Más allá de la creación

Decima Verdad: Inesperado

Aquel artefacto que Herald creó había liberado un poderoso simulador de un hechizo que los magos utilizan para destruir barreras mágicas y remover encantamientos. Éste probó ser efectivo en contra del castillo de Parada, liberado de la magia que lo protegía, logrado que Marianne, Annastasia y Kantry pudieran acercarse a aquel sin ser detectas o detenidas por hechicería.

Las tres mujeres subieron hasta el techo, en donde la gran cúpula con ventanas que usó la pelirroja para entrar por primera vez al palacio se encuentra. Ya allí, Marianne utilizó sus sorprendentes poderes para abrirse paso de un sólo movimiento, destrozada una de las ventanas, a la par que provocaba que una alarma sonara por ello.

—¿Ahora qué?

—Te lo dije —respondió Annastasia a su líder—, los magos instalan también muchas cosas mecánicas que no dependen de la magia. Aunque Herald haya desactivado cada dispositivo mágico, de alguna manera existen sistemas que funcionan en caso que la magia haya sido derrocada.

—¿Entonces ya saben que vamos?

—Tal parece que sí, Kantry —respondió la pelirroja, confiada—. Pero ya no importa, estamos cerca de nuestro objetivo. —Las tres mujeres saltaron hacia el interior del castillo, en donde varios guardias las esperaban y lanzaron desde sus báculos numeroso proyectiles de energía.

Annastasia, tan pronto vio esta agresión, golpeó el suelo con su propia arma mágica, creado alrededor de ella y sus aliadas una barrera de luz que repelió los proyectiles. Al hacer esto, Kantry chocó sus puños con fuerza por enfrente de su pecho, creadas lenguas de fuego y escarcha helada de aquella colisión, para después golpear el suelo con los nudillos de ambas manos. Dicha acción invocó dos círculos mágicos debajo de ella: uno celeste y otro rojo. El poder que Kantry había llamado desplegó grietas en el suelo que fueron dando paso a geiseres de lava y fuertes corrientes congelantes. Dichas acabaron con cada uno de los guardias que se encontraban en las cercanías, salvados por la magia de Annastasia para que los golpes no los asesinaran.

Al estar despejado, las mujeres se adentraron más al palacio mágico. Kantry apartó a cualquier guardia al emplear varios puñetazos de fuego, mientras que Annastasia arrojaba luz que los cegaba y paralizaba. Marianne sólo se encargaba de avanzar, hasta que llegaron a un elevador. Las mujeres se introdujeron en éste y, detrás de ellas, Kantry cubrió la entrada con una pared helada.

Dentro, Marianne puso su dedo índice izquierdo en su frente, jalado hacia afuera para sacar una pequeña llama purpura que, con un movimiento de muñeca, manipuló rápido hasta convertirla en un guardia de Techtra, el mismo que las guío hasta Parada. Éste, al igual como lo hizo la primera vez, tecleó la clave del elevador para activarlo, pues aquel era el recuerdo de lo que había sucedido en su llegada.

—¡Listo! —aclaró la pelirroja, destruido el hombre hecho de fuego púrpura y vuelto una simple llama que devolvió a su mente—. Ahora sólo hay que presionar aquí —declarado esto, la pelirroja accionó el botón especial del que ya se había discutido, el que tenía el símbolo de los Pridh. Con esa acción consiguió que el elevador de color celeste se volviera de color blanco con las orillas amarillas, al igual que en cada pared apreció el símbolo de los Pridh de ese claro color.

El elevador, de inmediato, bajó a una velocidad increíble, lo que hizo a las extranjeras sujetarse de las paredes, excepto la líder, quien sólo se cruzó de brazos y sonrió al momento. El medio de transporte iba tan rápido que parecía que estaba cayendo, hasta que pareció detenerse, provocado que Annastasia y Kantry cayeran al suelo, abiertas las puertas de par en par para revelar un largo pasillo oculto por la oscuridad sin un aparente fondo, con azulejos de color azul metálico bastante lustrosos.

—¡Henos aquí! —dijo a mujer pelirroja dando unos cuantos pasos hacia afuera, evitado chocar con Kantry, pues había quedado de cabeza en una esquina del ascensor con las piernas arriba, mientras que Annastasia se encontraba al contrario de ella, sentada con ambas manos extendidas y sujetadas de las paredes aledañas.

—¿En verdad será aquí? —preguntó Kantry al ponerse de pie para seguir a Marianne, al igual que Annastasia, la cual sacudió su atuendo primero y después vio al fondo del pasillo.

—Está algo oscuro. Permíteme ayudar. —La sacerdotisa chocó la parte baja de su báculo en el suelo. Eso originó que su alrededor se iluminara e hizo que las orillas de los azulejos se volvieran blancas, aclarado el pasillo hasta el fondo, revelada una cámara a la distancia.

—En definitiva, estamos en el lugar correcto —concluyo Marianne al caminar, seguida por sus amigas.

El pasillo mostraba, a lo largo de éste, varios frescos con las imágenes de los antiguos reyes de Techtra, mientras que tenían por enfrente a algunos magos reconocidos por su gran esfuerzo y dedicación que otorgaron al reino. No obstante, algunos de estos se hallaban destrozados, pues alguien pintó de blanco, con una gran brocha, sobre aquellos, sin un orden, hasta cubrir sus rostros y gran parte de su apariencia, colocado encima el símbolo de los Pridh en color amarillo.

—Me llama mucho la atención estos cuadros —comentó la líder, cerca de uno—. ¿Sabes quiénes son, Annastasia? —La pregunta fue respondida tan pronto la mujer de ojos ámbar se acercó a la pintura que su amiga veía para señalar la parte inferior de ésta.

—Al menos a él sí lo conocí. Su nombre era... —Las mujeres vieron los labios de Annastasia moverse, mas hubo silencio tras efectuar la acción.

—¡Oh! Creo saber qué sucede —dijo la pelirroja, leído el nombre de «Caesar Okxlah» en una pequeña placa que se encuentra debajo del cuadro de marco dorado.

Las mujeres continuaron su camino hasta el final del pasillo, encontrada una gigantesca habitación donde sólo estaban varios estandartes blancos con el símbolo de la familia de Pridh en amarillo, colgados en las paredes alrededor de todo el lugar. Enfrente a ellas, dos enormes puertas blancas con un arco por encima se hallaban cerradas, éstas tenían también la insignia de los dragones.




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