Más allá de la creación

Undécima Verdad: Atrofiado

Marianne volaba por una galería repleta de bellos dibujos hechos con pintura amarilla en una superficie negra conformada por azulejos oscuros, cuya forma era torcida conforme aquel largo pasillo se extendía en la oscuridad.

La auraforma prima amarilla, presente en el momento, flotaba al moverse a gran velocidad, dada su espalda a la dirección que tenía como destino su desplazamiento. La chica luminosa, cuya mirada denotaba confianza, alegría y locura, miró a la pelirroja con bastante jubilo. Estaba lista para comenzar cualquier tipo de infame movimiento que pondría en peligro a la mujer, no sin antes conversar sobre el asunto.

—Ya sé que soy cotizada e inalcanzable. Literal, ¡Ja-Ja! —expresó la chica al llevarse su mano derecha cerca de su boca, con su palma viendo hacia su rostro—. Pero, ¿qué me vengan a buscar incluso evadiendo la seguridad del castillo de Techtra? ¡Eso está de lujo! Me agradas, piromante púrpura —continuó la auraforma, acostada en el aire y cruzadas las piernas sin despegar la mirada de Marianne.

—Mi nombre es Marianne Ozuna y he venido hasta acá para pedir que me otorgues tu favor como premio de un juego de Pridhreghdi —dijo la líder de la elite con una ligera sonrisa, atónita la auraforma de esto. Aquella, después de pensarlo un poco, se echó a reír por la increíble seriedad de las palabras de la piromante.

—¿Y qué debo hacer ahora? ¿Presentarme y atender tus exigencias? —preguntó la chica de cabello amarillo, colocada derecha y evitado carcajearse por lo ocurrido—. Soy Mitreg, la auraforma prima amarilla. Y no pienso atender a tus demandas —explicó la anfitriona después de presentarse—. Me halaga que te hayas esforzado en llegar hasta acá. Sí, mereces un premio, supongo, algo más que sólo verme. Mas entiende que exigiendo así las cosas no lograrás nada.

—Entiendo y me disculpo por ello.

—No, no lo haces —respondió Mitreg más seria, todavía sonriendo, pero de forma oscura—. Eres una persona manipuladora. Puedo verlo que haces creer a los demás que posees empatía y desasosiego por sus problemas o tu falta de cuidado al tratarlos. No obstante, es falso, una falacia. La hipocresía no es sólo el hecho de tratar a una persona diferente a como la percibes, a cómo crees que debería ser tratada. No, también es el conjunto de acciones y decisiones que tomas a la hora de hablar, de convivir, de incluso torcer sus pensamientos hasta conseguir lo que necesitas. Es horrendo, ¿no es así? Es hermoso, ¿debería considerarlo correcto? La manipulación por medio de la hipocresía es algo que los mortales manejan muy a menudo para conseguir sus pequeños e insignificantes objetivos. A veces se usa para fines poco lucros o personales; pero en otras ocasiones, pueden llegar a destruirlo todo. Es fácil hacerlo, es difícil conservarlo y es super entretenido observarlo —explicó la auraforma prima al burlarse de Marianne.

—Entiendo. Supongo que no hay forma ya de poder hacer el trato.

—Te equivocas —expresó Mitreg—, siempre hay una forma de continuar.

—Te escucho.

—Para negociar, apostar o jugar, necesitas ofrecer algo, Marianne Ozuna. ¿Qué es lo que tienes que me pueda interesar? ¿Qué es lo que podría tener una humana como tú que yo, una auraforma inmortal, desee?

—No tengo la más mínima idea... —respondió la pelirroja, apenada por la situación—. Me gustaría saber si usted tiene una propuesta.

—Claro —aclaró rápidamente Mitreg—. Tus ojos me interesan —continuó la mujer a la par que provocaba que Marianne apretara un poco el rostro al saber la respuesta de la auraforma.

—Mis... ojos...

—¡Sí! Son muy bellos en realidad. Eran de color cobrizo brillante, ¿cierto? Ahora son azul eléctrico gracias a la piromancia azul. ¡Son geniales! ¡Me gustaría tenerlos! Ya se me ocurrirá después qué hacer con ellos —explicaba Mitreg al acercarse un poco a Marianne para ver bien sus pupilas—. ¿Estás lista para apostar tu mirada en este juego de locura y diversión?

—Estoy... ¡Lista!

—¡Perfecto! Entonces podremos comenzar. En este juego de Pridhreghdi intercambiaremos tu vista por mi favor. El ganador... se queda con ambos.

—¿Qué? —Antes que la pelirroja pudiera decir algo, la auraforma levantó su dedo índice por encima de la frente de Marianne, estirado su brazo hacia atrás seguido de ello. Al hacer esto, la luz en la linterna que Santi le dio expulsó varios rayos de luz que chocaron varias veces con las paredes, hasta hacer brillar las pinturas que se encontraban alrededor, lanzada su luz al dedo de Mitreg. Esto creó una profunda oscuridad en el cuatro, la cual fue disipada por un rayo que formó una esfera amarilla con el símbolo de los Pridh en blanco.

Aquella esfera fue arrojada a Marianne y ésta la recibió en sus manos, logrado introducirse en su ser. El favor de Mitreg había entrado en ella. No obstante, algo extraño ocurrió. Un extraño calor fue expulsado por detrás de los globos oculares de la mujer, notado con su mirada que detrás de estos una poderosa luz salía por ellos.

La caliente y poderosa energía luminosa terminó por expulsar los ojos de Marianne de su rostro. Aquello logró que la piromante echara un grito al aire por el dolor, al mismo tiempo que la auraforma reía como loca en presencia de lo sucedido, guiados los hacia Mitreg gracias al camino que formó con su dedo desde la frente de la pelirroja.

—¿Qué has hecho? ¡Yo no hubiera aceptado de saber que harías esto! —exclamaba Marianne, cubiertos sus huecos oculares con ambas manos para tratar que la sangre no saliera por ellos y deteniendo el vuelo, puestos los lentes de Maynard sobre su frente.

—¡Ey! ¡No te detengas! —ordenaba la auraforma, cerca de la mujer—. Debemos continuar con el juego de Pridhreghdi. Si no, estos pequeños me pertenecerán para siempre —continuó bufándose de lo ocurrido, al mismo tiempo que ponía los ojos azules de la pelirroja entre sus dedos cordial, índice y anular, sostenidos con su mano extendida y observando ambos hacia la líder de la elite.




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