Mati y el niño de la niebla.

Capítulo 21 (Recta final)

Narrador omnisciente.

La noche en Albor no era una noche cualquiera; el viento arrastraba susurros entre los árboles, como si el bosque mismo supiera que algo estaba a punto de romperse... o de comenzar.

En el refugio oculto bajo tierra, iluminado apenas por velas consumidas y símbolos antiguos grabados en piedra, tres figuras permanecían reunidas alrededor de una mesa; el ambiente era tenso, pesado, cargado de una ansiedad que nadie mencionaba en voz alta.

Nivak observaba el mapa extendido frente a él; sus ojos recorrían cada trazo con precisión casi quirúrgica, como si intentara anticipar cada posible error antes de que ocurriera.

Nivak: —No podemos entrar por el frente —murmuró con voz grave—. Vladra ya sabe que nos estamos moviendo. —Elián apretó los puños, su mirada permanecía fija sobre el mapa, pero por dentro todo en él ardía; la idea de Mati atrapado en aquel lugar le quemaba el pecho.

Elián: —No me importa cómo —respondió con firmeza—. Vamos a sacarlo.

A un lado de la mesa, Maelis permanecía en silencio, observando a ambos con una calma inquietante; su expresión era serena, pero sus ojos dejaban entrever que estaba calculando mucho más de lo que decía.

Maelis: —Importa —intervino finalmente—. Si fallamos... no habrá segunda oportunidad. —El silencio cayó sobre la sala como una losa; Nivak señaló un punto específico del mapa.

Nivak: —Aquí, una entrada secundaria, antigua... casi olvidada, pero protegida.

Elián: —¿Qué tipo de protección? —Maelis levantó lentamente la mirada.

Maelis: —Magia de sangre. —Elián tragó saliva apenas un instante antes de responder.

Elián: —Entonces entremos rompiéndola. —Maelis negó suavemente.

Maelis: —Si lo haces... ella lo sentirá. —Los tres sabían exactamente a quién se refería, a Vladra; incluso pronunciar su nombre parecía enfriar el aire. Nivak cruzó los brazos y respiró hondo antes de hablar.

Nivak: —Tenemos una opción, una sola. —Elián lo miró directamente.

Elián: —Dila.

Nivak: —Distracción... y precisión. Alguien entra, alguien rompe el sello y alguien se asegura de que Mati salga vivo. —Una leve sonrisa apareció en los labios de Maelis, apenas visible.

Maelis: —Entonces ya sabemos quién hará qué. —Elián frunció el ceño.

Elián: —No me voy a quedar atrás.

Maelis: —No lo harás —respondió—. Pero tampoco vas a arruinar esto por impulso. —Elián sostuvo su mirada unos segundos; quería discutir, quería lanzarse de inmediato a esa fortaleza y arrancar a Mati de allí con sus propias manos, pero sabía que Maelis tenía razón. Finalmente, asintió.

Elián: —Lo sacamos... y nos vamos. —Nivak negó lentamente.

Nivak: —No. —Elián levantó la vista, confundido.

Elián: —¿Qué? —La voz de Nivak se volvió más oscura.

Nivak: —No nos vamos, esto termina hoy. —El silencio que siguió fue distinto; era el silencio antes de la guerra.

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Mientras tanto, en lo profundo de la fortaleza de sombras, donde la luz apenas se atrevía a entrar, Mati permanecía ahí, atado, herido, pero todavía desafiante. Frente a él, Vladra lo observaba desde su enorme trono de piedra negra; su sonrisa fría parecía hecha para quebrar voluntades.

Vladra: —Sigues mirándome así... como si tuvieras alguna posibilidad. —Mati simplemente la miró con desprecio y mucho rencor. Entonces habló en alemán.

Mati: —Du bist nichts... nur ein Schatten, der Angst spielt. (No eres nada... solo una sombra que juega a dar miedo. —Los ojos de Vladra se entrecerraron.

Vladra: —Qué curioso... Incluso ahora... sigues provocándome. —Mati soltó una pequeña risa seca.

Mati: —Ich habe keine Angst vor dir. (No te tengo miedo. —Un silencio tenso se instaló entre ambos; por primera vez, la sonrisa de Vladra dejó de parecer completamente segura.

Vladra: —Veremos cuánto te dura eso. —Mati inclinó apenas la cabeza, sosteniendo su mirada sin miedo.

Mati: —Y veremos cuándo también recibirás tu merecido.

Y en ese mismo instante, muy lejos de allí, Elián levantó la mirada como si hubiera sentido algo, como si lo hubiera escuchado.

Elián: —Aguanta, Mati... muy pronto iré por ti. —Y en la oscuridad... el plan comenzó a moverse.

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La noche terminó de cerrarse sobre Albor; no había estrellas, no había sonido alguno, era como si el mundo entero hubiera contenido la respiración. Entre los árboles, tres sombras avanzaban sin hacer ruido. Elián iba al frente; sus ojos estaban encendidos por una determinación feroz. Cada paso lo acercaba más a Mati, y en ese momento no existía nada más importante que eso.



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En el texto hay: vampiros, elián, mati

Editado: 01.11.2026

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