Más allá de las máscaras.

11- El aire también pesa.

11- El aire también pesa.
(Punto de vista de Hina)

A veces, cuando el mundo pesa demasiado, ni el silencio es suficiente.
Y yo solo quería… eso.
Silencio.
Espacio.
Un momento para dejar de fingir que estoy bien.

Por eso vine aquí.
A este rincón que nadie recuerda. Donde el aire se siente más ligero… o al menos eso pensé.

Pero el aire también puede doler cuando te aplasta por dentro.

Me senté en el suelo sin importar si la tierra manchaba mi falda. Abracé mis rodillas, como si pudiera protegerme de algo invisible, y dejé que mis pensamientos se deshicieran en la nada.

Me repetí que no pasaba nada si no iba a clases hoy.
Que nadie notaría mi ausencia.
Que Kai…
No.
Él no lo notaría.
Él no es así.

O eso creía.

Porque ahora, algo cambia en el ambiente.
Una vibración. Una presencia.
Antes incluso de girar la cabeza, sé que es él.

Mi pecho se contrae, traicionero.
No quiero que me vea así. No aquí. No rota.
Pero al mismo tiempo, parte de mí se siente… aliviada.
Como si el universo me dijera: No tienes que cargar con todo tú sola.

No lo miro.
No aún.

Escucho sus pasos sobre la grava.
Pausados. Firmes.
Tan Kai como siempre.

Cierro los ojos por un segundo, intentando recuperar el control de mi rostro, de mi respiración, de mí misma.

¿Qué hace aquí?

¿Me buscó?

¿Realmente me buscó?

Mis pensamientos son un caos, pero también hay algo cálido en ellos. Algo que hace que las lágrimas quieran asomar… pero no las dejo.

No esta vez.

Porque si él está aquí, no quiero que me vea como siempre me ve el resto del mundo: frágil.

Quiero que me vea fuerte. Aunque esté temblando por dentro.

Y entonces, sin pensarlo, hablo. Mi voz suena más serena de lo que esperaba.

- Sabía que si alguien me encontraría… serías tú.

Silencio.

Luego, sus pasos se detienen justo detrás de mí.

No lo veo, pero lo siento cerca.
Tan cerca que el aire entre nosotros se vuelve más denso… más real.

No responde de inmediato. Y me alegra.
Porque no vine aquí buscando palabras.
Solo necesitaba a alguien que… se quedara.

Y él lo hizo.

Yo sonrío, aunque no sé por qué. Tal vez por la absurda idea de que, sin decirlo, me entiende.

Abro los ojos.
Miro al cielo.
El mismo cielo de siempre, pero distinto.
Tal vez porque ahora, no lo estoy mirando sola.
No sé cuánto tiempo pasa.
Minutos. Horas. Tal vez solo unos segundos. Pero en mi interior todo ocurre al mismo tiempo.

Hay una tormenta ahí dentro. De esas que no hacen ruido por fuera, pero arrasan por dentro.
Y él está justo ahí.
Sin moverse. Sin preguntar. Sin invadir.
Solo estando.

Nunca nadie había hecho eso.

Todos quieren respuestas. Todos quieren saber qué pasa.
Pero Kai...
Kai solo me da espacio. Silencio. Presencia.

Y eso, de alguna manera, es lo que más me desarma.

Me acomodo en el suelo, fingiendo que no tiemblo por dentro. Él no habla, pero sé que me observa.
Lo siento.
Ese tipo de mirada que no pesa, pero quema.
Que no exige, pero desnuda.

Quiero decirle que estoy cansada.
De todo.
De fingir. De sonreír cuando me estoy rompiendo.
De aguantar las palabras que me trago, el llanto que no sale, los días que me arrastran y no me sueltan.

Pero no sé cómo.

Y entonces pienso en su frase.
"Porque sé que estás rota… pero aún no te rendiste."

Me lo dijo como si viera algo que yo no veo.
Como si, a través de todas mis capas, todavía quedara algo que vale la pena rescatar.

¿Será cierto?

Bajo la cabeza. Me miro las manos. Están temblando.

Y antes de poder detenerme, mis labios se mueven:

- A veces siento que si desapareciera, ni el mundo se daría cuenta.

No espero respuesta.
No necesito que me contradiga.
Solo… necesitaba decirlo.

Y, aun así, él responde.
Con una sola palabra.

- Yo sí.

Mi corazón se detiene un segundo.

No lo miro. No puedo. Si lo hago, me derrumbo.
Pero sus palabras me atraviesan. Me golpean con una dulzura que duele.

Y por primera vez en mucho tiempo, no me siento invisible.
Ni débil.
Ni insignificante.




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