Más allá de la creación

Última Verdad: Ilógica

La líder de la Elite de fuego corría tan rápido como sus piernas le permitían, a la par que dejaba atrás a Escoria para dar una noticia y órdenes a sus subordinados y amigos.

—¡Qué estúpida he sido! ¿Qué demonios me está pasando? —Se decía la mujer al recordar las palabras de Nana: «Por desgracia, las cartas guía no pueden guiarte entre los siete reinos. Debes estar en el reino indicado para que sólo tú puedas ver el camino». Desde aquel día debió darse cuenta que la carta guía no llevaba a un lugar, sino a un quién. O más bien, a quienes.

Marianne abrió la puerta de la casa y sorprendió a todos perdiendo el tiempo, asustados al verla.

—¡Reúnanse en este instante! ¡Debemos actuar en este preciso momento! —ordenó la mujer, reunidos a todos en la sala. A su vez, ella guardó la carta guía entre sus ropas—. Pongan atención, porque sólo lo diré una vez. Ya sé dónde se encuentra una de las auraformas e iré a buscarla por mi cuenta. Mientras hago eso, quiero que se preparen para cualquier cosa junto con Maynard y Herald. Necesito que los llamen y estén en la iglesia del Genesis lo más pronto posible. Iris les dará asilo sin pensarlo dos veces, estoy segura de ello. Tendré mi comunicador activado para darles las ordenes necesarias que nos llevarán al triunfo y clausura de esta misión. ¿Entendido?

—Sí —dijeron todos al unísono, levantada la mano Annastasia para hacer una pregunta.

—¡Adelante! ¿Qué dudas tienes?

—No sabes dónde está con exactitud, ¿cierto?

—Sí, pero sé que se encuentra cerca y estoy segura que ocuparé su ayuda una vez que obtenga su favor. Tal vez antes. Todo dependerá de cuánto tarden en reunirse con Herald y yo con la auraforma. —La mujer de ojos ámbar asintió y todos se pusieron de pie.

Al unísono, los presentes recitaron el lema de la Elite de fuego, para después reunir sus manos y separarlas en favor que Marianne levante una llama púrpura por encima de su palma.

—¡Hagámoslo! —La orden fue dada y todos se alistaron para salir. Marianne se colocó la capa que le regalaron en Yajitawa, cuyos bordados apenas recuperaban su color plateado, adornada la mujer con joyería de plata y unos zapatos de tacón del color de la capa.

Todos salieron de la casa y corrieron en direcciones diferentes. Marianne saltó lo más alto posible hasta transformarse en un albatros que pegó un grito, listo para surcar los cielos de Terra Nova hasta salir del alcance de la vista de la metrópolis, vuelta humano al desplegar sus alas púrpuras y sostener la carta guía por enfrente, la cual la guiaba a un bosque que se avistaba a la distancia.

—Conque ahí estás —dijo la mujer, dado vuelo al atravesar el cielo confiada y lista para el juego.

Pronto, la mujer se adentró al vasto bosque, y la gran cantidad de penumbra que parecía atraer aquel extraño lugar le extrañó un poco. Le pareció sentir algún tipo de sensación de nostalgia y pesadez en el pecho al introducirse más a dicha zona, hasta que vio a su objetivo. Al darse cuenta que estaba ahí, Marianne bajó la velocidad y aterrizó frente al sujeto que la carta guía apuntaba.

—Por fin te encuentro, Roger —enunció la mujer, confiada. Esto provocó que la auraforma volteara hacia ella, extrañado y molesto—. ¿O debería decir... Regor? —preguntó la mujer con sarcasmo, cruzada de brazos e inclinada su cadera.

—¡Vaya, vaya, vaya! Parece ser que alguien logró descubrir lo que pasa aquí —dijo la auraforma, revelada que, en efecto, se trataba de Regor, la auraforma de Catopolis—. Es evidente que te subestimé, Marianne Ozuna. Así como mis cinco hermanos lo hicieron al perder los juegos de Pridhreghdi —continuó la auraforma, repleta de una energía arcoíris que brotó de la nada.

—Mentiste, Regor. ¿Qué no se supone que los dragones no pueden mentir?

—Yo jamás mentí. Le dije a Kyle que yo había nacido de su aura, y es verdad. Esta forma que ves nació de la combinación del aura de Kyle y la del gran amo Pridhreghdi. Nunca me atrevería a enunciar tal cosa como lo es una falacia. No me compares contigo, Marianne Ozuna. —La auraforma dio vueltas sobre su propio eje hasta que un resplandor azul salió de él, revelado a un hombre delgado con ropas azules, una gran gabardina y un casco de aviador que poseía antenas.

—Me alegra saber que estaba en lo correcto. Espero estés listo.

—¿Eh? ¡Arruinaste mi plan! Tardé mucho en ocultarme para encontrar al dragón de la oscuridad y ahora que echaste meses de esfuerzo a la basura, ¿crees que tienes el derecho de hablarme?

—¡Por supuesto! ¡Vamos a jugar un juego de Pridhreghdi para que me concedas tu favor!

—¿Estás loca? ¡Acabas de joderme! ¿Por qué demonios te haría caso? ¿Qué clase de lógica es esa, humana? —Al escuchar esas preguntas, Marianne comenzó a reír como desquiciada, lista con sus alas para iniciar vuelo y el juego entre ambos.

—¿Qué acaso no lo sabes?

—¡Je, je, je! ¿Cómo no saberlo? ¡Todos lo sabemos!

—«¡Los pensamientos lógicos son para los aburridos!» —Dicho esto por ambos al unísono, el juego de Pridhreghdi comenzó.

Regor saltó hacia atrás desplegando millones de aguijones de color azul que fueron disparados hacia Marianne. Ésta creó una habitación con fuego purpura, encerrada dentro de ella con Regor, lo que le hizo reír como loco, continuada la agresión por púas gigantescas hacia la mujer.

Marianne evadió los proyectiles de la auraforma azul, lanzadas sus flechas a una velocidad increíble, atinada cada una sin parar un sólo segundo en su ataque. Regor, al ver esto, se dejó caer al piso, golpeado éste fuerte con sus pies y logrando crear un oleaje de aguijones que brotaron del suelo, listos para arrollar a la pelirroja. Con un salto, la mujer evadió todo, notado que estos pronto se lanzarían hacia abajo, por lo que voló entre ellos en lugar de quedarse donde mismo.

La risa de Regor llenó el lugar, emitidos más ataques y liberando un látigo de espinas que agitó en dirección a su enemigo. Éste lanzaba más espinas al momento de chocar contra el suelo, proyectadas hacia la pelirroja. Ninguna tuvo éxito y Marianne seguía atinando sus flechas a Regor.




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