Más allá de la creación

Decimoséptima Verdad: Velocidad

Los días continuaron pasando hasta que llegó el día de la carrera Rengo. Los concursantes se acomodaron para partir desde el mercado Sohabashi, en donde se construyó la línea de salida.

Marianne y las demás ya se encontraban presentes. EL grupo observaba cómo la mujer de cabello rojo, aún encapuchada, se colocaba en uno de los carriles de salida marcados en el suelo, parada con las piernas separadas y los brazos cruzados. A su vez, varios elementales se hallaban al lado de la humana en ambos costados, preparados para iniciar la carrera y examinados por el público acomodado en las gradas recién levantadas por los mismos elementales de tierra que parecen estar bajo las órdenes del rey Ariel, el cual poseía un asiento muy aparatoso entre todo el público, acompañado de Félix, el elemental de fuego que Marianne reconocía de la reunión en Techtra.

La gente exclamaba con emoción, pedían a gritos que la carrera comenzara y estos fueron silenciados cuando Félix levantó su mano, lo que anunció que el rey iba a dar su discurso.

—¡Bienvenidos sean todos a la carrera Rengo numero 978: una celebración de la paz y la hermosa convivencia entre todos los elementales de Atrazia, así como sus cuatro regiones! El día de hoy se hará la carrera alrededor del castillo pasando por las cuatro zonas que conforman nuestro reino en sentido contrario a las manecillas del reloj, mientras se evita salir de la línea mágica marcada por los magos de Techtra. Las reglas son simples: Deben llegar hasta la meta antes que cualquiera para ganar. Se pueden usar vehículos, mientras estos no contaminen nuestro reino. No se permite el uso de fuerza letal. Cualquiera que asesine a un competidor, recibirá el castigo más fuerte de nuestra tierra. Así que ya saben, tan pronto dé la señal, la carrera comenzará y al haber un ganador, a éste se le concederá un favor por parte de la corona —explicó el rey, provocada la emoción de todos los presentes, incluidos los diferentes elementales que participarán.

De pronto, Félix saltó desde el alto asiento real hasta caer en la pista. Al estar abajo, éste tronó sus dedos para invocar una especie de nave metálica desde un círculo mágico rojo con varios triángulos como símbolos principales. Aquel vehículo era muy parecido a las naves que Herald tiene en el espacio, por no decir que es idéntica.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó Marianne, respondida por Félix con orgullo.

—Un piroata esclavo la hizo para mí. Le robó la idea a un miembro de la Elite de fuego —contestó el hombre con cabello de fuego, puestos unos googles en sus ojos y subiéndose al vehículo para cerrar su compuerta. A la par que esto sucedía, desde la entrada a la Sala de las puertas, emergió una nave espacial individual que dio una rápida vuelta por la zona, acomodada al lado de Marianne al final y provocado que algunos competidores le abrieran el paso.

Del vehículo, brotó Herald, bajado de inmediato y pasándole unas llaves a la pelirroja.

—Perdona la demora. Aquí tienes lo que me pediste hace unos días. Más te vale ganar —expresó el hombre, notado el modelo de nave que estaba empleando Félix—. Conque para eso me robaron esos planos los malditos piroatas. Para que cayeran en manos enemigas —argumentó el ciborg de manera bastante molesta, observado bien esto—. Muy linda la réplica. Está bien hecha, sólo que ya es obsoleta —aseguró el ingeniero, cambiada la expresión de Félix a una de molestia.

—¿Tú sabías de esto?

—Sí —contesto Herald suspirando—. Hace tiempo unos piroatas lograron infiltrarse en la MHN-001 y robaron los planos del mismo vehículo que usaste para escapar. Éste usa energía para moverse, como la piromancia. Es por eso que puede ser usada por Félix, un elemental de fuego—explicó el ingeniero al hacerse a un lado—. Quiero ver la carrera, así que subiré a las gradas con las demás. ¡Éxito! —Una vez que terminó de enunciar esas palabras, Herald dio un gran salto y quedó al lado de Annastasia y Nana, puesto entre ellas.

—Al menos hubieras avisado... —Se quejó la chica de ojos ámbar, a la par que Herald sólo se cruzaba de brazos y sacaba el pecho para ver cómo la carrera comenzaba.

Antes de subirse al vehículo, Marianne tomó su capa encapuchada y la jaló hasta retirarla de encima, arrojada al viento y revelada su identidad a todos. Esto impresionó a muchos e hizo fruncir el ceño del rey, el cual no dijo nada al respecto.

Rápido, las cámaras que transmitirían la carrera a los demás reinos se acercaron a la mujer y tomaron varias fotos, contemplado cómo subía a la nave que Herald le había construido, para luego cerrar la escotilla de cristal por encima de ella, acomodada en su asiento e introduciendo sus manos en una especie de tubos con una especie de tela que servían como los comandos del aparato, de donde éste es controlado.

—¡Qué gane el mejor! —deseó Ariel a todos, levantadoy elevada su mano derecha—. En sus marcas. Listos... ¡Fuera! —Dicho esto, una burbuja de agua estalló por encima de su mano. Aquello creó un tremendo ruido y provocó que todos salieran de la línea de meta. Aunque sólo unos cuantos iban delante.

Sin sorprender a nadie, Félix y Marianne no estaban solos hasta enfrente, había tres elementales casi tan rápidos como ellos e iban sin usar ningún tipo de vehículo. Era un elemental de viento, uno eléctrico y uno de luz. Rápido, los concursantes se adentraron a la zona de fuego de Atrazia. Las montañas secas y los ardientes volcanes se vieron ya cercanos a Marianne y a los demás, adentrados estos en ellas, dadas vueltas para evitar bolas de fuego, geiseres y magma.

Félix aprovechó que conocía muy bien la zona y aceleró de sobremanera usando sus habilidades sobre el fuego, adelantado un poco de los demás. Marianne, ni corta, ni perezosa, hizo lo mismo, impulsada con el fuego púrpura. Ambos fueron haciéndose más delante, lado a lado, hasta que una roca volcánica tuvo que separarlos, evadida por ambos al último minuto.




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