
Narrador omnisciente.
El techo de la habitación en Albor permanecía inmóvil, demasiado quieto. Mati no lograba dormir; el viento rozaba la ventana con un susurro leve... casi inexistente, pero en su mente... el sonido era otro, un silbido, agudo, cortante, lejano... y cada vez más cercano.
Flashback
Sus ojos se abrieron de golpe, pero ya no estaba en España, estaba allí otra vez; las calles eran distintas, más estrechas, más frías. Los edificios altos proyectaban sombras largas bajo un cielo gris, cubierto por humo; estaba en Alemania, su hogar o lo que quedaba de él.
Isabel: —Mati! ¡Komm schnell! (¡Mati! ¡Ven rápido!) —La voz de su madre rompió el aire. Mati giró la cabeza; Isabel estaba en la puerta, con el rostro pálido, los ojos abiertos por el miedo. No era la madre tranquila que intentaba sonreír en Albor; era otra, una que temblaba.
Mati: —Was ist los? (¿Qué pasa?) —preguntó, confundido, pero no hubo respuesta, solo el sonido, ese sonido, un fuerte silbido, más fuerte ahora, más cerca. El padre apareció desde el pasillo.
Tomás: —Runter! Jetzt! (¡Abajo! ¡Ahora!) —Su voz no era una orden común, era urgencia, era supervivencia. Tomás tomó a Matías del brazo, fuerte, demasiado fuerte. —Nicht stehen bleiben! (¡No te detengas!) —Bajaron las escaleras casi a tropiezos, cada paso retumbaba como un golpe seco y entonces... la explosión.
El mundo tembló, las paredes crujieron, el polvo cayó del techo como una lluvia gris. Mati gritó... pero no escuchó su propia voz; todo era ruido, todo era caos.
Mati: —Papá... —Intentó decir, pero el aire estaba lleno de humo, no podía respirar bien, sus ojos ardían.
Fueron empujados hacia el refugio subterráneo, un espacio pequeño, oscuro, lleno de gente, demasiada gente.
Hombre: —Mach die Tür zu! (¡Cierra la puerta!) —gritó alguien.
Hombre 2: —Wir sind noch nicht alle hier! (¡Aún no estamos todos!)
Hombre 3: —Es ist zu spät! (¡Es demasiado tarde!) —La puerta se cerró de golpe, el sonido metálico resonó como una sentencia.
Mati se aferró a su madre; su corazón latía tan fuerte que parecía romperle el pecho.
Mati: —Ich fürchte... (Tengo miedo...) —Isabel lo abrazó con fuerza.
Isabel: —Ich weiß, mein Schatz... ich weiß... (Lo sé, mi amor... lo sé...) —Pero su voz... también temblaba.
Otra explosión, más cerca; el refugio vibró, alguien gritó, otro rezaba, un niño lloraba desconsoladamente. Mati cerró los ojos, con fuerza, como si eso pudiera detenerlo todo, como si al abrirlos... todo volviera a ser normal, pero no lo era.
Mati: —Warum passiert das? (¿Por qué está pasando esto?) —susurró, con la voz rota. —Nadie respondió, nadie tenía una respuesta.
El silencio que siguió fue peor que el ruido. Porque no significaba calma, significaba... espera y entonces... desde arriba... un sonido distinto, no explosión, no sirena, algo cayendo, rompiéndose y un grito, lejano, desgarrador. Mati abrió los ojos, miró a su padre.
Mati: —Was war das...? (¿Qué fue eso...?) —Tomás no respondió, pero su mirada... lo dijo todo; arriba... el mundo... seguía ardiendo.
El niño apretó la chaqueta entre sus dedos; su respiración era corta, irregular y en su mente... una idea comenzó a formarse, pequeña, confusa, pero imposible de ignorar. El mundo no era seguro, nunca lo había sido y esa noche... lo entendería por completo.
El silencio en el refugio no duró para siempre, nunca lo hacía; un golpe seco resonó desde arriba, luego otro y otro más.
Hombre: —Wir müssen raus... (Tenemos que salir...) —murmuró una voz entre la multitud.
Hombre 2: —Nein! Es ist noch nicht sicher! (¡No! ¡Aún no es seguro!) —Las voces se mezclaban, tensas, desesperadas. Mati no entendía todo... pero entendía lo suficiente; nadie sabía qué hacer.
Tomás levantó la cabeza, atento, escuchando, midiendo cada sonido, como si su vida dependiera de ello y, quizás... así era.
Tomás: —Nos vamos —dijo finalmente, en voz baja pero firme. Isabel lo miró, sorprendida.
Isabel: —¿Estás seguro? —Él negó levemente.
Tomás: —No... pero quedarnos aquí tampoco lo es. Mati apretó la mano de su madre con fuerza.
Mati: —Ich will nicht raus... (No quiero salir...) —Isabel se agachó frente a él, tomando su rostro con suavidad.
Isabel: —Wir gehen zusammen... ja? (Vamos juntos... —¿Sí? —El niño asintió, aunque su cuerpo temblaba.
La puerta del refugio se abrió lentamente; el chirrido fue largo... doloroso... como si el mundo mismo protestara. El aire de afuera golpeó primero, frío, pesado, lleno de humo. Mati salió tomado de la mano de su padre y entonces... lo vio. El cielo no era cielo, era gris... negro... naranja, ardía. Las calles... ya no eran calles, eran restos, piedras rotas, vidrios esparcidos, madera consumida.