
Kevdio2024: Hola a todos, quizás se preguntarán por qué me ven vestido de vampiro, aquí en un bosque lleno de niebla, pues justamente porque de eso se trata este nuevo universo que creé, donde se tocará el tema de estas criaturas de la noche llamadas vampiros.
Es cierto que esta vez la temática que vengo a presentar es muy diferente a las anteriores que ya me he escrito, ya que mis historias, como ya saben, son más de hablar del mundo realista, pero nunca está de más salir de la rutina y explorar otros horizontes.
Como ya saben, esta historia hablará de vampiros, y en este caso estará enfocada principalmente en un niño humano y un niño vampiro, donde tendrán que demostrar que su vínculo es más fuerte que cualquier cosa porque situaciones fuertes y dolorosas se les vendrán encima, y más adelante se darán cuenta de que los une algo mucho más que un simple vínculo, algo que sin duda escapa de su imaginación.
Bueno, creo que ya dije demasiado, así que los dejo entonces que se sumerjan en el mundo de Albor, donde se desarrollarán los acontecimientos de esta historia. Que lo disfruten.
ACTO I – Ecos del pasado (Cap 1-6)
Narrador omnisciente.
El tren avanzaba con un traqueteo constante, como un latido metálico que no sabía detenerse. Matías no apartaba la mirada de la ventana; afuera, el paisaje había cambiado hacía horas. Los tonos grises y apagados de su tierra atrás habían quedado atrás, reemplazados por colinas suaves, campos abiertos y un cielo más claro... pero eso no hacía que se sintiera mejor, nada lo hacía.
Sus dedos sostenían con fuerza la tela desgastada de su chaqueta, como si soltarla significara perder algo más, algo que ya no podía nombrar.
Isabel: —Mati... —La voz de su madre fue suave, pero cansada—. Ya casi llegamos. —Él no respondió, siguió mirando; los árboles pasaban como sombras tranquilas, nada ardía, nada gritaba, nadie corría. Era... extraño.
Su padre, sentado frente a él, tenía los brazos cruzados. Miraba al suelo, con el ceño fruncido, como si incluso en ese lugar seguro siguiera esperando que algo saliera mal; siempre era así ahora.
Tomás: —Recuerda —dijo de pronto, sin mirarlo—. Aquí hablamos en español. —Mati asintió apenas.
Mati: —Sí, papá... —Hizo una pausa, dudó un segundo, como si las palabras tuvieran peso. —Ja... ich weiß (Sí, lo sé) ... —Murmuró en voz baja, casi sin darse cuenta.
Su madre lo miró con una tristeza suave, pero no dijo nada. El tren comenzó a disminuir la velocidad, un chirrido largo, como si protestara por detenerse, y entonces, la voz del altavoz: Próxima parada... Albor.
Mati sintió algo en el pecho; no era emoción, no era miedo, era... vacío.
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Cuando bajaron del tren, el aire era distinto, más tibio, más... vivo, pero también había algo raro. Las personas caminaban despacio, hablaban en voz baja, nadie reía fuerte, nadie corría; era como si toda la ciudad estuviera conteniendo la respiración. Matías se aferró inconscientemente a la manga de su madre.
Isabel: —¿Te gusta? —preguntó, intentando sonreír. Él miró alrededor: calles de piedra, casas antiguas, un campanario a lo lejos, el viento moviendo suavemente los árboles y, sin embargo...
Mati: —Está... callado —respondió. Su padre soltó una risa seca.
Tomás: —Mejor así. —Pero no sonó convencido.
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Caminaron por las calles con sus pocas pertenencias, una maleta, una bolsa y todo lo que no se podía ver. Algunas personas los miraban, no con curiosidad, con... algo más, como si supieran que no eran de ahí, como si pudieran sentirlo. Mati bajó la mirada.
Tomás: —No mires tanto... —Murmuró su padre—. Compórtate normal. —Normal. La palabra le pareció lejana.
La casa estaba al borde del pueblo, cerca del bosque, demasiado cerca. Mati lo vio antes de entrar, un mar de árboles oscuros, densos... inmóviles; el viento no los movía igual, parecían... observar.
Tomás: —No te acerques ahí —dijo su padre de inmediato, firme, sin necesidad de explicación—. Nunca. —Mati asintió, pero no dejó de mirar; algo en ese lugar... lo llamaba.
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Desde una ventana cercana, alguien también observaba; una figura encorvada, apenas visible entre las cortinas, se trataba de doña Lidia. Sus ojos, viejos pero atentos, se posaron directamente en el niño, no en los padres, o en la casa, sino en él y, por un instante... su expresión cambió, como si reconociera algo, como si el pasado... acabara de regresar.
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Mati dio un paso dentro de la casa, la puerta se cerró detrás de él con un sonido seco y en ese momento... sin saber por qué... sintió que algo había empezado, algo que no entendía, algo que no podría detener.