
Narrador omnisciente.
El refugio de sombras permanecía en silencio, pero no era un silencio tenso ni amenazante, era uno distinto, más profundo... introspectivo. Las sombras cubrían las paredes como un manto inmóvil, mientras la oscuridad envolvía cada rincón del lugar; allí no existía la luz del día, aunque en ese momento tampoco hacía falta.
Dentro de Elián ya no quedaba claridad, solo preguntas que giraban sin descanso dentro de su mente. Sentado en medio de aquella penumbra, mantenía la mirada perdida, como si intentara encontrar respuestas entre las sombras. Finalmente habló, casi en un murmullo.
Elián: —No deja de dar vueltas en mi cabeza.
Nivak, apoyado contra una columna cubierta de oscuridad viva, permaneció en silencio por unos segundos; sabía que aquella frase no llegaba sola, había algo más detrás de esas palabras. —Elián respiró hondo antes de continuar.
Elián: —Todo esto... Vladra... Geth... Rae. —Hizo una pausa breve, como si decir el siguiente nombre le pesara más que todo lo anterior. —Yo. —El silencio volvió a extenderse entre ambos. Elián levantó lentamente la mirada hacia él. —Pero hay algo que aún no termino de entender y es ¿por qué? —Nivak lo observó sin moverse.
Nivak: —¿A qué te refieres?
Elián: —Sabes muy bien a qué me estoy refiriendo. ¿Por qué nos ayudas? —Las palabras quedaron suspendidas en el aire, simples, directas, pero cargadas de algo mucho más grande. —Tú eres como ellos —continuó—. Eres un vampiro. Viviste lo mismo, sabes lo que quieren. —Sus manos se tensaron ligeramente. —Entonces... ¿Por qué no estás con ellos? Porque tiene que haber un buen motivo detrás de todo aquello. —Esta vez el silencio fue más largo, más pesado. Nivak desvió apenas la mirada, como si aquella pregunta hubiera perseguido su existencia durante siglos. Finalmente respondió.
Nivak: —Porque no creo en lo mismo. —Elián frunció el ceño.
Elián: —¿Y qué es lo que ellos creen? —Nivak soltó un suspiro lento antes de hablar.
Nivak: —Que la eternidad justifica todo. —Sus palabras fueron suaves, pero había una firmeza absoluta en ellas. —Creen que el poder está por encima de cualquier cosa, que todo lo que perdimos puede recuperarse a la fuerza. —Sus ojos se oscurecieron levemente. —Y que los humanos... son herramientas. —El silencio regresó una vez más. Elián bajó la mirada.
Elián: —Eso no es cierto, porque... Mati no es eso, y jamás lo será, mucho menos para mí.
Nivak: —Lo sé. —La respuesta de Nivak fue inmediata, sin duda, sin vacilación y en su voz había algo más que certeza, había convicción. Elián volvió a mirarlo.
Elián: —Entonces... ¿Por qué tú sí lo ves diferente? ¿Qué razón puede haber para que tú, siendo un vampiro, lo veas de otra manera? —Nivak no respondió enseguida, se apartó lentamente de la pared y comenzó a caminar despacio por el refugio. Las sombras parecían seguirlo, deslizándose junto a él como si fueran parte de su propia historia.
Nivak: —Porque yo ya vi lo que pasa... cuando cruzas esa línea. —Se detuvo unos pasos más adelante. —Vladra no siempre fue así. —Aquellas palabras sorprendieron a Elián. La voz de Nivak cambió ligeramente, más baja, más lejana, como si estuviera hablando desde un recuerdo enterrado hacía siglos. —Hace mucho tiempo... éramos distintos, no aliados exactamente... pero tampoco enemigos. —Las sombras alrededor de ambos parecieron estremecerse suavemente, como si también recordaran. —Había reglas, límites, no todos estábamos de acuerdo con cómo sobrevivíamos... pero existía un equilibrio. —El silencio se volvió pesado. —Hasta que dejó de ser suficiente. —Nivak cerró los ojos un instante. —Para ella... nunca fue suficiente. —No pronunció el nombre, pero no hacía falta. Vladra estaba presente en cada palabra. —Quería más. Siempre más, más poder, más control, más dominio sobre lo que éramos. —Elián apretó los puños.
Elián: —Y los demás la siguieron.
Nivak: —Algunos. —Hubo otra pausa. —Otros... no. —Elián inclinó apenas la cabeza.
Elián: —Déjame adivinar, tú fuiste uno de ellos, ¿no es así?
Nivak: —Exactamente. —Luego añadió, con una sombra de dolor atravesándole la mirada. —Y no fui el único. —Por primera vez, Elián notó algo distinto en él, algo que iba más allá del cansancio o la dureza; era dolor, un dolor antiguo. —Había alguien más. —El silencio se volvió todavía más pesado. Elián no dijo nada, pero lo sintió. —Alguien que entendía que aún quedaba algo de lo que fuimos, que no todo estaba perdido. —Las sombras se movieron apenas alrededor de Nivak. —Y por un tiempo... creí que tenía razón. —Elián guardó silencio, no interrumpió, porque entendió que aquella historia todavía no había terminado.
El refugio quedó completamente inmóvil, pero ahora el silencio ya no era vacío, era memoria. Nivak permaneció quieto, mirando hacia algún punto inexistente en la oscuridad.
Nivak: —Su nombre era Kael. —El nombre quedó suspendido en el ambiente. —Era como nosotros... pero también distinto; no creía en la dominación, no creía en usar a los humanos. —Sus ojos se suavizaron apenas. —Creía que aún podíamos elegir. —El aire pareció volverse más denso alrededor de ellos. —Fue el primero en decirlo en voz alta, el primero en enfrentarse a Vladra. —Elián frunció levemente el ceño.