La oscuridad cubría el reino de los fantasmas. En Gespenstischer Königreich la noche era idéntica como en cualquier otro reino, pues en el día una densa capa de nubes cubre el cielo, pero en la noche ésta se disuelve para dejar ver el cielo nocturno repleto de estrellas acompañado de la luna.
Los faros nocturnos del reino se encendieron con una luz celeste tenue, alumbradas las frías y muertas calles de 3akat, a la par que la música se volvía más fúnebre y tranquila. Ya cambiado el ambiente del reino, los fantasmas aparecieron al por mayor. Ahora, de verdad, parecía un lugar bien habitado, pues un montón de espectros recorrían las calles de 3akat. Desde fantasmas de niños hasta ancianos podrían notarse, con ropas comunes y apariencias más casuales.
La Elite de fuego se había embarcado hacia la iglesia del reino. Sin embargo, no habían encontrado nada allí adentro más que un montón de fantasmas que parecían estar allí rezando y conversando en voz baja, a la par que un clérigo se hallaba en el altar recibiendo a los que llegaban. Por ello, el pequeño grupo decidió explorar el reino al ver tanta actividad en la noche.
—¡Vaya! Al parecer sí hay fantasmas normales aquí —expresó Marianne al ver a los verdaderos habitantes de 3akat.
—En el día los fantasmas que se ven son sólo guardias y comerciantes. Es difícil encontrar un habitante como tal a esas horas, pues a los espectros les gusta más salir en la noche por razones que nadie conoce. Aquellos que vienen a 3akat a morir se convierten de inmediato en parte de la milicia del reino. Por otro lado, los que llegan aquí siendo fantasmas, son recibidos sin ningún tipo de ofrenda, pues pertenecen ya al reino —explicó Annastasia, cuya mirada admiraba el panorama.
—Ellos... ¿Cómo es su existencia aquí?
—Yo podría ayudar con eso —respondió Eurimipe del Narciso a la pregunta de la pelirroja, quien era un elfo fantasmal de cabellera dorada y ojos verdes, el cual fue alguna vez un rey de Yajitawa, hogar de los elfos—. La existencia de aquellos fantasmas que llegaron aquí muertos es una maravilla. No ocupamos nada más que un lugar para existir, y el reino, gracias a sus grandes riquezas, tiene lo necesario para volver la existencia de estas personas un paraíso. Todos aquí son muy felices, las penas no existen en este reino para los seres que han muerto. Muchos llegan aquí con pena y un corazón roto, como los niños que han perdido a sus padres y su oportunidad de crecer. No obstante, se les da todo en 3akat para que olviden eso y tengan la opción de cruzar al otro lado o quedarse aquí a disfrutar de una existencia eterna sin dolor mortal o preocupaciones. —Aquellas palabras impresionaron a Marianne, notados algunos niños jugar con una especie de pelota fantasmal en medio del parque depresif kare.
—Es un placer volverlo a ver, Eurimipe del Narciso. Mi nombre es Marianne Ozuna —replicó la líder ante el fantasma, hecha una reverencia como lo hacen los fotízetai, provocado que sus acompañantes hicieran lo mismo.
—Marianne, el placer es mío. Me alegra que nos hayas venido a ver una vez más. Sin duda, tu presencia en esta ciudad es un regocijo para todos. Nos ayudaste a recuperar los fondos de la ciudad, y gracias a eso, estos niños tienen un hogar en donde pasar el día. El pueblo está muy agradecido contigo —replicó el fantasma con una sonrisa que iluminaba muy bien su rostro—. ¿A qué se debe su visita, señorita Marianne? —preguntó el espectro con notable curiosidad y no era de esperarse, a cualquier vivo no le gustaría quedarse mucho tiempo en aquellas tierras.
—He venido a visitar el Abismo de la angustia con mis compañeros y amigos. Kantry, Annastasia y Ken —expresó la mujer al presentar al grupo, alegre el elfo de saludarlos.
—Conque el Abgrund der Angst. Supongo que encontraste algo interesante allá abajo, ¿no es así?
—Efectivamente, mi rey. En estos momentos nos dirigíamos hacia allá, pero pensé en llegar a la iglesia para agradecer a alguien por su ayuda. Lástima no le encontré allí, por ello vine hasta el parque a buscarle. Mas parece que tampoco se encuentra aquí —explicó Marianne, decepcionada.
—Entiendo. Si gustan puedo acompañarlos hasta el Abgrund der angst. A menos de que sea mucha molestia. —La petición fue bien recibida por la mujer, lo que hizo a Eurimipe ofrecer su brazo a la mujer para ir acompañados, logrado ser tocado por Marianne, alegre de continuar.
En el camino, el fantasma élfico contó a Marianne y sus acompañantes increíbles historias sobre su reino, Yajitawa, revelados increíbles sucesos que acontecieron gran parte de la historia de esta increíble y prospera raza. Aquel relato contado por el antiguo monarca impresionó a todos en su momento, quedando grabada en sus mentes el fantástico cuento.
La noche parecía ser un regalo exquisito. La tranquilidad de la noche y el deleite de ver a los muertos convivir era, sin dudas, un ambiente más apacible a comparación del que se podía observar en el día. Marianne comprendió entonces lo que Aldo trataba de decirle, aunque no era ya tiempo como para poder volver y disculparse. No ahora.
El grupo llegó hasta el Abismo de la angustia, en donde los guardias continuaban trabajando en quitar la gran cantidad de tablas que se habían colocado allí para obstruir el paso.
Una vez allí, todos vieron cómo el trabajo estaba a punto de ser terminado. Esto provocó que la mujer y el fantasma se separaran, sembrada una sonrisa sincera en ambos.
—Sé que no debería decir esto, pero la auraforma que se encuentra al fondo del Abgrund der angst es un gran amigo de nuestro reino —confesó Eurimipe sin que nadie se lo pidiera o insinuara, dejado boquiabiertos a todos—. Comúnmente le gusta hacer travesuras, mueve objetos de lugar o roba algunas cosas. Si aquellos que reciben este trato no se molestan por ello, encuentran sus cosas de vuelta con increíbles premios como piedras preciosas e incluso objetos con gran magia. Casi no se le ve en persona, pero avistarlo significa que será un buen día para el reino. —Estas palabras llenaron de mucha fe el corazón de Marianne, pues parecía tratarse de una auraforma buena con la cual no batallaría en ningún sentido al querer hablar con ella.