
Narrador omnisciente.
El aire en el refugio cambió de repente; no fue un ruido ni un movimiento brusco lo que alertó a los presentes, sino algo mucho más profundo. Una presencia, antigua, pesada, como si la misma oscuridad hubiera entrado en la habitación.
Maelis permanecía de pie en la entrada, serena, elegante, inmóvil, pero peligrosa. Las sombras que cubrían el refugio no la rechazaban, aunque tampoco parecían obedecerla; era algo distinto, algo inquietante, las sombras la reconocían.
Nivak no se movió al verla, aunque Elián notó cómo su postura se tensaba al instante.
Nivak: —No deberías estar aquí —dijo con frialdad. Una sonrisa tenue apareció en los labios de Maelis.
Maelis: —Y sin embargo... aquí estoy. —Elián observaba en silencio; desde que ella había aparecido, podía sentir aquella energía extraña rodeándolo todo. No era igual a la de Vladra... pero era igual de antigua, tan arriesgada. Entonces reunió toda su valentía para hablarle.
Elián: —Dijiste que tu nombre... es Maelis. —Ella giró lentamente la mirada hacia él. Lo observó durante unos segundos, analizándolo como si intentara descubrir algo oculto bajo su piel.
Maelis: —Así es. —Hubo una breve pausa. —Y tú debes ser... —Sus ojos brillaron apenas bajo la tenue luz. —El niño de la niebla. —El silencio se tensó de inmediato. Elián no respondió, pero tampoco retrocedió. A pesar del miedo que sentía, sostuvo la mirada de aquella mujer sin apartarse. Maelis asintió suavemente. —Interesante. —Nivak dio un paso al frente, colocándose ligeramente delante de Elián.
Nivak: —Y a qué viniste aquí, porque dudo mucho que hayas venido solamente a observar y decirnos quién eres.
Maelis: —Tienes toda la razón —respondió con calma—. Vine a intervenir. —Las palabras hicieron que el ambiente se volviera todavía más pesado.
Nivak: —Eso ya es un error —replicó. Maelis ladeó apenas la cabeza.
Maelis: —Depende del punto de vista. —Después de unos segundos de silencio, habló otra vez. —Vladra ya ha movido sus piezas. —Los ojos de Elián se abrieron apenas.
Elián: —Te refieres a Mati... —¿Tú sabes si está bien? —dijo con angustia. Maelis lo miró directamente, y esta vez no hubo dudas ni juegos en su voz.
Maelis: —Está vivo. —El aire regresó a los pulmones de Elián de golpe; durante un segundo sintió alivio, pero solo duró un instante. —Por ahora. —El peso volvió a caer sobre él con más fuerza que antes. Nivak mantuvo la firmeza.
Nivak: —¿Qué sabes? —Maelis comenzó a caminar lentamente hacia el interior del refugio. Las sombras parecían apartarse a su paso, como si incluso ellas dudaran en tocarla.
Maelis: —Sé más de lo que ustedes deberían saber. —Se detuvo unos pasos más adelante. —Sé lo que Vladra busca. —Sus ojos se oscurecieron levemente. —Y sé por qué no se detendrá. —El silencio se volvió absoluto.
Nivak: —Entonces habla —dijo. Maelis levantó la mirada hacia él y, por un instante, algo en su expresión cambió; ya no parecía fría ni distante, había cansancio en sus ojos. Un cansancio antiguo.
Maelis: —No soy como ella. —Las palabras fueron suaves, pero estaban cargadas de algo mucho más profundo.
Nivak: —Eso ya lo sabemos —respondió.
Maelis: —No —corrigió—. No lo saben. —La tensión aumentó nuevamente. —Porque no conocen lo que vi. —El ambiente se volvió más pesado mientras Maelis continuaba hablando. —Vladra y yo... venimos del mismo origen. —Elián prestó atención de inmediato. —Estuvimos ahí... cuando la sangre cambió todo. —Hubo una pausa breve. —Pero no todos tomamos el mismo camino. —Nivak la observó con atención.
Nivak: —Tú elegiste apartarte, como también Kael quiso hacerlo y perdió su vida al intentar enfrentarse a Vladra. —Maelis negó lentamente.
Maelis: —No fue tan, así como lo acabas de contar. —El silencio cayó otra vez. —Al principio... creí en lo mismo que ella. —Las sombras reaccionaron apenas alrededor de sus pies. —En la eternidad, en el poder, en dejar atrás lo humano. —Sus ojos perdieron fuerza por un momento, como si estuviera mirando siglos atrás. —Hasta que vi el costo real. —Elián dio un pequeño paso hacia adelante.
Elián: —¿Qué costo? —Maelis lo miró directamente.
Maelis: —Perderlo todo. —La respuesta cayó con una dureza inesperada. —No solo la vida que teníamos. —Sus ojos se oscurecieron aún más. —Sino lo que nos hacía... elegir. —Aquella palabra quedó suspendida en el aire. —Vladra no perdió eso de golpe —continuó—. Lo entregó. —Nivak frunció el ceño.
Nivak: —¿A qué te refieres? —Ella tardó unos segundos en responder. Caminó lentamente por el refugio, como si cada paso la acercara a un recuerdo que prefería no tocar.
Maelis: —Hubo un momento... en que aún podía detenerse. —Su voz bajó ligeramente. —Pero eligió avanzar. —Elián sintió un escalofrío recorrerle la espalda.