Mati y el niño de la niebla.

Capítulo 10

Narrador omnisciente.

El amanecer llegó a Albor con una calma engañosa. La luz del sol atravesaba las cortinas de la habitación de Mati, iluminando suavemente su rostro, pero él no dormía profundamente; se movía inquieto, sombras, niebla, una voz.

"Dos almas puras"

Sus ojos se abrieron de golpe.

Mati: —Elián. —Se incorporó lentamente, llevando una mano a su pecho. Su corazón latía con fuerza... pero no de miedo, era algo distinto, algo que aún no sabía nombrar.

Miró hacia la ventana; el bosque estaba ahí, como siempre, pero ahora... ya no era solo un lugar misterioso, era un mundo, un secreto, un peligro y también... el lugar donde estaba él, Elián.

Mati bajó la mirada, recordando cada palabra de la noche anterior, la historia... el dolor... la promesa. Apretó suavemente sus manos.

Mati: —No estás solo. —Susurró, como si él pudiera escucharlo y en ese momento, supo que algo había cambiado para siempre.

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El desayuno transcurría en un silencio extraño. Tomás leía el periódico, Julia bebía su té, observando de vez en cuando a Mati y Mati... jugaba con su pan más de lo que comía.

Tomás: —¿Dormiste bien? —preguntó su padre sin levantar la vista. Mati tardó un segundo en responder.

Mati: —Sí. —Julia alzó una ceja, notando la duda.

Julia: —¿Seguro? —Mati asintió rápido.

Mati: —Sí, tía. —Tomás dejó el periódico sobre la mesa.

Tomás: —Últimamente estás muy distraído. —El tono no era duro... pero sí atento. —¿Pasa algo en el colegio? —Mati negó con la cabeza.

Mati: —No. —Pero sus ojos lo delataron. Julia intervino con suavidad.

Julia: —Debe ser el cambio... el nuevo lugar... los amigos. —Tomás suspiró.

Tomás: —Puede ser. —Volvió a tomar el periódico, pero esta vez... su mirada no estaba en las letras, estaba pensando, observando, algo no le cuadraba.

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Ya en la escuela, Mati estaba junto a Omarcito y Lucía. Ellos hablaban de cosas simples, juegos, clases, risas, pero Mati... no estaba del todo ahí.

Lucía: —¿Mati? —Lo miró—. ¿Estás bien? —Él parpadeó.

Mati: —Sí... perdón. —Omarcito frunció el ceño.

Omarcito: —Estás bien raro el día de hoy. —Mati dudó, quería decirles, quería contarles todo, pero... no podía.

Mati: —Solo estoy cansado —respondió al final. Lucía no pareció convencida, pero no insistió.

Lucía: —Bueno... si necesitas hablar, estamos aquí. —Mati sonrió levemente.

Mati: —Gracias. —Y aunque sus palabras eran sinceras... su corazón estaba en otro lugar, en el bosque, en la niebla, en Elián.

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En el patio de la escuela, los niños jugaban como cualquier otro día, pero no todos. Desde un rincón apartado, Luisito observaba a Mati, con los brazos cruzados, con una mueca.

Luisito: —Algo tiene... —murmuró. Uno de sus amigos se acercó.

Amigo: —¿El raro? —Luisito asintió.

Luisito: —Sí... ese. —Su mirada se afiló. —Y voy a averiguar qué es. —No muy lejos de ahí... entre las sombras de un pasillo cubierto... alguien más observaba, silencioso, inmóvil, Elián, protegido del sol; sus ojos no se apartaban de Mati, pero esta vez, no solo había ternura en su mirada, también había algo más, vigilancia, protección y una sombra de decisión.

Elián: —No dejaré que te pase nada... —susurró. La noche anterior no había sido solo una confesión, había sido... un juramento. No pudo castigar a Luisito esa noche, pero ya le iba a dar una lección que nunca olvidara.

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El día avanzó, las clases pasaron, pero para Mati... el tiempo se sentía distinto, más lento, más pesado, como si algo estuviera por ocurrir, algo importante.

Al salir de la escuela, se detuvo un momento antes de irse, miró hacia el bosque a lo lejos y por un instante... le pareció ver la niebla moverse, como si lo llamara, como si lo esperara. Mati sonrió apenas.

Mati: —Nos vemos esta noche. —Susurró, sin saber... que esa noche... no sería como las demás.

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La casa estaba en silencio, todo parecía en calma, pero en la habitación de Mati... sus ojos estaban abiertos, esperando. El reloj marcaba el paso lento del tiempo, mientras la luz de la luna se colaba por la ventana. Mati se incorporó despacio, escuchó, nada.

Se levantó con cuidado, intentando no hacer ruido. Sus pasos eran suaves... casi como si el mismo bosque ya le hubiera enseñado a moverse en secreto. Se acercó a la ventana y ahí estaba, entre la niebla, Elián esperándolo.



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En el texto hay: vampiros, elián, mati

Editado: 01.11.2026

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