonriera nerviosa y dicho que no se preocupara. Annastasia sólo cerró sus ojos y agradeció lo dicho por el gato.
—Por cierto. ¿Ya sabes cómo te llamas o aún no recuerdas eso?
—Sí, ya lo sé. Mi nombre es Marianne Ozuna. Líder de la Elite de fuego. —Estás palabras, lejos de impresionar a la bestia, lo dejaron sólo callado y viendo a la mujer directo al rostro.
La pelirroja se sintió un poco incomoda por esto, así que le miró con incertidumbre, levantada una ceja para denotar que se sentía extrañada, a lo que Alex contestó.
—¡Qué feo nombre! Creí que tendrías uno más impresionante... —Marianne no dijo ya nada, sólo puso una cara de decepción, a la par que Kantry no evitó soltar una carcajada que resonó alto, llamada la atención de los transeúntes cercanos. Inclusive Annastasia tuvo que mirar al lado contrario de su risueña amiga para intentar no burlarse también, emitida una sonrisita silenciosa.
—¡Annastasia! ¡Tú también? —preguntó Marianne algo ofendida, pero con buen humor, mirando a sus dos amigas para que guardaran silencio.
—Veo que te llevas muy bien con ellas.
—Son mis mejores amigas. Las amo más que a mi propia vida. —Esto hizo que las mujeres la vieran con ternura, para luego Kantry seguir riendo, sujetado su estómago con ambos brazos.
—¡Ja, ja, ja! Lo siento... Es que no puedo superarlo. ¡Ja, ja, ja! —continuaba la mujer, molesta Marianne.
El grupo llegó hasta el palacio del rey. Aquel era un castillo gigantesco, cuyos salones estaban conformados por altos techos, imponentes columnas y numerosos bancos de arena, así como estanques que tenían serpientes dentro, iluminado todo por las delgadas y largas ventanas que no poseían cristal alguno.
Pronto, Alex encaró a una docena de guardias que cuidaban lo que parecía ser la sala del trono, mismos a los que el gato de orejas blancas habló en el idioma original de dichas tierras, para luego aquellos abrir las pesadas puertas de piedra color arena que tenían por encima labrado el símbolo de Catopolis, así como figuras de antiguas bestias gato importantes.
Dentro de la sala, al fondo, se notaba el trono del rey Toledo, donde el soberano se encontraba sentado, con ambos brazos recostados en su imponente espacio real. Al lado del trono se hallaba un gigantesco cojín y una vasija con mucha carne fresca. Sobre aquella cómoda almohadilla reposaba una enorme bestia gato parecida a un puma. Dicha parecía dormida y, por ello mismo, no prestaba nada de atención a las visitantes.
Toledo no se inmutó al verlos, sólo espero a que el grupo se acercara para saludar y presentarse, cosa que hicieron al estar posicionadas a unos cuantos metros del trono y de sus siete escalones.
—Traigo ante usted, mi rey, a Marianne Ozuna. Piromante púrpura de la leyenda de «El reino del fuego». Líder de la Elite de fuego. Ganadora del sexto torneo de la aniquilación. Protectora de nuestro reino, Catopolis —anunció Alex, puestos títulos a Marianne que ni ella había pensado.
El rey entonces rio un poco y dirigió su rostro a su subordinado.
—¡Trae a Nono y a Nana, Alex! ¡No tardes! —ordenó el rey al gato, quien hizo una reverencia y pasó a retirarse—. Veo que ya recuerdas tu nombre, Marianne, líder de la maldita Elite de fuego. Es un honor poder nombrarte —aclaró el rey, sonriente. Aquel poseía una apariencia muy similar a la que la pelirroja recordaba de él. Parecía un gran zar corpulento con orejas de león.
—El honor es mío, rey Toledo. Me presentó aquí ante usted para recordarle y afirmar que nuestra alianza sigue en pie. Aunque haya recuperado todas mis memorias, mi palabra es más poderosa que mis ideales. Defenderé su reino ante el ataque que será efectuado dentro de poco. —Las palabras de la líder sonaban fuerte y claras; imponentes y confiadas. Una gran seguridad creció en el rey, pero también se sintió algo intimidado.
—¡Oh! Ya veo. Veo que siempre fuiste algo engreída, Marianne Ozuna. Muy impresionante.
—Me halaga, mi rey. Espero no sea ningún problema para usted, pues no está entre mis intenciones faltarle al respeto.
—¡Ja, ja, ja! No me hagas reír, humana. No creas que es fácil hacer enojar a una bestia gato. Sólo quería aclarar que, en definitiva, no eres la persona que conocí en Techtra hace unos meses atrás. La mujer pelirroja sin recuerdos es una persona muy diferente a Marianne Ozuna, líder de la Elite de fuego —especificó el rey con una sonrisa sombría, idéntica a la de su aliada pelirroja.