Más allá de la creación

Décimo octava Verdad: Intercambio

En el cielo encima de la gran torre del palacio Kaiwa miles de luces naranja eran esparcidas por doquier, creado un espectáculo único en medio del crepúsculo, acompañado de una danza peculiar entre dos enemigos que trataban de golpearse para ganar un loco juego apostándolo todo.

Marianne continuaba el lanzamiento a discreción de un montón de flechas creadas con fuego púrpura, intentado dar con ellas a Luxio, quien la había acompañado en su viaje por Gaia II para recuperar su memoria. Meses atrás, la mujer pelirroja había vencido a Luxio en la extinta Fortaleza de las ánimas, cuartel general de la Elite de fuego. Aunque eso le importaba poco a la auraforma.

Cientos de luces naranjas se proyectaban en el cielo, evadidas por la pelirroja, la cual volaba entre el infierno de balas, escuchada la risa de su oponente a todo momento, al mismo tiempo que la noche cubrió el panorama del horizonte, lo que hizo más nítida la batalla en el reino, fascinados los elementales que admiraban dicho espectáculo naranja y púrpura.

Luxio parecía no querer detenerse en su subida al manto celeste, mas ya le comenzaba a afectar a la mujer, quien sentía la presión del ambiente y un frío que raspaba su piel. Notado aquello, la auraforma, sin piedad, seguía atacándola para ganar el juego antes comenzado por mero capricho. Y, aunque sus posibilidades iban aumentando, Marianne se las ingenió para, con una flecha lanzada desde su arco, terminar dándole a Luxio el golpe número setenta y siete, con lo que venció en el reto, notada una aparatosa explosión de luces danzantes color naranja que iluminó el cielo de Atrazia por completo.

—¡Ey! Eso fue demasiado pronto. ¿No crees que es apropiado un poco más de tención en estos encuentros? —Se quejó Luxio, detenido al momento, alcanzado por la pelirroja a la misma altura.

—Ya te había vencido, Luxio. Considéralo mi forma de protestar contra esta locura.

—¡Ja-ja! No me digas —contestó la auraforma bufándose de la mujer, sonriente—. Como sea, creo que te mereces que te devuelva esto. —Una poderosa luz se reunió en el brazo de Luxio, formado el favor que le había robado a Marianne y entregándoselo de vuelta.

—¡Gracias, Luxio! —expresó la mujer ya más tranquila para continuar con la conversación—. Fuera de tonterías, me gustaría ayudarte a buscar a Regor. Sé que es parte importante de la familia Pridh y, aunque desee también encontrarle por mis propios motivos, eso no quita que deba poner de mi parte para ayudarte. Al fin y al cabo, te considero un gran aliado —aseguró Marianne, misma que temblaba por el frío que sentía

—Entiendo... Supongo que un poco de ayuda no me vendrá mal. La última vez que vi a Regor me dijo que iba a buscar algo en Vitanovus. Es por eso que le estuve buscando ahí en específico. No sé nada sobre él desde entonces... Sí me gustaría que, si lo encuentras, le dijeras que, por favor, se reporte de inmediato conmigo —pidió la auraforma de forma amable, puestas sus manos a los costados de su cintura.

—Hay algo más que me gustaría comentarte, Luxio.

—¡Adelante! —invitó la auraforma, creada una cara que denotaba gran curiosidad.

—Pues verás, en Terra Nova un humano ha lograd... —Antes de seguir, una voz le habló a la pelirroja por medio del intercomunicador que tenía en su oreja derecha.

—¡Marianne! Espero hayas terminado con tu trabajo allá arriba, porque abajo tenemos problemas. Más vale que te apresures —comentó el ingeniero desde el comunicador, lo que alertó a la mujer a bajar de inmediato para ayudarles.

—¿Pasa algo? —preguntó la auraforma, pues vio cómo de repente la mujer ya no dijo nada y se enfadó sin razón aparente.

—Perdona, Luxio. Supongo que tendremos esta charla después. Allá abajo están en peligro mis camaradas y mi deber como líder es ayudarles —explicó apresurada, generada una confiada sonrisa en el ser de luz, cruzado sus brazos al momento.

—¡Ve, Marianne! Nos volveremos a ver. No lo dudes —aseguró el dragón, a la par que observaba cómo la mujer se lanzaba en picada hacia la superficie de la tierra, molesta.

La líder voló tan rápido que era difícil ver cómo descendía hacia su destino. Así ella se colocó los lentes que le dio Maynard y con estos consiguió notar cómo sus camaradas estaban rodeados por varias personas, incluidas el rey de Atrazia, el cual desplegó sus soldados entre las multitudes de humanos, fantasmas y magos.

La líder de la elite, como siempre, arribó de manera impactante al lugar, pues cayó al lado de sus aliados, a la par que destrozaba sus alas al hacerlo, dejado que cientos de plumas cayeran por encima de los presentes.

La entrada alertó a los presentes, los cuales levantaron sus armas y se formaron para combatir a los miembros de la Elite de fuego, incluida entre ellos a Nana.

—Parece ser que me perdí de algo, ¿no es así, su majestad? —enunció Marianne, observada por Ariel en despectiva desde atrás de sus subordinados, por enfrente a la entrada a su palacio.

—En estos momentos ya eres considerada un enemigo de la Alianza, mujer. Tus días de libertad en los siete reinos están por terminar. Espero estés lista —explicó el rey, aplaudido dos veces para que los guardias se acercaran lento, preparados para atacar.

—¿Cómo llegaron a esa conclusión?

—Con evidencia. Es claro ahora, estás quebrantando la paz y las leyes de los reinos —habló una voz que emergió de entre los humanos de la Parvada roja que se hallaban ahí presentes.

—Kyle. Un gusto verte de nuevo —comentó la mujer, observado cómo del aura de Kyle brotaba Roger, su auraforma.

—Espero estés lista para encarar tu juicio, Marianne —amenazó la abeja, segura y lista.

—¿Crees que esto es necesario, Kyle?

—No, pero no hay de otra. Nicolás y Parada insistieron en que ya era hora de que se te capturara antes de dejarte molestar a más reinos como Extravaganzza y Yajitawa. Incluso, Terra Nova —admitió el hombre al desenrollar su látigo blanco y golpear el suelo con él.




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