Más allá de la creación

Quinta Verdad: Oportunistas

Las tres mujeres se quedaron viendo el lugar al que intentaban llegar. El Abismo de la angustia había sido cubierto por un montón de viejas tablas, apiladas con oxidados clavos torcidos que reflejaban el poco esfuerzo de la construcción de esta barrera.

Alrededor de esto, una cuadrilla de 3aghuols se encontraban divagando. Era obvio pensar que Nicolás era el responsable de esto. Debió causarle un enorme coraje lo que pasó con Marianne tiempo atrás que decidió tapar el agujero sin pensarlo dos veces.

—Ese maldito ridículo —expresó la mujer pelirroja, dado un paso hacia adelante. Aunque rápido fue detenida por Annastasia, quien colocó su báculo en forma horizontal por enfrente de su líder.

—Espera. Déjame hacer algo primero —pidió la mujer de ojos ámbar, permitida la acción.

Annastasia dio unos cuantos pasos al frente y puso su báculo por enfrente, golpeado el piso con su extremo liso. Esto provocó que varios anillos y campanillas que lleva en la parte superior se agitaran, creado un sonido que llamó la atención de los 3aghuols.

—¿Annie? —preguntó Kantry, preocupada por la reacción de estos seres, a los cuales miraba con furia, apretados sus puños. Marianne no cambio de expresión, sólo continuó con la mirada sobre su amiga al cruzar sus brazos.

Un poderoso circulo mágico apareció por debajo de la chica de cabello castaño cenizo para revelar el símbolo de los Pridh y emitir un aura de luz alrededor de ésta. Eso logró cubrir el panorama y provocó que aquella barricada creada en la entrada del pozo brillara en celeste, mientras que los 3aghuols destellaban en un color anaranjado.

—Como lo suponía —habló la chica de vestimenta blanca, relajado su cuerpo y desparecido tanto el circulo como la luz revelada. Annastasia miró a sus amigas y notó que la pelirroja brillaba en azul. Sólo ella sabía lo que ocurría y prosiguió a explicar—. Usé un hechizo muy sencillo llamado: detectar magia. Con el puedes ver todo lo que esté encantado o posea propiedades mágicas. No obstante, yo no soy un mago, hechicero o brujo. Mi profesión es la de un clérigo, por lo tanto, mi hechizo es producido por aura y es capaz también de detectar el tipo de magia que tienen los objetos. En este caso, los 3aghuos poseen magia naranja. Significa que se usó mana para revivirlos. Tú, Marianne, tenías un brillo azul. Eso significa que magia espiritual está dentro de ti —aclaró la mujer, señalado el sello de la Elite de fuego.

—Ya veo. Conque eso fue. Eso significa que la barricada tiene otro tipo de magia, ¿no es así? —cuestionó la líder, quien se acercó y luego miró a los 3aghuols que la observaban con curiosidad.

—Efectivamente. Es magia fantasmal. Por desgracia, no podemos hacerle nada a esa barricada, pues esa madera tiene propiedad ectoplasmicas. Esto impedirá que nuestras armas le hagan algún tipo de daño físico. Sí tratamos de usar magia, entonces pueden pasar dos cosas: La primera es que se destruya la barricada —comentó Annastasia, para luego hacer una pausa.

—Déjame adivinar: La segunda opción es que liberemos un ejército de fantasmas y espectros atrapados en esa madera. Lo que nos pondría en el penoso caso de terminar rodeadas por una gigantesca multitud —respondió Kantry, asentido por la clérigo. Marianne respiró hondo, molesta.

—¿Cómo lo solucionamos? —preguntó ya muy enojada la pelirroja. Al ver esto, Annastasia la vio a los ojos y trató de conservar la calma, pues lo que iba a decir podría provocar algo inconveniente.

—Hay que hacer que Nicolás la retire —contestó Annastasia, cosa que hizo a su líder voltear la mirada a otro lado, fruncir el ceño y apretar los labios—. Antes de cualquier cosa, recomiendo irnos a un lugar donde estemos más cómodas. Hay muchos pájaros en el alambre. —La castaña volteó hacia a los 3aghuols, mismos que no dejaban de ver a las mujeres encapuchadas.

—Bien, conozco un lugar para hacer eso —aclaró Marianne y caminó al norte del reino, seguida por sus amigas.

Las tres mujeres dejaron atrás a los monstruos de carne y arribaron hasta la iglesia de 3akat, mismas que tenía un aspecto espeluznante, con vitrales por todos lados y un altar sombrío que era digno de una secta malévola, aunque los instrumentos dorados e ídolos demostraban lo contrario.

Ahí, las extranjeras consiguieron sentarse en una de las tantas bancas viejas de madera que hay en la capilla principal, frente al altar. Mismo lugar que se hallaba, como Marianne lo recordaba, vacío en casi su totalidad, a excepción de un hombre que dormía hasta frente de los asientos. Además, los fantasmas presentes estaban en un limbo de rezos, nadie les pondría atención.

—Aquí es apropiado para discutir nuestros asuntos —aseguró la líder, dada su espalda al altar.

—Menos mal que hay asientos. Estoy ya cansada de estar parada y más con esas polkas que se escuchan de fondo. Me hacen querer estar muerta —comentó Kantry, desparramada en la banca.

—¡Como odio a ese idiota! —expresó Marianne una vez acomodada al lado de sus amigas, las cuales la miraban extrañadas.

—Supongo que, después de que demostraste que tenías una alianza con la familia Pridh, Nicolás se encargó de que no volvieras a bajar hasta aquella auraforma. Eso significa que él tiene perfecto conocimiento de ésta como lo dijo el rey Toledo —aclaró Annastasia, cosa que no calmó a su líder.

—No lo sé. Nicolás es muy tonto. Yo supongo que sólo lo tapó porque le recordaba lo que pasó cuando viniste hasta acá —afirmó Kantry, teoría que sólo consiguió enfadar más a Marianne.

—¡Lo que sea! Hay que hacer que ese maldito haragán quite esa obstrucción de mi camino. —La mujer cerró los ojos unos momentos y pensó un poco sus siguientes palabras. —Se supone que haríamos esto rápido y saldríamos sin problemas. ¡Qué fastidio! —Cruzó sus brazos e hizo un puchero, cosa que hizo a las demás reír un poco y girar los ojos.

—Sí, es molesto —replicó una voz a lo lejos, ocasionado que las tres extranjeras expresaran un «¿eh?» al unísono, cuyas miradas estaban ahora en dirección a donde el hombre dormido estaba. Desde allí delante, pudieron notar cómo aquel sujeto les daba la espalda, con ambos brazos recostados y estirados a los lados sobre el espaldar de la banca en la que reposaba, lanzada su cabeza hacia atrás, misma que guindaba en el aire y observaba hacia el techo—. Nicolás siempre encuentra la manera de molestarnos a todos. Eso es un hecho. Algo que no necesita ser previsto, pues ya está escrito en las mentes de aquellos quienes son sus próximas victimas —decía el hombre, con una sonrisa en su rostro que apenas podían ver las mujeres.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.