Más allá de la creación

Octava Verdad: Empatía

Como un poderoso haz de luz, Marianne salió disparada desde el Abismo de la angustia junto a un gran espectáculo de varios colores que llenaron los alrededores de emoción por parte de los presentes, recibida la líder de la elite de fuego por estos con mucha alegría.

La pelirroja descendió hasta donde estaban los miembros de la elite, cuyo aterrizaje fue suave gracias a sus poderes telequinéticos, perdida la luz de su cuerpo una vez en el suelo.

—Lo lograste, ¿no es así?

—En efecto, Annastasia —respondió Marianne sin poder evitar regresarle una sonrisa confiada.

—Ha sido todo un éxito —comentó Anthony acercándose a la pelirroja con un rostro que parecía bastante jovial, pero algo adormilado—. Ya es hora que continúes en la senda que elegiste. Hoy será un día que nunca olvidaremos el pueblo de 3akat y yo. Gracias por tu ayuda, Marianne —expresó el hombre con confianza, provocados los aplausos de la gente del sitio.

—Es para mí un honor poder ser útil. Ten confianza en que seremos aliados por siempre.

—¿Aún no te has ido? —Interrumpió Nicolás al hacerse presente en la escena con Aldo y B2. El rey de los fantasmas se veía bastante molesto y su camino fue abierto por la multitud, a la par que estos seres fantasmales agachaban su cuerpo ante él en símbolo de verdadero respeto.

—Nicolás. No se preocupe, su majestad. Estábamos a punto de irnos.

—La verdad es que no sé si debería dejar irte. Me has insultado lo suficiente como para que lance a todo mi ejercito hacia ti y tu estúpido club de tontos humanos. Dame una buena razón para que no lo haga —amenazó el soberano, mientras Aldo ponía una de sus manos en su katana y B2 fruncía el ceño. Era obvio que ambos se estaban preparando para un combate.

Annastasia, Ken y Kantry también se pusieron tensos, era obvio decir que los tres se hallaban más qué listos para una confrontación. Por otro lado, Marianne sólo acuñó en cruzarse de brazos y dar dos pasos al frente hacia Nicolas, con la mirada puesta en sus ojos con una expresión seria.

El silencio gobernó unos momentos, se notaba que entre ambos había un rencor que no los dejaba tranquilos ni un momento, y por ello fue la mujer quien habló para romper aquel momento tenso.

—Lo siento, Nicolás. Por favor, acepte mis más sinceras disculp... —Las palabras de Marianne dejaron atónitos a todos, mas antes de terminar, el ruido de una explosión que provino desde las espaldas del rey a la distancia se escuchó sonoro y ensordecedor. Nicolás, al ver qué había ocurrido, se dio cuenta que una gran cantidad de humo salía de su castillo, acompañado de otra explosión que se notaba provenir del mismo lugar de donde ocurrió la primera.

—Parece ser que tienes verdaderos problemas en casa —comentó Anthony de forma bastante altanera y burlesca—. Si me lo preguntas, creo que esa carta de los Cinq Bandits tenía otro objetivo. Dudo que la Princesa te la haya mandado para hacerte saber la verdad —terminó de decir el visionario, molesto Nicolás por ello e indeciso en qué acciones tomar.

—Esto no termina aquí, mujer pelirroja —replicó Nicolás enfurecido—. Tus disculpas de porquería no valen nada. Tan pronto resuelva esto, iré detrás de ti. Tenlo por seguro —prometió aquel y dirigió a sus aliados al castillo, retirado junto con ellos y dándole la espalda a la Elite de fuego.

Marianne no hizo más, sólo se dio la media vuelta, se despidió de sus allegados en 3akat y caminó junto a sus subordinados y amigos hacia la puerta, dejado atrás lo ocurrido, hasta que salieron del reino y una voz se acercó a el grupo de la elite, aclarado lo sucedido.

—Salió justo como lo esperabas, Marianne —declaró Joseph, cosa que sorprendió a los demás.

—Hiciste un excelente trabajo. Destruiste la carta, ¿no?

—La reemplacé y traje conmigo la original.

—¡Maravilloso!

—¡Vámonos ya! Tengo muchas ganas de comer algo y dormir. Esto de viajar entre los reinos me pareció muy agotador —terminó de agregar Kantry, después de escuchar cómo Marianne y Joseph conversaban sobre lo ocurrido.

Antes de salir del Abismo de la angustia, Marianne planeó su escape, pues ella sabía que Nicolás no la dejaría ir así nada más. Ella estaba segura que el soberano de los fantasmas intentaría interponerse en su camino, por ello, decidió usar a Joseph para crear una simple distracción que le diera la oportunidad de escapar y tenía los elementos perfectos para hacerlo.

...

Marianne subía con una gran velocidad por el Abismo de la angustia, pensbaa en cómo podría distraer lo suficiente al rey para que ella y sus camaradas pudieran salir de 3akat sin problemas y fue entonces que recordó la carta que la Princesa le había mandado a Nicolás, al igual que en todos los usos que podía darle para crear una distracción. Ella pensó en sus tiempos, donde las cartas podían contener veneno o inclusive pequeños explosivos para asesinar a quien la abrió. Esto era sin dudas un buen plan, ya que la Princesa sólo envió la misiva para pavonearse. Era obvio pensar la correspondencia pudiera tener otra intención. No sonaba para nada descabellado.

Rápido, sin pensarlo ya mucho, contactó a Joseph con su comunicador auricular. El hombre tardó unos segundos en contestar, pero al final, lo hizo.

—¿Estás viva o lista para heredarme algo? —preguntó el chico de forma sarcástica al contestar.

—¿Aún sigues cerca del castillo?

—Algo.

—Bien —el tono de la mujer cambio junto a su rostro, del cual nació una siniestra sonrisa—. Necesito que entres y localices la carta de la Princesa. Me parece que Nicolas no la tiene en su poder. En caso de no encontrarla, avísame y seguiremos incluso así con este plan: No cortaré la llamada contigo en ningún momento y quiero que, desde donde encuentres la carta o estés en el momento que yo hable con Nicolas, recrees una explosión en el castillo que se pueda ver desde el exterior. Lo harás en el momento que yo diga: «sinceras». Luego, escaparás de ahí una vez que hagas una segunda distracción igual. ¿Entendido?




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