Más allá de la creación

Decimosexta Verdad: Diversión

El hielo en las paredes de la caverna Drak'Led reflejaban una extraña luz que parecía iluminar de una manera paranormal el sitio. El frío dentro de esta cueva mantenía manantiales, cascadas y ríos congelados, adornando de forma bella el lugar por donde se viese, a la par que aquella extraña iluminación recreaba un sórdido ambiente gélido para aquellos que visitaban la peculiar zona.

Aunque las teorías volaban entre los mortales, la más obvia y que fundamentaba bien la luz del lugar era que ahí, en la congelada cueva, se encontraba el Templo de la caverna, territorio de la noble y pura familia Pridh. Los dragones, seres formados a partir de luz, conservaban la zona esclarecida. A pesar que el templo descansa en medio de aquella formación natural, de vez en cuando, los súbditos drakonianos solían recorrer la gruta para revisar que siga sin problemas que pudiera afectar la vivienda principal.

Aquel día, la líder de la Elite de fuego visitó la casa de los dragones. Ésta llegó caminando con sus tacones blancos por la vereda de azulejos helados que lleva hasta las puertas del templo, mientras pasaba al lado de grandes columnas de hielo en forma de cascadas que brotaban del techo. Al estar enfrente del guardia del templo, Marianne se detuvo con su abrigo color café ocre, sólo para ver cómo el serpentino dragón astral se levantaba en favor de observarla.

—Jaknehy, es un gusto que nos volvamos a ver —saludó la mujer, sorprendido aquel de verla y sonriendo al escuchar esas palabras.

—El gusto es mío, mujer piromante.

—Mi nombre es Marianne Ozuna. Ya puedes llamarme por él —comentó la mujer, alegre.

—Lo has logrado. ¡Recuerdas quién eres! Supongo, entonces, que no sólo has venido a contarme eso, Marianne. Por favor, platícame: ¿A qué debo la visita de tan bella manipuladora del fuego de la mente? —preguntó el imponente dragón de color menta, a la par que agachaba su cabeza para ver a los ojos de la visitante.

—Es verdad, amigo. No sólo he venido a saludarte —confesó la pelirroja de manera alegre y segura—, aunque sí quería cumplir con mi promesa al decirte mi nombre, también tengo una duda y sé que tú puedes ayudarme con ella —continuó la pelirroja, lo que puso algo nervioso al dragón.

—Por favor, continua —pidió Jaknehy, entrecerrados sus ojos y mostrados sus afilados dientes.

—Tal vez lo sepas. Seguro que sí —afirmó Marianne, altanera—. Estoy reuniendo los favores de las auraformas primas y tengo algunas respecto a eso. —Jaknehy rio al escuchar las palabras de la humana. Era obvio que él sabía algo, se notaba por la forma en la se burlaba de lo dicho.

—Es verdad, todas las auraformas sabemos perfectamente que estás reuniendo dichos favores. Hasta ahora, has logrado conseguir cuatro de ellos. Tienes la mayoría en tu poder —declaró el dragón de color menta, ya calmada un poco su risa—. Has logrado vencer en el juego de Pridhreghdi a Luxio, Mitreg, Priddy y Josdh. Es muy impresionante lo lejos que estás llegando y el paso en el que lo haces. Sin duda, eres la comidilla de nuestra familia en estos momentos —aseguró el dragón, cuyas declaraciones ocasionaron el crecimiento del gran ego de la pelirroja, cuya sonrisa se manifestó de momento, orgullosa.

—Gracias. Ahora, quisiera saber si eres tan amable de responder: ¿Qué pasará si reúno todos los favores? ¿Para qué sirven por separado? ¿Por qué sólo los reyes saben dónde se encuentran las auraformas prima? —preguntó con desfachatez la líder, cosa que hizo al rostro de Jaknehy pasar de uno alegre a otro serio.

El dragón astral pensó unos momentos antes de decir cualquier cosa, como si estuviera eligiendo las palabras con las que iba a responder a dichas dudas que, sin mucho reparo, debería de poder contestar con facilidad al tratarse de una auraforma de Pridh.

—Siendo honesto, no puedo responderte apropiadamente a dos de tus preguntas —declaró el dragón con una voz ronca y algo baja, con una seriedad que hacía pesado el ambiente—. No obstante, déjame decirte las razones y lo que puedo comentarte. Para empezar, está prohibido que te diga qué pasará si reúnes todos los favores. Lo que sí puedo decirte es que, en efecto, algo sucederá. Algo que muchos de los mortales han deseado alguna vez poder hacer u obtener. Tampoco puedo decirte qué hace cada favor por separado, aunque es muy obvio si lo piensas bien —explicó el dragón, interrumpido por Marianne.

—No hacen nada... —dedujo la mujer, dicho con una voz llena de decepción tajante.

—Qué lista me saliste... ¡Je, je, je! —contestó Jaknehy sin aclarar la verdad que trató de dilucidar la pelirroja—. Por último, las auraformas primas trabajan de una manera muy peculiar y extraña. No sabría decirte con exactitud la razón por la cual se ocultan; pero, lo que sí sé es que desean ser encontradas. Es por ello que les dijeron su paradero a los líderes de cada reino, aunque algunas, como Priddy, no se oculte del todo, al igual que Luxio —terminó de explicar el dragón, lo que dejó aún más dudas en Marianne.

La mujer llevó su mano a su mentón para tratar de pensar en lo dicho por la, sacadas sus propias conclusiones de momento. Aunque ya de nada servía pensar mucho, era obvio que la información importante la familia de Pridh está oculta por alguna razón y, conociendo la forma de trabajar de las auraformas prima, sería otra odisea el descubrir dichas cosas por separado.

—¡Bien! Supongo que con eso será suficiente —aclaró la mujer con un ligero tono de decepción—. Muchas gracias por todo, Jaknehy. Ha sido un gusto volverte a ver —aseguró la mujer mientras hacía una pequeña reverencia, para luego darse la media vuelta y así retirarse.

—Espera, Marianne —dijo el dragón cuando apenas la mujer había dado unos cuantos pasos. Aquella acción hizo que ella sonriera al momento de parar su retiro, volteada hacia Jaknehy con un rostro serio—. Al recibir todos los favores tendrás que hacer una elección. Antes lo sentiste, sé que fue así. Es una muy buena opción el utilizarlo ahí —recomendó el dragón sin ser claro, pues trataba de darle pistas a la mujer de algo, aunque tenía poca esperanza de que ella entendiera.




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