
Narrador omnisciente.
La mañana llegó... pero no trajo calma. Mati estaba despierto desde antes del amanecer, sentado en su cama, mirando al vacío. Las palabras de Rae no se iban.
"¿Y si te está usando?"
Cerró los ojos con fuerza.
Mati: —No. — Elián no era así, no podía serlo, pero entonces... recordó algo, el pacto, el medallón, la profecía y lo que dijeron doña Lidia y el padre Gabriel.
"Podrías ser el otro niño".
Su respiración se volvió más pesada.
Mati: —¿Y sí? —Negó rápidamente con la cabeza. —No. —Pero la duda ya estaba ahí, pequeña, silenciosa, creciendo.
Desde la esquina de la habitación... una sombra se movió apenas, Rae, invisible para cualquiera... menos para él, observando, analizando.
Rae: —Empieza a dudar... —Susurró para sí misma. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa. —Perfecto. —Se acercó un poco más, rodeándolo como un susurro. —Solo hace falta... un pequeño empujón más.
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El desayuno fue tenso, más que nunca. Tomás observaba a Mati sin disimulo. Julia, en cambio, lo hacía con preocupación, al igual que su madre Isabel.
Tomás: —No dormiste bien —dijo su padre. Mati negó levemente.
Mati: —Estoy bien.
Isabel: —No lo parece, hijo. —El silencio se instaló.
Tomás: —Anoche... —Continuó—, escuché ruido otra vez. —Mati sintió un nudo en el estómago. Julia intervino.
Julia: —Seguro fue el viento.
Isabel: —Hermana —la interrumpió—. Esto ya no es normal. —Tomás miró directamente a Mati.
Tomás: —Quiero que me digas la verdad. —Mati bajó la mirada, no podía, no ahora.
Mati: —No pasa nada. —Tomás suspiró, frustrado.
Tomás: —Eso es lo que más me preocupa. —Se levantó de la mesa. —Porque sé que no es cierto. —Se fue e Isabel lo siguió. El silencio que dejó fue más pesado que cualquier grito. Julia se acercó a Mati.
Julia: —Ten cuidado... —susurró. Mati asintió, pero ya no sabía... de qué debía cuidarse más.
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En otro lugar del pueblo... Luisito no había dejado de pensar; sentado frente a su cuaderno, tenía anotadas varias cosas: palabras, ideas, sospechas.
Luisito: —Alemán... —murmuró. Miró la pantalla de su celular, buscó, comparó. —No es coincidencia. —Cerró el cuaderno con decisión. —Si vienes de otro país... alguien tiene que saberlo. —Se levantó de golpe. —Profesores... registros... lo que sea. —Una sonrisa se formó en su rostro. —Esta vez... te descubrí.
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En la escuela... Mati caminaba más lento que de costumbre; su mente estaba lejos, perdida.
Lucía: —Mati. La voz de Lucía lo sacó de sus pensamientos. Él parpadeó.
Mati: —¿Sí? —Omarcito lo miró con el ceño fruncido.
Omarcito: —Otra vez estás en otro mundo. —Mati intentó sonreír.
Mati: —Lo siento. —Lucía dio un paso más cerca.
Lucía: —¿Te pasa algo? —Mati dudó, quería decirles, pero no podía.
Mati: —No... solo estoy cansado. —Omarcito cruzó los brazos.
Omarcito: —No nos mientas. —Mati levantó la mirada. Lucía suavizó el tono.
Lucía: —No tienes que contarnos todo... pero no estás solo. —Esas palabras... le dolieron, porque sabía que era verdad, pero también... que no podía compartirlo.
Mati: —Gracias... —murmuró. —Y aunque no habló, por primera vez en ese día... se sintió un poco menos solo.
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Desde la distancia, oculto entre sombras que nadie más percibía, Nivak observaba; sus ojos no se apartaban de Mati.
Nivak: —La influencia ya comenzó. —Su expresión se endureció levemente. —Rae. —Podía sentir su presencia, sutil, peligrosa. —No dejaré que lo corrompas. —Su mirada se suavizó apenas. —Aún no. —Y desapareció nuevamente, pero no se fue, solo se acercó más.
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Las clases pasaban, las voces sonaban lejanas, todo se sentía... extraño. Mati miraba por la ventana, hacia el bosque, y por primera vez... no sintió solo calma al verlo, sintió... duda, recordó a Elián, su sonrisa, sus palabras, su promesa, pero también... la voz de Rae.
"¿Y si te está usando?"
Mati apretó los puños.
Mati: —Esta noche. —Susurró para sí mismo. —Tengo que saber la verdad.