Más allá de la creación

Tredécima Verdad: Descubrimientos

El reino de las brujas permanecía sombrío. A pesar de ser de día, una ligera tormenta azotaba el reino, dejado ver entre la gruesa capa de nubes grises el destellar del sol que muy apenas lograba iluminar el gigantesco bosque templado que representaba aquel sitio.

La tierra se encontraba húmeda y el pasto era muy alto, tanto así que llegaba a hasta por encima de las rodillas de las chicas que se adentraron a aquel siniestro sitio, mojadas por la ligera lluvia que las alcanzaba entre los altos robles, encinos y diferentes árboles que parecían no estar muy acordes con el ambiente que se presentaba alrededor.

—¡Qué raro! —expresó la pelirroja al observar aquella peculiaridad en la flora.

—¿Qué pasó? —preguntó Annastasia al verle, desconcertada.

—¿Te das cuenta que hay muchos árboles que no deberían poder sobrevivir a este clima? E independientemente de eso, hay algunos que ni siquiera deberían estar cerca de otros. Son de ambientes muy diferentes —explicó la líder, observado con detalle a lo que se refería Marianne.

—Eso es porque aquí todo crece gracias a la magia —contestó la duda Nana, no pudiendo evitar escucharlas o entrometerse en la plática—. Este reino se rige por el poderoso mana que la tierra produce. Gracias a ello, cualquier planta puede crecer sin problemas. Por si no lo sabían, la flora es la especie viviente que más manipula el mana, pues siempre permanecen pegados a la tierra, de donde éste brota. Se dice que las plantas, entre más mana tengan, más grandes y fuertes se vuelven. Hay casos en donde, inclusive, pueden tomar vida y moverse gracias a la influencia de dicha energía —explicó la gata al acercarse a un gran sauce para tocar su corteza. Las mujeres la observaron con curiosidad. Entendían que, al ser una bestia gato, sentía una gran conexión con este tipo de cosas.

—Interesante. Entonces, ¿el clima de este sitio siempre es así?

—No, el clima de Alloggiamento ombreggiato es muy inestable. Puede estar soleado un día y lluvioso otro, terminado en nevada el siguiente. Es muy variable y es todo un epicentro de diversión para las brujas y las otras razas que viven aquí. Una molestia para los viajeros, como nosotros. No obstante, gracias a los eventos de la luna carmesí, la lluvia parece no detenerse para nada. Es por eso que hay tanto lodo y hasta pequeñas ciénagas que se han levantado en zonas donde no debería de haberlas —comentó Nana al avistar lo antes dicho en los alrededores.

El grupo anduvo detrás de la pelirosa durante un rato, hasta que enormes construcciones se hicieron visibles a la distancia. Extravaganzza, el reino de las brujas, se asomó hasta volverse por completo visible a los ojos de las mujeres que se adentraron a aquel reino lleno de hechicería.

Por donde se viera, se podían observar las casas construidas con piedra, madera y otros materiales similares. Eso hacia ver el lugar algo rustico, pero a la vez pintoresco. Los colores de las casas eran todos grises y la lluvia parecía golpear un poco más fuerte en el lugar, dejadas las calles con ligeras corrientes de agua, abandonadas éstas por las brujas.

El cielo era sin duda más gris ahí, y el panorama se sentía pesado y sombrío gracias a la soledad. A pesar de haber muchas casas, no se veía una sola bruja en los alrededores, puesto el camino libre para las visitas que siguieron adentrándose al reino y al enorme castillo victoriano que resaltaba entre la vasta gama de colonias que se extendían por todos lados, recreado entre ellas bellos parques abandonados, plazas fantasmales y tiendas deshabitadas.

—¿Alguna razón en particular por la que las brujas no deseen salir cuando hay lluvia? No se derriten, ¿o sí? —preguntó la pelirroja, todavía siguiendo a la chica gato.

—¡Ja, ja, ja! No, para nada. Lo que pasa es que el agua hace difícil el control de la magia. Sólo las brujas más poderosas son las capaces de utilizar hechizos relacionados con dicho elemento.

—¿Eso porque sucede?

—Simple, el mana fluye desde la tierra hacia cualquier otro elemento como el aire, el agua o el fuego. Las brujas, como todo ser vivo, también absorben el mana del suelo y con él pueden manipular sus alrededor. Sin embargo, de los cuatro elementos, el menos estable gracias al mana es el agua y se debe a su constante fluidez. A diferencia del viento, que es libre, o el fuego, que consume, el agua es un constante flujo de energía. Por lo tanto, no es fácil manipularlo. Es necesario un gran poder y concentración para dominar dicha magia. Las brujas intentan evadir esto y es por eso que el arte en sí está casi perdido —terminó de explicar Kantry, pensativa.

—¡Qué fascinante! Me interesa el conocimiento que los reinos tienen que ofrecer —alegó Marianne con una sonrisa plácida entre la fría lluvia.

—Supongo que después de esta búsqueda podrás darte tiempo para ello —atinó Nana, sonriente.

Sin más, el grupo arribó a las puertas del palacio, resguardado por dos singulares guardias: una alta y musculosa y otra pequeña y delgada. A su vez, ahí se hallaba una figura femenina y pequeña al pie de las escaleras que daban al portón principal, misma que era una chica de tez aperlada y cabello negro lacio que llevaba puesta lindas prendas debajo de una gabardina amarilla de plástico transparente, lo que dejaba ver su atuendo. También llevaba una sombrilla del mismo material.

—¡Oh! ¡Qué agradable sorpresa! ¡Visitas! —mencionó la mujer bastante emocionada al ver al conjunto de extranjeras que estaban frente a ella.

—Whita Bluecrown. ¡Es un honor poder verte de nuevo! —contestó Nana después de agachar un poco su cabeza en forma de reverencia al ver a la bruja.

—Nana Kira. El honor es mío, sin duda alguna —reiteró Whita al recrear la misma cordialidad de la bestia gato—. ¿Acaso tienen audiencia con la reina o buscan algo más? —preguntó la chica una vez que levantó la mirada hacia el grupo de mujeres.

—En realidad, no tenemos una cita como tal. Queríamos saber si la reina está disponible en este momento —explicó la chica gato como portavoz de la elite en el momento.




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