
Narra Mati.
Mi corazón latía con fuerza, demasiada fuerza. Mi padre, Tomás, me miraba fijamente desde la puerta, mientras yo intentaba esconder torpemente la nota detrás de mi espalda.
Tomás: —¿Qué estás escondiendo? —preguntó con sospecha. Yo abrí la boca... pero ninguna palabra salió; el tiempo pareció congelarse, cuando de repente.
Julia: —Tranquilo, Tomás —intervino una voz desde el pasillo. Era mi tía Julia. Apareció apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa tranquila. —Seguro que son cosas del colegio, ¿no es así, sobrino? —Yo reaccioné de inmediato.
Mati: —¡S-sí! —asentí rápido—. Solo... tareas. —Cuando me di cuenta de cómo mi tía me estaba mirando, entendí algo: me estaba ayudando y gracias a eso mi secreto está a salvo. Mi padre suspiró, relajando los hombros.
Tomás: —Está bien... —dijo finalmente—. Solo vine a avisarte que la comida está lista. —Yo asentí.
Mati: —Ya bajo. —Cuando mi padre se fue, mi tía me lanzó una última mirada cómplice antes de cerrar la puerta y entonces... el silencio volvió. Yo dejé escapar el aire que había estado conteniendo. —Uf... Me dejé caer sobre la cama. —Por poco, por muy poco me descubren. Apreté la nota entre mis manos. —Tengo que ir... y esta vez... más que nunca.
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Narrador omnisciente.
La noche cayó como un manto sobre Albor y con ella... el bosque despertó. Mati avanzó entre la niebla, sintiendo cómo el frío ya no le resultaba extraño; sus pasos eran firmes, guiados por algo más que costumbre, era confianza, era Elián y, como siempre... ahí estaba, esperándolo, de pie entre las sombras suaves del bosque.
Elián: —Viniste —dijo, con una leve sonrisa.
Mati: —Siempre vengo —respondió, pero esta vez... algo era distinto. Elián no jugó, no rio, solo lo miró.
Elián: —Sígueme. —Mati no preguntó, solo lo siguió.
Caminaron en silencio hasta llegar al claro de las luciérnagas; la luz dorada los envolvió, creando un pequeño refugio en medio de la oscuridad. Mati observó el lugar... pero pronto volvió la mirada a Elián.
Mati: —¿Qué era eso tan importante que querías decirme? —Elián bajó la mirada, sus manos se cerraron ligeramente.
Elián: —Quiero... contarte algo. —Su voz era distinta, más profunda, más pesada. —Sobre mi pasado. —Mati se quedó quieto, entendió de inmediato; no era cualquier historia, era algo... que dolía.
Mati: —Está bien —dijo con suavidad—. Puedes contarme. —Elián respiró hondo, como si llevara siglos guardando esas palabras y tal vez... así era.
Elián: —Hace mucho tiempo... —Empezó, con la mirada perdida en las luciérnagas—. Antes de que este lugar fuera lo que es ahora. —Su voz se volvió lejana, como un eco de otra vida. —Albor no era un pueblo... era una villa pequeña, de cazadores. —Mati escuchaba en silencio, atento. —Pero entonces... llegó una plaga. —El aire pareció enfriarse aún más. —Una enfermedad que arrasó con todo, nadie sabía de dónde venía... ni cómo detenerla. —Las luces a su alrededor titilaron suavemente. —La gente moría... uno tras otro, familias enteras desaparecían. —Mati tragó saliva.
Mati: —¿Y qué hicieron...? —Elián cerró los ojos un instante.
Elián: —Desesperarse. —Abrió los ojos lentamente. —Hasta que... aparecieron ellos. —Un leve cambio cruzó su rostro. —Criaturas de la noche. —El silencio se volvió absoluto. —Vampiros. —Mati sintió un escalofrío. —Ofrecieron un trato —continuó—. Protegerían a los humanos de la plaga... los mantendrían a salvo... pero a cambio... pidieron algo. —Mati ya intuía la respuesta; aun así, preguntó en voz baja.
Mati: —¿Qué...? —Elián lo miró directamente.
Elián: —Sangre. —Las palabras cayeron pesadas entre ambos. —Los humanos... aceptaron. —Mati bajó la mirada. —Sellaron un pacto —continuó—. Uno sagrado, los vampiros vivirían en el bosque... sin cruzar sus límites. —La niebla pareció arremolinarse suavemente a su alrededor. —Y a cambio... los humanos les darían alimento. —Su voz se volvió más tenue. —Prisioneros... enfermos... o voluntarios. —Mati apretó las manos.
Mati: —Eso es horrible. —Elián no respondió de inmediato, solo miró hacia la oscuridad del bosque.
Elián: —Era supervivencia —dijo finalmente—. Para ambos. —El silencio volvió, pero esta vez... era más pesado, más profundo, como si la historia recién comenzara... y lo peor... aún no hubiera sido contado.
Flashback
El cielo sobre Albor estaba cubierto por nubes grises; la nieve caía lentamente, cubriendo los techos de madera de una pequeña villa de cazadores. Las chimeneas apenas lograban calentar los hogares... y dentro de ellos, el miedo crecía.
Un hombre tosía con violencia, arrodillado sobre el suelo; su esposa lo sostenía, llorando.