Mati y el niño de la niebla.

Capítulo 8

Narrador omnisciente.

El bosque parecía más silencioso de lo normal. Las hojas apenas se movían, como si el viento también estuviera conteniendo la respiración. Mati observaba a Elián con una inquietud que no lograba esconder; había algo distinto en él... algo que no estaba esa mañana, ni el día anterior.

Mati: —Elián... —murmuró, frunciendo ligeramente el ceño—. —¿Qué pasa? —Elián no respondió de inmediato. Sus ojos, usualmente tranquilos, estaban cargados de una seriedad que no correspondía a un niño. Luego, con voz baja, casi temblorosa.

Elián: —Acércate, Mati. —Mati no dudó. Dio un paso al frente, luego otro, hasta quedar lo suficientemente cerca como para sentir el frío extraño que siempre rodeaba a Elián... pero que ahora parecía más intenso. Elián bajó la mirada un instante. —Hay algo importante que tienes que saber —dijo finalmente—. Y... no te culparé si quieres salir corriendo después de oírlo. —El corazón de Mati dio un pequeño salto.

Mati: —¿Por qué dices eso...? —Elián alzó la vista. Su expresión cambió, se volvió seria, decidida.

Elián: —Ahora lo verás. —Y entonces ocurrió. Sus labios se entreabrieron... y de entre ellos emergieron dos colmillos afilados, brillando levemente bajo la luz tenue que se filtraba entre los árboles.

El mundo de Mati se detuvo, sus ojos se abrieron de golpe, dio un paso hacia atrás, respirando rápido.

Mati: —¿Q-qué...? —balbuceó—. ¿Qué es eso, Elián...? —Elián no se movió, solo lo miró... con una tristeza silenciosa.

Elián: —Significa exactamente lo que estás viendo, Mati —respondió con voz apagada—. Este es el gran secreto de este bosque... Aquí vivimos seres de oscuridad... que ustedes los humanos llaman... vampiros. —La palabra cayó como una piedra en el pecho de Mati.

Vampiros. Había leído sobre ellos en libros en Alemania... criaturas de la noche, rápidas, peligrosas... inmortales, historias que parecían fantasía, pero ahora... estaba frente a uno y no cualquiera, Elián, su Elián.

Mati: —¿Vas... vas a lastimarme...? —preguntó con un hilo de voz. Elián negó de inmediato, con firmeza.

Elián: —No, nunca, jamás te haría daño, Mati. —Pero su mirada se ensombreció. —Pero los otros... ellos no son como yo. Si te quedas... podrían lastimarte y mucho. —Un silencio pesado cayó entre ambos. —Así que... si quieres huir para salvar tu vida... hazlo —añadió, bajando la mirada—. Lo entenderé. —Sus manos se cerraron en puños. —Pero, aunque sea un vampiro... quiero que sepas algo. Todo el tiempo que pasamos juntos... fue real para mí. —El corazón de Mati empezó a latir con fuerza; algo dentro de él... se negó, se negó a tener miedo, se negó a huir, se negó a perderlo.

Mati: —No. —Elián levantó la vista, sorprendido. —No me iré a ningún lado —dijo con una firmeza que ni él sabía que tenía.

Elián: —Pero escuchaste lo que te dije... —insistió—. Soy un vampiro, aquí estás en peligro. —Mati negó con la cabeza.

Mati: —No me importa. —Elián parpadeó, incrédulo. —Tú lo dijiste... nunca me harías daño —continuó, dando un paso hacia él otra vez—. Y yo te creo. —Sus ojos brillaban con una certeza pura. —Además... sé que me protegerías de quien sea, ¿verdad? —Algo dentro de Elián... se rompió o tal vez... volvió a latir.

Por primera vez en años, su corazón muerto... sintió, sintió calor, sintió vida, sintió a Mati y entonces lo entendió: ese niño humano... no era casualidad, había llegado para cambiarlo todo y no lo dejaría ir, aunque eso significara... su condena.

El peso de la verdad desapareció lentamente, como niebla disolviéndose al amanecer y como si nada hubiera pasado... volvieron a jugar, corriendo entre los árboles, riendo.

Dos niños, uno humano, uno vampiro. Pero en ese momento... simplemente dos almas felices de estar juntas.

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El día siguiente trajo consigo una normalidad inquietante. En el patio de la escuela, Mati jugaba con Omarcito y Lucía, tratando de olvidar lo ocurrido... aunque una parte de él no dejaba de pensar en Elián. En eso, una voz firme interrumpió.

Asistente: —Mati, la directora quiere verte. El niño se quedó quieto.

Mati: —¿A mí? —Un asistente asintió.

Desde lejos, Luisito observaba la escena con una sonrisa mal disimulada; cruzado de brazos, esperaba, esperaba que lo expulsaran, que todo saliera como quería.

Mati, confundido, caminó hacia la oficina. Al entrar... sintió el frío, no físico, uno distinto. La oficina de la directora Moreira estaba impecable... rígida... sin vida. Ella hojeaba un expediente con expresión severa.

Directora Moreira: —Siéntate. —Mati obedeció. —Según varios estudiantes... has sido visto hablando con... "El niño de la niebla". —El silencio se instaló. Mati no respondió. —No toleraremos delirios ni amistades imaginarias, Mati —continuó la directora, sin mirarlo directamente—. Esta escuela forma ciudadanos... no inadaptados. —Mati apretó ligeramente los puños. Luego alzó la cabeza y algo dentro de él... cambió.



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En el texto hay: vampiros, elián, mati

Editado: 01.11.2026

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