
ACTO IV – Ruptura (Cap 19-24)
Narrador omnisciente.
La noche cayó sobre Albor y, con ella, el destino finalmente comenzó a cumplirse. El automóvil avanzaba por el camino oscuro a una velocidad demasiado alta; las luces delanteras apenas lograban atravesar la niebla que se extendía entre los árboles, mientras el sonido del motor rompía el silencio inquietante de la carretera vacía.
Tomás mantenía ambas manos aferradas al volante; sus nudillos estaban tensos y su mirada fija al frente.
Tomás: —No mires atrás... —dijo con la voz rígida, intentando mantenerse firme.
Dentro del vehículo, el miedo era casi palpable; Isabel sostenía la mano de Mati con fuerza, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento. Julia observaba por la ventana con nerviosismo, incapaz de quedarse quieta. Nadie hablaba, pero todos sentían lo mismo: miedo.
Mati tragó saliva lentamente; tenía el pecho apretado y una sensación horrible creciendo dentro de él.
Mati: —Papá. —Tomás no respondió. —Papá... —insistió, con la voz temblorosa—. No creo que... —El automóvil se detuvo de golpe; el frenazo rompió el silencio de manera brutal. Isabel se sobresaltó.
Isabel: —¿Qué pasa...? —susurró. Tomás frunció el ceño mientras observaba el camino.
Tomás: —No lo sé. —Entonces los vieron, tres figuras inmóviles en medio de la carretera, esperando. El corazón de Mati pareció detenerse.
Mati: —No. —Sus manos comenzaron a temblar descontroladamente. —No... no... no... —Julia se inclinó hacia adelante, intentando distinguirlos.
Julia: —¿Quiénes son? —Pero Mati ya lo sabía, lo supo desde el instante en que los vio.
Mati: —Ellos... —Su voz se quebró—. Son del bosque... —Tragó saliva con dificultad. —Son... los de la niebla... —El aire se volvió helado dentro del automóvil. Tomás abrió la puerta y salió inmediatamente.
Tomás: —¡Oigan! —Caminó hacia las figuras con decisión, intentando parecer más valiente de lo que realmente se sentía. —¡Apártense del camino! —Pero ninguno de los tres se movió. Geth apenas mostró una leve sonrisa; Rae permaneció observando en silencio, inmóvil como una sombra y en el centro... Vladra. Sus ojos se posaron directamente sobre el automóvil.
Vladra: —Ahí está. —Mati sintió que el mundo entero se cerraba sobre él.
Mati: —Vienen por mí. —susurró. Isabel lo abrazó de inmediato.
Isabel: —No te van a tocar. —Pero incluso ella sabía que no creía sus propias palabras. Tomás se detuvo frente a los vampiros y volvió a hablar con firmeza.
Tomás: —Les dije que se apartaran. —Vladra dio un paso al frente.
Vladra: —Venimos por el niño. —Dijo directa, fría, sin rodeos. Tomás apretó los dientes.
Tomás: —No sé de qué estás hablando.
Vladra: —Sí lo sabes. —La tranquilidad de su voz resultaba mucho más aterradora que un grito. —Entrégalo... y esto terminará rápido. —El silencio se volvió insoportable.
Tomás: —Ni lo sueñes —respondió—. No voy a dejar que se acerquen a mi hijo. —Vladra lo observó como si estuviera viendo algo insignificante.
Vladra: —No es una petición. —Mati abrió la puerta del automóvil desesperadamente.
Mati: —¡No! —¡Papá, no! —Pero ya era demasiado tarde. Tomás avanzó un paso más.
Tomás: —Tendrán que pasar sobre mí. —Y Vladra no dudó, todo ocurrió en un instante, un movimiento rápido, invisible. Un segundo después... el cuerpo de Tomás cayó al suelo, sus ojos quedaron abiertos, vacíos, sin vida. El mundo entero dejó de tener sentido para Mati.
Mati: —¡PAPÁ! —El grito de dolor fue inevitable, al igual que el de su madre Isabel.
Isabel: —¡TOMÁS! —Julia retrocedió horrorizada, llevándose las manos a la boca; Mati no podía respirar, no podía moverse, no podía apartar la mirada del cuerpo de su padre.
Mati: —No... no... no. —Las lágrimas comenzaron a caer mientras negaba una y otra vez con la cabeza. —Levántate... —susurró—. Por favor. —Pero Tomás no se movió, nunca volvería a hacerlo. El mundo de Mati se rompió en ese instante.
Isabel: —¿¡QUÉ HICISTE?! —gritó horrorizada. Vladra ni siquiera la miró.
Vladra: —Advertí que no se interpusieran. —Geth avanzó lentamente.
Geth: —Es hora. —Isabel intentó detenerlo.
Isabel: —¡NO! —Julia también trató de alcanzarlo, pero fue inútil. Geth sujetó a Mati con fuerza mientras el niño forcejeaba desesperadamente.
Mati: —¡SUÉLTAME! ¡SUÉLTAME!
Isabel: —¡MI HIJO! —gritaba entre lágrimas.
Julia: —¡MATI! —Julia extendía las manos intentando alcanzarlo, pero no podían acercarse. Vladra finalmente dirigió la mirada hacia ellas.